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miércoles, 3 de agosto de 2011

Le deseo una pronta recuperación Dr. Cova


Por: Antonio Cova Maduro - antave38@yahoo.com - Corren los primeros días de septiembre de 1996 y las últimas horas de vacaciones en la Isla de Margarita me han revelado un cansancio anormal. Es hora de volver a consultar al cardiólogo, pienso. Esto que me pasa no es normal, y por suerte mi cuerpo siempre me ha avisado cuando las cosas no van bien. La "Prueba de esfuerzo", el examen estándar para detectar cómo andan el corazón y sus ramales, termina siendo lo que los cardiólogos llaman "positivo" y que para los efectos del paciente es un "desastre". Esa inesperada constatación de que las cosas por allá adentro no andan bien, impone la realización de un cateterismo. Se produce algo que va a ser constante en mí: debo encarar -y aceptar- la peor opción que siempre concluye en la mejor solución. Los resultados del cateterismo son inequívocos: hay que operar sin vacilación y con la mayor rapidez. A ella sigue una convalecencia complicada de la cual he disfrutado del mejor recuerdo: la lectura de más de seis mil páginas que hacía tiempo esperaban por mí. Poco a poco volvió la normalidad y, sobre todo, la pérdida del miedo. Después de todo, si como me enfatizó el cirujano ("no tenga miedo, profesor, que esos by passes están muy bien agarrados y no corren el riesgo de que se despeguen"), la cosa había quedado bien, ese departamento, el cardiológico, había superado la prueba y quedaba bajo control. Con el tiempo serían otros departamentos de esa máquina maravillosa que es el asombroso cuerpo humano los que me darían dolores de cabeza. Pero del corazón, de ese yo estaba blindado. Hasta que sucedió, para mí, lo inesperado: si los originales se habían llenado, ¿qué podía garantizar que los sustitutos no repetirían la hazaña? Después de todo, la solución del by pass coronario es totalmente mecánica: si se llenaron de grasa dañina los originales, ¿qué podría preservar a los reemplazos del mismo implacable proceso? Desde finales de abril de este año se inició un proceso de exámenes clínicos que rápido condujeron a una inexorable conclusión: lo que se sabía que podía pasar, pasó. Se había vencido el tiempo de gracia que me concedió la Providencia divina y las coronarias quinceañeras se tupieron. Nunca olvidaré cómo a la conclusión del cateterismo, con toda la aprehensión posible aguardé los veinte minutos que la junta médica discutió los innegables datos que les brindaba la tecnología contemporánea. Y esos datos con gélida seguridad impusieron la decisión: la angioplastia, en mi caso, sería un pañito caliente de corta duración. ¡Había que "reintervenir"! No pude evitar, en la conversación que mantuve con el mismo cirujano de 15 años atrás, decirle, "si alguien me hubiera dicho que quince años después, estaríamos frente a frente, para proceder a lo mismo, sin vacilar le hubiera respondido: 'tú estás loco'". Al parecer, es más común de lo que uno imagina el que muchos "baypaseados", con el paso de los años deban someterse a otra intervención, para lograr lo mismo. Esto es lo que hay, como dirían los pavos, por lo menos hasta que la misma ciencia que ha hecho posible la solución "mecánica" al tapado de las coronarias, en unos cuantos años cancele esa agotada solución, y proceda a brindarnos una nueva. En esta situación no deja de asombrarme hasta dónde ha llegado la ciencia en el combate cotidiano por extender la vida; en la medida de lo posible, una que valga la pena vivir. Pero quizás más perplejidad me causa el verme inmerso en ese proceso. En efecto, como quizás nunca antes -de seguro, nunca con tanta fuerza como ahora- los humanos tenemos la posibilidad de vernos como parte integral de ese proceso. Ni yo ni nadie podemos negar que somos hijos de un tiempo... y también la medicina que nos atañe. Por ello, nuestras posibilidades siempre estarán limitadas por lo que el "estado" de los conocimientos científicos -y sus aplicaciones- pautan... y permiten. También es verdad que nunca como ahora recibimos tanta información acerca de lo que viene, de lo que en pocos años la ciencia hará posible. Ese conocimiento, sin embargo, no puede garantizarnos que cualquiera de nosotros logre beneficiarse de él. De nuevo, somos hijos de un tiempo y de las posibilidades que él brinda. Jamás fui tan dolorosamente consciente de ello como cuando me enteré que el primer by pass coronario había sido realizado en 1964, dos piches, 2 años después de que mi padre pudiese beneficiarse de tan gran innovación. Viejo -con tristeza pensé- si hubieras esperado dos años nada más. Ahora es el turno de tu hijo.
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El profesor Antonio Cova necesita 30 donantes de sangre Clínica Metropolitana Bco de Sangre Tel 985 5694

Teatro, lástima y votos


Por: Elizabeth Araujo - Para Chávez solo importan sus padecimientos, que son al fin y al cabo las heridas de la nación, las dolencias de una revolución cuyo destino estaría por extraviarse sin su presencia, porque a su alrededor lo que sobran son los extras de una pieza teatral, concebida para cosechar votos y aplausos. Con rostro castigado por la fatiga, desciende solemne de la escalerilla del avión que lo trae de vuelta. El país contiene la respiración y se paraliza. La vana complejidad de sus dolencias y del prolongado tratamiento médico ocupa otra vez el centro de la preocupación nacional. Sin dudas que Hugo Chávez está decidido a transformar los avatares de su enfermedad en un asunto público que le incremente popularidad y finalmente se traduzca en votos. Como esos sujetos que se pasean por vagones del metro exhibiendo con placentero morbo la pierna ulcerada para sensibilizar y provocar la lástima de los agobiados pasajeros hasta sacarle provecho monetario, el presidente de la república nos cuenta en una suerte de cadena informativa de qué manera su organismo ha sido bombardeado por la quimioterapia y de cómo ha podido soportar ­con Fidel, tomándole de la mano­ lo que nadie desea ni siquiera al peor de los enemigos: su heroica lucha contra el cáncer. En verdad, Chávez nos quiere volver loco, como decía el cántico oficialista que se extendió después del golpe de 2002. Está empeñado en distraer al país de los urgentes problemas que acosan al ciudadano en Caracas o en cualquier ciudad o pueblo del territorio nacional, con sólo narrar sus horas de angustias atrapadas en un aparato allá en La Habana donde tratan de detectar los residuos de células cancerosas y acabar con ellas. Para Hugo Chávez poco importa que horas más tarde de su llegada a Caracas, seis jóvenes hayan sido asesinados en La Vega en un incidente que el tecnicismo policial denomina "ajuste de cuentas" y que ese fin de semana glorioso de su retorno se cerrara en la capital con 54 homicidios. A esta misma hora, otros pacientes con cáncer y en peligro de muerte esperan impotentes por una cama vacía de algún hospital público, o que el equipo de tomografía del hospital de Coche esté dañado desde hace semanas. O que en el hospital de niños JM de los Ríos los médicos realizan ingentes esfuerzos para salvar vidas o que en el hospital Vargas se robaron los equipos de diálisis y desde hace 7 años está en construcción. A Chávez no le interesa semejantes nimiedades y por eso cuando baja la escalerillas y sus ministros, anestesiados por su arribo, dejan que sus vidas floten a la deriva, no se le ocurre preguntar "¿qué ha pasado en el país?" o "¿cuáles son las últimas novedades, Jaua?". Importan sus padecimientos, que son al fin y al cabo las heridas de la nación, las dolencias de una revolución cuyo destino estaría por extraviarse sin su presencia, porque a su alrededor lo que sobran son los extras de una pieza teatral, concebida para cosechar votos y aplausos. Al reescribir los episodios de esta nueva batalla que viene a sustituir la presentación de la memoria y cuenta de doce años de gobierno perdidos, Chávez retoma el vínculo emocional que dicen los analistas posee con los sectores más necesitados. "No saben, cuánto he debido soportar en las interminables sesiones de quimioterapia", repite el comandante, tratando de reprimir un espasmo en su garganta, como si el mismo recuerdo lo lastimara. Los ministros callan. Los cadetes se arrodillan con una reverencia exagerada y los generales y jueces aguardan que el telón descienda. La obra ha terminado.

ATENCION-Donación de medicamentos (Cancer)


Se donan 2 ciclos de tratamiento oncológico para" LINFOMA NO HODKING":
4 fcos de mabthera 100mg,
2 fcos de mabthera 500mg,
6 fcos doxorrubicina 50mg,
3 fcos ciclofosfamida 500mg,
1 fco vincristina 2mg,
1 prednisona 10tabs 50mg,
4 cajas 10 tabs ondansetron 8mg,
2 cajas 6 tabs tructum 4mg,
15 amps de ondasetron,
2 cajas emend 125-80mg,
12 amps de granocyte y neupogen 300mcg ,
9 amps ifosfamida 1g, 22 amps de mesna 400Mf,
2 amps carboplatino 450mg,
6 amps etoposido de 100mg,
5 amps onicit 0.25mg,
1 fco tramal, pastillas: paind fort, morfina!

NOTA IMPORTANTE DE LA DONADORA: Informo que se entregará el tratamiento a personas que 100% lo necesiten y con copia del informe médico, interesados comunicarse al 04127108393 y 04269113792, GRACIAS!