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jueves, 15 de septiembre de 2011

Traducción: ¡CIUDADANOS UNIDOS!





El Universal 15-09-11

La Batalla de Lepanto

Batalla de Lepanto
Parte de Invasión otomana en Europa
La Battaglia di Lepanto.jpg
La batalla de Lepanto por Paolo Veronese
Fecha 7 de octubre de 1571
Lugar Golfo de Corinto
La batalla de Lepanto fue un combate naval de capital importancia que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 en el golfo de Lepanto, frente a la ciudad de Naupacto (mal llamada Lepanto), situado entre el Peloponeso y Epiro, en la Grecia continental. Se enfrentaron en ella los turcos otomanos contra una coalición cristiana, llamada Liga Santa, formada por el Reino de España, Venecia, Génova y los Estados Pontificios. Los cristianos resultaron vencedores, salvándose sólo 30 galeras turcas. Se frenó así el expansionismo turco por el Mediterráneo occidental. En esta batalla participó Miguel de Cervantes, que resultó herido, sufriendo la pérdida de movilidad de su mano izquierda, lo que valió el sobrenombre de «manco de Lepanto». Este escritor, que estaba muy orgulloso de haber combatido allí, la calificó como «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros».
Antecedentes - Antecedentes de la Liga Santa - En 1570, después de unos años de tranquilidad, los turcos inician una expansión atacando varios puertos venecianos del Mediterráneo Oriental. Atacan Chipre con 300 naves y ponen sitio a Nicosia. Venecia pide ayuda a las potencias cristianas, pero sólo el Papa Pío V les responde. El Papa consigue convencer al rey de España para que también ayude, y se forma una armada para enfrentarse a los turcos. Esta armada se reúne en el puerto de Suda, en la isla de Candia (Creta). Por parte veneciana hay 136 galeras, 11 galeazas y 14 naves, al mando de Jerónimo Zanne, Antonio de Canale y Jacobo Celsi. Las fuerzas pontificias constan de 12 galeras al mando de Marco Antonio Colonna. Felipe II aporta 50 galeras mandadas por Juan Andrea Doria (sobrino del fallecido Andrea Doria), que debía ponerse a las órdenes de Colonna. En total suman 198 galeras, 11 galeazas, un galeón, 7 naves más, con un total de 1.300 cañones y 48.000 hombres, de los que sólo 16.000 son gente de guerra. Mientras los generales cristianos discuten la forma de hacer frente a la situación, el 9 de septiembre los turcos toman Nicosia. Juan Andrea Doria, al ver que no hay acuerdo posible entre las fuerzas cristianas, decide volverse a Sicilia el 5 de octubre. En su regreso a sus bases, las fuerzas venecianas y pontificias sufren un temporal en el que se pierden 14 de las galeras venecianas. El Papa y Venecia culpan al almirante español del fracaso de la operación. Los motivos de Juan Andrea Doria para no emprender un ataque contra fuerzas turcas superiores se basaban en el mal estado de las dotaciones y del armamento de las galeras de Venecia.
La Liga Santa - La armada aliada estuvo al mando de don Juan de Austria, secundado en la armada real por Álvaro de Bazán, Luis de Requesens y Juan Andrea Doria, mientras que la veneciana iba capitaneada por Sebastián Veniero y la pontificia por Marco Antonio Colonna. Entre todos reunían más de 200 galeras, 6 galeazas y otras naves auxiliares. La escuadra turca —al mando de Alí Bajá (señor de Argel y gran marino a las órdenes del sultán turco Selim II)— contaba con 260 galeras. Ante el fracaso de esta expedición, Pío V reúne a plenipotenciarios reales y venecianos para tratar de tomar medidas efectivas contra la expansión turca por el Mediterráneo. Las discusiones se centran sobre las misiones de la Liga y la duración de la concentración de fuerzas, con posturas encontradas entre venecianos y españoles. Los primeros quieren restringir su ámbito al Mediterráneo Oriental, mientras que los españoles quieren incluir las costas del norte de África. Gracias al empeño personal del papa, el 24 de mayo de 1571 se llega a una solución de compromiso: La duración será ilimitada. Servirá tanto para atacar a Turquía como para atacar las plazas turcas del norte de África. La armada estará formada por 200 galeras, 100 naves, 50.000 infantes y 4.500 jinetes. Esta armada deberá estar preparada para entrar en acción en abril de cada año. España sufragará tres sextos de los gastos, Venecia dos sextos y la Santa Sede el sexto restante. El generalísimo de la liga será Juan de Austria, y cada nación aportará un Capitán General. Estos tres capitanes generales, reunidos en consejo, acordarán el plan anual de operaciones. Ninguna de las partes podrá ajustar tregua ni paz con el enemigo sin participación y acuerdo de las otras dos. El generalísimo no llevará estandarte propio ni de su nación, sino el especial de la Liga. Una vez aprobado el tratado, el Papa intenta que se unan al mismo Portugal, Francia y Austria, sin conseguirlo. Francia incluso pactó con los turcos. Mientras tanto, los turcos continúan con su campaña de conquista de Chipre, y forman una escuadra de 250 velas y 80.000 hombres para devastar y saquear algunos de los puertos venecianos del Adriático. El 4 de agosto, por falta de vituallas, cae Famagusta, con lo que se completa la conquista turca de Chipre.
Reunión de las escuadras - Una vez escogido el puerto de Mesina como punto de reunión, comienzan a llegar al mismo las diferentes escuadras. Los primeros son los venecianos, que llegan el 23 de julio y traen, por ahora, 48 galeras y cinco galeazas. Poco después arriban las 12 galeras del Papa bajo el mando de Colonna. Juan de Austria y Sancho de Leiva salen de Barcelona el 20 de julio con las galeras del rey. Recalan en La Spezia para recoger tropas alemanas e italianas, y llegan a Nápoles el 9 de agosto, donde el 14 recibe Juan de Austria el estandarte y las insignias de la Liga Santa, diseñados por el Papa y en el que aparecen los símbolos de las tres comandos. Arriban a Mesina el 23 de agosto. Faltan por llegar las escuadras de Álvaro de Bazán, Juan Andrea Doria, Juan de Cardona y 60 galeras venecianas. A primeros de septiembre ya está toda la flota reunida, y su composición es:
España: 90 galeras - 24 naves - 50 fragatas y bergantines.
Venecia: 6 galeazas - 106 galeras - 2 naves - 20 fragatas.
Estados Pontificios: 12 galeras - 6 fragatas.

Las galeazas eran los navíos más potentes gracias a su gran aportación artillera. Las galeras eran impulsadas por remeros profesionales o por «chusma», gente que había sido condenada, por cualquier delito, a este duro trabajo. Las piezas artilleras de toda la escuadra eran 1.250. Pese a la gran cantidad de navíos reunidos, a Juan de Austria le preocupaba el mal estado de muchos de ellos, debido a que muchas de las galeras italianas se habían construido rápidamente y otras tenían los espolones desgastados o podridos a causa de sus largas esperas en los puertos de amarre. Pese a ello se decidió que podrían aguantar. La Liga Santa logró reunir un total de 91.000 soldados, marineros y chusma. 34.000 soldados, 13.000 tripulantes y 45.000 galeotes. Por la parte real eran 20.231 los soldados, de los cuales sólo 8.160 eran nativos de la penínsual Ibèrica, italianos 8.160 y alemanes 4.987. Además se unieron 1.876 caballeros y aventureros. A causa de la escasez de gente en las galeras venecianas, Juan de Austria decide embarcar en ellas a 4.000 infantes españoles1, para reforzar su guarnición. También embarca a 500 arcabuceros españoles en cada galeaza. Al decir infantes o arcabuceros españoles se quiere decir «al servicio de España», ya que parte de ellos eran italianos o alemanes.
Salida a la mar de la flota cristiana - El 15 de septiembre salen las naves de Cesar Ávalos para esperar al resto de la flota en el Golfo de Tarento. El 16, sale el resto de la flota cristiana. En vanguardia van 8 galeras exploradoras, al mando de Juan de Cardona, general de la escuadra de Sicilia. Sus órdenes son ir 8 millas por delante del grueso de la fuerza. El resto de la fuerza va dividida en cuatro cuerpos. Su formación era la del águila, pero sin pico. El primero, que será el cuerpo derecho en combate, lo manda Juan Andrea Doria, con 54 galeras. Llevan grímpolas verdes. El segundo, que será el centro en combate, lo manda Juan de Austria, y lleva 64 galeras con grímpolas azules. El tercero, cuerpo izquierdo en combate, lo manda Agustino Barbarigo y son 53 galeras con grímpolas amarillas. Y el cuarto, que es la escuadra de socorro o de reserva en combate, lo manda Álvaro de Bazán. Está formado por 30 galeras con grímpolas blancas. Cada uno de estos cuerpos lleva dos galeazas, que en caso de combate se pondrán por delante de la formación principal. Los cuerpos están formados sin tener en cuenta la procedencia de los buques, intercalando buques venecianos, reales y pontificios. Encuentran tiempo borrascoso y vientos contrarios, lo que les impide pasar Otranto hasta el 24 de septiembre, dejando atrás a las naves de vela. Gil de Andrade, que lleva con sus galeras la exploración lejana, informa de que la flota turca se encuentra en el golfo de Lepanto, al resguardo de sus castillos. Juan de Austria decide dirigirse a Corfú, convocando consejo de guerra, ya que, al haber dejado atrás a las naves de vela, no disponen de medios de sitio para atacar los fuertes de Lepanto. Deciden embarcar seis piezas gruesas de artillería de la defensa de Corfú, y salen a la mar el 30 de septiembre. Se plantea un problema de competencias entre don Juan y los venecianos. El problema se origina en una galera veneciana, donde por defender cada uno a su gente, se enfrentan con las armas el capitán de la galera y el capitán de los soldados embarcados, resultando herido el veneciano. El almirante veneciano, Veniero, hace ahorcar al capitán de los soldados puestos por don Juan, por lo que éste convoca consejo de guerra, del cual excluye a Veniero, llamando a Barbarigo en su lugar. Juan Andrea Doria se manifiesta partidario de volverse a España y dejar solos a los venecianos, a los que considera poco de fiar, dada su experiencia anterior. Los generales al servicio del rey que hablan después de él, defienden esta postura, pero Álvaro de Bazán opina lo contrario. Dice que el hecho de que Veniero haya hecho un disparate no es motivo para tirar por la borda todo el esfuerzo hecho hasta el momento. Los que hablan después de don Álvaro apoyan su postura. Cierra el consejo don Juan, diciendo «Adelante, sigamos el parecer del marqués», y deciden salir a la mar muy de mañana, formar línea de combate a 15 millas de las bocas de Lepanto y esperar 2 horas, y, si no saliese el enemigo, disparar sus cañones y volverse.
La batalla - Preparativos de los cristianos - Estos fueron según consta en la orden general de navegación y combate dada por D. Juan de Austria, capitán general de la armada combinada de la Liga Santa o Santa Liga Cristiana, en el puerto de las Leguméniças el 9 de septiembre de 1571: Deben tener mucho cuidado los que gobiernan la Armada de mantener vivo en sus gentes el espíritu religioso «á tal que Dios nuestro Señor nos ayude en la santa y justa empresa que llevamos». También se ordena que la flota viajará con una avanzadilla 20 ó 30 millas delante de la Armada, a cargo de "Fray Pedro Justiniano, Prior de Mecina y Capitán general de las galeras de San Juan de Jerusalén, con seis galeras y dos galeotas". En la misma orden de navegación, se ordena que la 4.ª escuadra llamada "el Socorro", y que estará compuesta por 29 galeras, y «por Capitán de ella ha de ir Don Juan de Cardona, Capitán general de las galeras de Sicilia» ha de ir en retaguardia de toda la Armada recogiendo las galeras que se queden retrasadas evitando que ninguna se quede atrás. Las galeras de la escuadra el Socorro llevaban un «gallardete de tafetán blanco con un asta de pica, cuatro brazas encima del fanal». Se ordena asímismo que toda la Armada debe proveerse de abundante agua «donde se hubiere de hacer aguada», que se almacene en las galeras y que no se gaste más que para lo necesario, ya que al ser tan grande la Armada, se teme tener dificultades para conseguirla en un único punto y ordena por tanto que intenten aprovisionarse con una distancia de cinco o seis millas una escuadra de la otra y, en caso de tener por necesidad que hacerlo toda la Armada en el mismo punto, lo hará toda la Armada al mismo tiempo. La orden dice que la escuadra de vanguardia debe retrasarse a los lugares ordenados y las dos galeotas de Fray Scipion Ursino y Francisco de Mecina han de acudir al marqués de Santa Cruz a recibir órdenes. Las galeazas, según la previsión de la orden de navegación y combate de 9 de septiembre de 1571, cuando llegue el momento de la batalla se distribuirían de la siguiente manera: La galeaza Capitana y la de Andrea de Pessaro con la escuadra de batalla siendo remolcadas por ésta, y en el momento preciso se colocarían delante de la escuadra «en derecho de la Real á tiro de cañón», esperando la orden para que se sacaran fuera de la batalla. Las dos del Duque de Florencia, Capitana y Patrona irían al ritmo de la batalla y lucharían en la parte derecha (Capitana) e izquierda (Patrona) de la Real. Las galeazas de Don Ambrosio Bragadini y Jacobo Gozo irían con el cuerpo derecho de la Armada a cargo del Marqués de Santa Cruz, posicionándose para la batalla delante a la misma distancia; el Marqués se tenía que hacer cargo de remolcarlas y pasarlas delante. Las dos galeazas de Antonio ragadini y Vicencio Quirini irían en el cuerpo izquierdo a cargo del Proveedor Soranzo, encargándose el Proveedor Sorano de remolcarlas y posicionarlas para la batalla. El 30 de septiembre partió la Armada de los molinos (cerca de Corfú) y llegó a Leguminici (Albania) llamado antiguamente Epiro, un puerto con abundantes suministros. Llegó una de las fragatas que había llevado Gil de Andrade, avisando que el turco se encontraba en el puerto de Lepanto, antiguo Naupacto y que había enviado 60 navíos de remo y dos naves a Corn con enfermos para dejarlos allí. Ordenó Don Juan de Austria a los que estaban retrasados en Corfú que se dieran prisa y que pusieran orden, pues el tiempo era de suma importancia. La Armada siguió en Leguminici, incluso después de llegar Antonio Colona (los retrasados en Corfú), por el mal tiempo reinante, saliendo del puerto el miércoles 3 al amanecer, si bien llevaban preparándose para la batalla desde el día 1. Al llegar ese mismo día 3 a las 9 de la mañana al Cabo Blanco, cerca de Chafalonia, ordenó Don Juan de Austria prepararse para la batalla a toda la Armada. Don Juan personalmente fue por un lado de la Armada poniendo en orden de batalla y por la otra, el Comendador mayor de Castilla. Navegaron toda la noche hasta las 4 de la mañana y llegaron al puerto de Fiscardo en el canal de Chafalonia. Llegó ese mismo día un barco desde Candia y les contó que Famagusta había caído en manos del turco y que todos habían sido degollados. Durante los siguientes días hasta el de la batalla, fueron aproximándose al puerto de Lepanto, enviando Don Juan vigías por mar y tierra para descubrir la armada turca. El domingo, la guardia que estaba en los calces de la Real, avisó que había descubierto una vela latina, y al poco toda la Armada turca. Don Juan ordenó subir vigías a los calces y que trataran de contar. Al poco llegaron los vigías de tierra confirmando que se trataba de la armada enemiga. Mandó Don Juan disparar una pieza de artillería y otras señales previstas para avisar de la batalla. Se embarcó en una fragata con Don Luis Cardona, caballerizo mayor y con su secretario Juan Soto, y fue animando a sus soldados hablándoles de la victoria segura, pues iban a pelear por Dios, afirmando que lucharían hasta perder la vida, pues si la perdían, la ganarían. Poco antes de la batalla, se puso Don Juan de rodillas y oró a Dios pidiéndole la victoria para los suyos. Lo mismo hicieron todos los de la galera Real y del resto de la Armada. Tras esto les fue dada la absolución por los padres jesuitas y capuchinos enviados por su Santidad con el jubileo. Cuenta Don Juan que en ese momento «fue el mar aquietado de tanta bonanza, cuanta se pudo desear y forzó a la armada enemiga a plegar su velas y venir a remo», lo que permitió a la Armada cristiana ponerse en orden de batalla, especialmente el cuerpo izquierdo. Según lo acordado, el «Balsâ» disparó una pieza para pedir batalla, que fue contestada por Don Juan con otra aceptando. Tras navegar una o dos millas en dirección al «Balsâ», «mandó Don Juan segundar otra vez significando que aseguraba la batalla». A la vista de la cantidad de velas, algunos propusieron reunión del consejo de guerra, a lo que don Juan responde: «Señores, ya no es hora de deliberaciones, sino de combatir».
Preparativos de los turcos - Alí había llamado a todos sus almirantes para concentrar sus fuerzas en Lepanto. El último en llegar fue Mahomet, rey de Negroponte, con 60 galeras y 3.000 soldados. En total reunieron 210 galeras, 63 galeotas y 92.000 combatientes, de los cuales 34.000 eran soldados, 13.000 tripulaciones y 45.000 galeotes. La «chusma» estaba compuesta de prisioneros cristianos capturados en distintas batallas o asedios. Además, las piezas artilleras ascendían a 750, menos que las cristianas, aunque los arqueros llevaban flechas envenenadas y fueron muy útiles en los abordajes. Al igual que la flota cristiana, están divididos en cuatro cuerpos. Su formación era de media luna. El primero, cuerpo derecho, al mando de Mahomet Siroco, gobernador de Alejandría, formado por 54 galeras y 2 galeotas. El segundo, centro, mandado por Alí Bajá, general en jefe, con 87 galeras y 32 galeotas. El tercero, cuerpo izquierdo, lo manda el corsario Cara Hodja (Kodja) con 61 galeras y 32 galeotas. El cuarto, o escuadra de reserva o socorro, lo manda Murat Dragut, y tiene 8 galeras y 21 galeotas y fustas. Las órdenes eran terminantes. El gran señor Selim II ordenó a Alí salir a la mar en busca de los cristianos y combatirlos donde los encontrara. Cuando avistan a la flota cristiana, Pentev y Uluch Alí recomiendan retroceder y ponerse bajo la protección de los castillos, pero Alí, cumpliendo órdenes, manda atacar. A las 7 de la mañana las dos escuadras se divisan. En el lado cristiano, Barbarigo, al mando del cuerpo izquierdo, recibe órdenes de pegarse a la costa todo lo que le sea posible, para evitar que las galeras turcas lo sobrepasen y hagan una maniobra envolvente. El centro se coloca a su lado, pero el cuerpo derecho, al mando de Juan Andrea Doria, tarda en incorporarse a la formación, dejando un espacio libre entre el centro y el ala derecha. Las galeazas, fuertemente armadas y artilladas, están situadas una milla por delante de la formación cristiana. Los turcos tienen el viento en popa, pero, cuando están aproximándose, cambia el viento, lo que les obliga a emplear los remos. Al llegar las primeras galeras turcas a la altura de las galeazas, éstas abrieron un nutrido fuego de artillería y fusilería, lo que hizo que algunas naves turcas empezasen a hacer ciaboga. Alí aceleró su ritmo de boga, para así estar menos tiempo sometido al castigo, y los demás le imitaron. Pero al acelerar la boga, el cuerno derecho turco se adelantó sobre el resto de la formación, por lo que entabla el combate contra el cuerpo izquierdo cristiano. Algunas galeras turcas consiguen pasar entre las fuerzas de Barbarigo y la costa, y la galera de Barbarigo, la capitana del cuerpo izquierdo cristiano, es atacada por varias galeras turcas. Barbarigo muere en el combate de un flechazo en un ojo, y, cuando su nave está a punto de ser apresada, todas las demás galeras de su grupo acuden en su auxilio, dando la vuelta a la situación y haciendo que los turcos se retiren. Varias galeras turcas varan en la costa, y sus tripulaciones huyen por tierra. En el centro, la capitana de Alí (la Sultana) embiste, proa con proa, a la de don Juan (la Real), dejando unidas a las dos embarcaciones en una plataforma de 110 metros. Al embicar con el golpe, recibe en su cubierta todo el fuego de artillería y fusilería de que es capaz la galera de don Juan, lo que le produce muchas bajas, repuestas inmediatamente desde otras galeras. Las galeras de Colonna, Veniero, el Duque de Parma y Urbino se ponen al costado de la de don Juan, con lo que se forma una piña de galeras cristianas y turcas en las que se lucha cuerpo a cuerpo. Álvaro de Bazán, con sus naves de socorro, interviene impidiendo que otras galeras turcas puedan unirse a esa piña, y envía 200 hombres de apoyo a la galera de don Juan. Cae rendida la galera capitana turca y los cristianos se apoderan de su estandarte. La lucha duró una hora y media. Con esto, el centro de la flota turca queda deshecho, al igual que antes su flanco derecho. Alí Baja fue abatido por siete disparos de arcabuz y un soldado de los Tercios, Andrés Becerra, descolgó el estandarte otomano y un galeote cortó la cabeza de Alí ofreciéndosela a Juan de Austria. Éste la despreció con gesto de asco y ordenó que la arrojase al mar. En el ala izquierda turca, Uluch Alí ve que hay un hueco entre el centro y el ala izquierda cristianos, por lo que hace ademán de apartarse del centro turco, para que Juan Andrea Doria le siga y así aumentar la brecha. Cuando ve que ésta es suficiente, se lanza contra el costado derecho del centro cristiano, con sus 93 buques y la gente fresca, produciendo grandes daños a la capitana de Malta, a 10 galeras venecianas, a dos del Papa y a otra de Saboya. Juan de Cardona acude con 8 galeras y el de Bazán con la escuadra de reserva, consiguiendo detener el ímpetu del ataque turco, que estuvo a punto de cambiar la suerte del combate. Uluch Alí, viendo que todo el centro cristiano se dirige a atacarle y que las galeras de Doria están a punto de llegar, corta los remolques de las galeras que había apresado y consigue huir con 16 galeras. Juan de Austria sufrió una herida en un pie. Hasta la puesta del sol continúa el combate a base de escaramuzas entre galeras aisladas, y, al anunciarse mal tiempo, ordena don Juan reunirse y marchar con las presas al puerto de Petala. Al día siguiente volvieron los cristianos al campo de batalla para recoger y auxiliar a los buques desmantelados y a los náufragos.
Resultados de la batalla - En Petala los cristianos efectúan el recuento de bajas. Se contabiliza la pérdida de 12 galeras cristianas (aunque luego ascendieron a 40 por los graves daños sufridos) y de 7.600 hombres, de los que 2.000 eran españoles, 880 de la escuadra del Papa y 4700 venecianos. Hubo 14.000 heridos. Se cuentan «170 galeras y 20 galeotas de 12 bancos arriba» apresadas a los turcos, de las que sólo 130 estaban útiles, quemándose las otras 60. Se hicieron 5.000 prisioneros y se liberaron 12.000 cautivos cristianos. Se estimaron entre 25.000 y 30.000 los muertos del bando turco.
Algunas observaciones - Aunque los turcos tenían más hombres y más naves que los cristianos, las galeotas no podían oponerse a las galeras. En las galeras turcas, salvo en las 40 ó 50 galeras reales, había menos hombres de guerra que en las cristianas, gracias a la previsión de don Juan de embarcar tropas españolas en las galeras venecianas. Los cristianos usaban arcabuces, mientras que los turcos preferían las flechas. Consideraban que en el tiempo de cargar un arcabuz un arquero podía disparar treinta flechas. Pero ni los daños, ni el alcance, ni la puntería eran comparables. En Mesina, don Juan había ordenado rebajar los espolones de las galeras y cerrar las esculturas de adorno de proa, con lo que los cañones tenían más campo de tiro. Pese a la esperanza puesta en ellas, la potencia artillera de la galeazas no tuvo casi influencia en el combate, pero sirvieron para desbaratar la formación de combate turca, al adelantarse su cuerno derecho. La victoria de la batalla fue atribuida a la Virgen del Rosario, por haberse celebrado el primer domingo de octubre, fecha en la que las cofradías del Rosario, fundadas por la Orden de Predicadores a la que pertenecía el Papa San Pío V. Dicho papa, que organizó un rosario público el día de la batalla naval en la Basilica de Santa María la Mayor, estableció la fiesta de la Virgen de las Victorias el primer domingo de Octubre, que poco después, en 1573, Gregorio XIII la denominó fiesta de la Virgen del Rosario, trasladándose al 7 de octubre.
Personajes notables -
Álvaro de Bazán
Luis de Requesens
Juan de Cardona
Agostino Barbarigo
Marco Antonio Colonna
Andrea Doria
Alejandro Farnesio
Don Juan de Austria
Miguel de Cervantes, «el manco de Lepanto»

Cabrera de Córdoba describe la batalla - Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba... El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. El mar envuelto en sangre, sepulcro de muchísimos cuerpos que movían las ondas, alteradas y espumeantes de los encuentros de las galeras y horribles golpes de artillería, de las picas, armas enastadas, espadas, fuegos, espesa nube de saeta... Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos. A otros que nadando se arrimaban a las galeras para salvar la vida a costa de su libertad, y aferrando los remos, timones, cabos, con lastimosas voces pedían misericordia, de la furia de la victoria arrebatados les cortaban las manos sin piedad, sino pocos en quien tuvo fuerza la codicia, que salvó algunos turcos. Luis Cabrera de Córdoba
Referencias
En célebres palabras del inmortal Cervantes, Novelas Ejemplares, prólogo.

Bibliografía
Tomado de: http://es.wikipedia.org

Mithos & Manía


Por: @lacmon - http://lacmon.wordpress.com - Aún cuando el origen de “Mitomanía” viene del griego no son personajes de la mitología. Sin embargo, nadie podría dudar la influencia de estos en la conducta de muchos de sus personajes. Mithos y Manía trascienden su origen helénico y se hacen presentes en nuestras vidas, magnificando y disfrazando la realidad sin medir las consecuencias, ellos están presentes cuando no se es capaz de cambiar para bien una vergonzosa realidad. Así es como en un país rico, ver niños en la calle abandonados constituyen sin lugar a dudas una señal inequívoca de que algo no está bien: desde una paternidad irresponsable hasta un estado indiferente, un estado que pese a poseer los recursos ha sido y es incapaz de atender de manera eficiente las señales que se observan; en cada esquina, debajo de los puentes y por cualquier lugar de la ciudad; unos padres que de manera muy alegre engendran hijos para luego olvidarse de su existencia, un estado que no construye suficientes escuelas y las que tiene no las atiende como debe ser, en un ambiente de hambre y múltiples necesidades lo niños llegan al mundo y desde muy temprana edad son lanzados a las calle en busca de aquello que carecen en el seno en donde llegaron al mundo : cariño, afecto y alimentos para ellos y sus procreadores. En esta búsqueda encuentran alimentos, el cariño y el afecto les es más difícil, les toca enfrentarse a una sociedad hostil, un submundo en donde las normas de convivencia y las leyes son un enigma y los encargados de aplicarla son el enemigo, allí impera la ley del más fuerte, del mas sagaz, del más vil, salir ileso cada día constituye una victoria, todos los días se aprende una nueva forma de subsistencia, es allí en donde desde muy temprana edad se forman los delincuentes del mañana, poco a poco van perdiendo el respeto a la vida, ellos se juegan la suya en cada instante. Esa realidad que nadie quería ver, esa realidad que todos ignoraron a pesar de conocer su existencia, es puesta en el tapete con una gran contundencia "yo... Me prohíbo a mi mismo que haya niños en la calle. Me cambio el nombre si en un año hay niños de la calle”, indudablemente que tal afirmación tuvo una extraordinaria cobertura mediática, tal parece que el mundo se enteró en diciembre de 1998 de que en Venezuela habían niños en la calle y que un personaje no mitológico prometía que estos desaparecerían en un año, so pena de perder el nombre. Tal afirmación movió los cimientos de todos los estratos sociales, tanto de aquellos que conociendo la realidad la ignoraban como para quienes padeciéndola encontraban en tal afirmación una esperanza, es así como magnificando una promesa se logra disfrazar una realidad. Justo es decir que quienes eran niños hace 13 años hoy son adultos, de estos adultos algunos continúan en la calle ejerciendo lo que aprendieron en su niñez otros forman parte del problema de hacinamiento que se vive en las cárceles de Venezuela, otros dejaron de padecer en este mundo que poco bueno les dio y unos pocos -espero yo-, lograron rectificar su vida y le torcieron la mano al destino. Hoy son otros los niños que hacen de la calle su “hogar”, su vida, su escuela, tomando lo que les da la sociedad, arrebatando lo que se les niega. Quien se prohibió a sí mismo que en un año no habría niños en la calle no sólo cayó en desacato a su prohibición sino que sigue llevando el mismo nombre. Con la imaginación despierta y el verbo desbordado, expresa una nueva y revolucionaria afirmación, que con su contenido pretenden crear la ilusión de cambio de una realidad existente y no muy grata para sus congéneres, es así como ese sitio que ante la indiferencia de todos, en el tiempo hemos convertido en el vertedero de un variopinto de desechos, cicatriz de la vergüenza que atraviesa la capital del país, contaminado por los desechos y la desidia se convierte de repente en la inspiración, la realidad se vuelve una fantasía; aquel conductor de desechos, de aguas turbias, por arte de Mithos se convierte en una corriente de aguas limpias y cristalinas, al menos eso deja entrever la expresión ¨pronto nos bañaremos en el Güaire¨. Los titulares en los medios de comunicación: nacionales e internacionales, recogieron aquella expresión reflejándola como una promesa audaz e inspiradora para la recuperación del medio ambiente, poco a poco en el tiempo tal promesa dejo de ser noticia quedando de ella únicamente el beneficio para Mithos de haber ocupado por un tiempo los titulares, saciando así su necesidad de ser aceptado. Decir que hoy no hay niños de la calle, es tan cierto como que el Güaire es una corriente de agua pura y cristalina, después de todos estos años son otros y en mayor cantidad los niños en las calles y el único cambio que se ha generado en el Güaire es que hoy está más contaminado que antes, sin embargo y dado que en Venezuela en los últimos año se viene haciendo costumbre de que siempre exista un versión paralela de la realidad, usted no tiene por qué creer lo aquí expresado, le invito a recorrer las calles de la capital y a caminar por las orillas del Güaire, eso sí le suplico que su recorrido sea a la luz del día y por nada del mundo se le ocurra bañarse, estoy seguro que usted sacara sus propias conclusiones. Manejar una casa adecuadamente no es tarea fácil, así como no lo es el gerenciar una ciudad y es que los problemas de una ciudad son diversos como los que se generan en el seno de una familia, solo que multiplicados por tantas familias como tenga la ciudad de ahí que ser un buen padre de familia requiere de mucho esfuerzo y dedicación y si además se es gerente de una ciudad este esfuerzo es mucho mayor. Podemos entonces suponer la responsabilidad que conlleva el ser mandatario de un país, menudo compromiso, claro está para el que tiene vocación de servicio y desea servir de manera eficiente a su país, ahora bien, todo esto se complica aún más si siendo presidente te da por ser el iluminado de un continente, el sólo pensarlo, asusta. Es normal que un mandatario asuma la riendas de un país con un alto porcentaje de aceptación así mismo es de esperarse que durante los primeros dos años de gobierno este porcentaje de aceptación disminuya debido al desgaste que significa el iniciar y poner en marcha un programa de gobierno que recoja en buena medida la oferta electoral, el compromiso asumido ante los electores por el elegido, mantenerse en las encuestas dentro de un margen aceptable o no de popularidad dependerá en buena medida del éxito o el fracaso que tenga el plan en su ejecución si atiende debidamente los problemas que aquejan al elector, seguramente gozará de un alto grado de aceptación. Hasta hace poco más de un década nadie podía imaginarse una manera distinta mucho menos lograr que a pesar de ser un pésimo gobernante puede alguien lograr mantenerse en la cresta de la ola. Claro está, pocos hasta entonces explotaron el ser mártir como un instrumento de aceptación y manipulación, históricamente los mártires son santificados o glorificados después de muertos y luego de haber sufrido el martirio en vida por una causa justa empero ser “víctimas” en vida y sin haber sido afectado. ¡wow!, eso sólo lo puede lograr Mithos, en más de una veintena de oportunidades a gritado: ¡magnicidio!, ¡magnicidio!, ¡magnicidio!, al principio sus seguidores acudían al llamado; protestando, publicando pancartas, visitando embajadas, reuniéndose en torno al balcón “del pueblo”, simultáneamente el nivel de aceptación subía de manera exponencial, los problemas del país que aquejan al pueblo de momento pasaban a un segundo plano, sin embargo la gestión del gobernante siguió empeorando y los gritos de magnicidio ya no surtieron el mismo efecto, luego de tantos llamados sin que en ninguna oportunidad se presenta evidencia alguna del hecho, el pueblo se cansó y el efecto de gritar ¡magnicidio! Una y otra vez ya no podían detener la caída, de pronto el efecto de la mala gestión se reflejó en las encuestas – el nivel de aceptación ha disminuido en un porcentaje importante-, es el momento de magnificar algo, transformar una nueva realidad y como caído del cielo una catástrofe natural deja al descubierto el déficit de vivienda existente en el país y de aquella catástrofe surge una nueva ilusión, la ilusión de que toda familia lograría tener su vivienda propia, al menos esto es lo que queda de la expresión “ En 6 años construiremos dos millones de viviendas” esa fue su oferta de febrero 2010, ciertamente y pese al despliegue mediático los resultados no fueron los esperados. Los problemas del país continúan acentuándose y el pueblo ve en su gobernante al responsable, todo parece estar a la deriva, se percibe la falta de gerencia eficiente en el país y así como el déficit de vivienda salió a flote por si solo otros problemas empiezan a desbordarse, pese a los infinitos llamados de alerta efectuado por los defensores de derechos humanos en Venezuela, el problema carcelario no fue atendido oportunamente con las consecuencias que todos conocemos, de pronto las cárceles se encontraban en manos diferentes al gobierno y luego de algunos angustiosos días para los familiares de los presos, el gobierno tiene que sentarse a negociar con quienes tomaron el poder de las cárceles, el país ya está al tanto ; toda esta situación fue manejada por personal subalterno, mientras las mafias del sistema carcelario tenía en jaque al gobierno, la ausencia del primer mandatario fue notoria. Luego de esto es lo actual: un diagnóstico revelado por él, un misterio en relación con su real estado de salud, un mea culpa por los errores cometidos y esta vez da la impresión de que lograron tocar nuevamente la fibra de sus seguidores y las encuestas parecen mostrar signos de recuperación.