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jueves, 23 de junio de 2011

La oposición ante la crisis nacional


Por: Pedro Lastra - En rigor, la MUD no es un organismo político: es un ente meramente administrativo, sin poder de decisión verdaderamente ejecutivo. ¿Por qué los partidos y fuerzas democráticas se han negado a conformar un frente político de concertación nacional, capaz de responder a todos los problemas en toda circunstancia para ofrecerle al país una orientación, un rumbo, una salida y perfilarse como la única solución viable, pacífica, democrática a la grave crisis que sufrimos? La agudización de la crisis, que comienza a alcanzar dimensiones dantescas, pone de manifiesto una situación extremadamente contradictoria: quienes debieran ocuparse de resolverla hoy no pueden hacerlo pues están ocupados en resolverla mañana. Sin comprender que el poder no aguarda a ser resuelto con fecha fija en el calendario. Es un continuum, que se va desarrollando hasta poder alcanzar su perfecta resolución. Si no se resuelve hoy, no se resolverá mañana. No se trata de postular dos salidas alternativas a la crisis: la exigencia de la renuncia inmediata del presidente de la república en obediencia al cumplimiento de las normas constitucionales o la postergación de la ansiada solución postergándola hasta diciembre del 2012 de acuerdo al cronograma electoral, asimismo establecido en la Constitución. Se trata de una cuestión mucho más urgente: la necesidad de darle gobernabilidad a un país que se desbarranca por el abismo de la acefalia y la disolución. Aparecer ante el país hoy como alternativa real, inmediata, creíble para asumir el poder cuando corresponda. Esperar que ello se produzca automáticamente con el descrédito del presidente de la república y su hundimiento político arrastrado por sus monumentales errores es una nefasta ilusión. Quien así lo crea y espere la “chacumbelización” del problema del poder y la automática cosecha por parte de los sectores democráticos podría estar gravemente equivocado. También las crisis pueden estabilizarse y paralizar indefinidamente a una sociedad enferma de gravedad, como la nuestra. Puestos objetivamente de espaldas a la crisis, la dirección política de la oposición sólo se ocupa de resolver sus angustias hamletianas: ser o no ser. En la que el ser no consiste en la construcción del Poder, comprendido como un proceso permanente, sistemático y creciente de acumulación de fuerzas que lo conviertan en una realidad irrefrenable, sino en resolver la precandidatura y caminar hacia las primarias. Dejando el enfrentamiento por el Poder y el combate contra las fuerzas dominantes sumidos en el paréntesis de la esperanza. Lo cual conduce necesariamente a la dispersión y a la particularización de los quehaceres políticos. La proliferación de candidaturas sin destino es la prueba palpable. En la centroderecha hay, por lo menos, tres precandidatos en pugna: Capriles, López y Machado. Son personalidades por ahora irreconciliables. En la centroizquierda, otro tanto: Antonio Ledezma, Pablo Pérez y Manuel Rosales. Si no enemistados, por ahora lejos de un cómodo y fácil acuerdo. Y en el centro socialcristiano otros tres postulantes: César Pérez Vivas, Eduardo Fernández y Oswaldo Álvarez Paz. Recíprocamente incompatibles. En medio de este archipiélago candidatural, un outsider, Diego Arria.Todos, como es lógico, ocupados en promocionar sus candidaturas, no en enefrentar y resolver los problemas cruciales en que nos debatimos. Se cumple de este modo y sin que el principal beneficiario de esta balcanización de voluntades mueva un solo dedo y hasta apartado del ejercicio inmediato del Poder por razones aparentemente médicas, pero políticamente desconocidas, la regla primaria de toda dominación cesariana: divide et impera. Ocupados en proteger sus propios territorios y ladrarle al eventual contrincante, ninguno de esos diez candidatos puede ocuparse verdaderamente y en una instancia colectiva de coordinación nacional del único problema que nos aflige: enfrentar la acefalia y emerger hoy, no mañana, como eventual salida para asumir las riendas de la dirección del país. Poco importa, incluso, el perfil de quien termine representando las aspiraciones democráticas del país nacional. En tales condiciones, el presidente de la república puede permitirse el lujo de retirarse a sus cuarteles habaneros para ver el conflicto desde lejos, como desde una altura inmarcesible. Bonapartismo puro. Digno de un virreinato. Imposible e innecesario culpar a un organismo meramente coordinador y carente de todo poder suprapartidista como la MUD por la responsabilidad ante esta insólita acefalia opositora. No hay en ella quien pueda imponer su voz ni su voluntad: la regla de oro de su funcionamiento es su absoluta imparcialidad y su estricto apego a asuntos meramente reglamentarios. En rigor, la MUD no es un organismo político: es un ente administrativo. ¿Por qué los partidos y fuerzas democráticas se han negado a conformar un frente político de concertación nacional, capaz de responder a todos los problemas en toda circunstancia para ofrecerle al país una orientación, un rumbo, una salida y perfilarse como la única solución viable, pacífica, democrática a la grave crisis que sufrimos? De esta manera, auxiliado por la absoluta inoperancia política de las fuerzas opositoras, el presidente puede hacer con el país lo que un propietario irresponsable de una empresa en quiebra puede asumir sin costo alguno: irse de vacaciones. El único escenario político que sobrevive, el parlamento, está esterilizado. Es una mera tribuna, incluso menospreciada por los propios diputados opositores. Y de las fuerzas armadas ni hablar: están a buen recaudo en manos de quienes nos manejan a control remoto. Todo lo que hemos vivido desde que Chávez se alejara del país, desde la crisis eléctrica a la tragedia carcelaria, y que acontecen sin que resulte de ellas, aparentemente, un elemental desquiciamiento del sistema de dominación del chavismo, encuentra su explicación en esta incapacidad de la dirigencia opositora por superar su balcanización y asumir hoy, no después de las elecciones del 2012, la dirección de las fuerzas sociales opositoras para poner en jaque al régimen y empujarlo al abismo. Estamos ante un caso de inopia e inconsciencia posiblemente inédita en la historia de nuestra modernidad. La culpa por la radicalización de la crisis y la tragedia que nos amenaza tiene dos actores: gobierno y oposición. Posiblemente nuestra responsabilidad sea mayor que la de quienes la provocan. Dios proteja a Venezuela. Los venezolanos parecemos habernos auto imposibilitados de hacerlo.

José Cristóbal Hurtado de Mendoza y Montilla


En 1972, durante el primer período presidencial del abogado Rafael Caldera, la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela, pidió se decretara el 23 de junio el “Día Nacional del Abogado”, en conmemoración del natalicio de Don Cristóbal Hurtado de Mendoza. Don Cristóbal Hurtado de Mendoza, como dice Guillermo Morón “Cristóbal de Mendoza, republicanamente a secas Cristóbal Mendoza” nace en Trujillo el 23 de junio de 1772. Hombre probo y sin tacha quien consciente de su vocación de abogado, se desempeñó con austeridad, honradez y justicia. Primer Presidente de Venezuela - Cuando el Congreso Constituyente declara la Independencia el 5 de Julio de 1811, le corresponde a Cristóbal Mendoza ejercer la Presidencia de la República.Fue uno de los que firmó el Acta de la Independencia. En 1813 colabora con el Brigadier Simón Bolívar en la liberación de Venezuela. Desde Cúcuta Bolívar llama a Mendoza: “Venga Ud. Sin demora. Venga. La Patria lo necesita. Yo iré por delante conquistando y Ud. me seguirá organizando, porque Ud. es el hombre de la organización, como yo el de la conquista”. La primera mención como Libertador a Simón Bolívar está asociada a Cristóbal Mendoza. Cuando Bolívar visitó Mérida el 23 de mayo de 1813, Mendoza y el presidente del concejo municipal lo saludan con el título de Libertador. Posteriormente, en octubre, Cristóbal Mendoza, gobernador de Caracas, y el presidente del Congreso le confieren formalmente a Simón Bolívar el título de Libertador de Venezuela. En Caracas, en el año 1821 fue nombrado Presidente de la Corte Superior de Justicia del llamado Departamento de Venezuela, posición que ejerció con integridad, imparcialidad y rectitud, dotes imprescindibles en su profesión. Dura en ese cargo hasta 1825 cuando renuncia para ejercer su profesión de Abogado.

José Cristóbal Hurtado de Mendoza y Montilla,(n. 23 de junio de 1772 Trujillo, Venezuela- 8 de febrero de 1829, Caracas) fue un político venezolano, Licenciado en Artes y doctor en derecho Civil y canónico, considerado el primer gobernante de Venezuela puesto que al ser el primero en presidir el triunvirato del poder ejecutivo, establecido por el congreso de 1811, se convierte a su vez en el primer presidente de Venezuela después de la Declaración de la Independencia del Imperio español, con apenas 39 años, esto durante un periodo muy breve, puesto que los tres integrantes del ejecutivo (los otros dos fueron Juan Escalona y Baltasar Padrón) se rotaban en mandatos cortos. Fueron sus padres Luis Bernardo Hurtado de Mendoza y Gertrudis Eulalia Montilla. Durante su infancia recibió una excelente educación en su ciudad natal. A los 16 años marcha a Caracas para estudiar en la Universidad, donde cursa el bachillerato en artes (filosofía) hasta 1791, y luego alcanza los grados de licenciado y maestro (1793). Posteriormente, viaja a la isla de Santo Domingo, donde en 1794 obtiene el título de doctor en derecho civil y canónico. De regreso en Venezuela, vuelve a su ciudad natal, donde trabaja en el bufete del abogado Antonio Nicolás Briceño. Luego pasa a Mérida, donde practica la abogacía con los letrados Juan Marimón y Henríquez e Hipólito Elías González en 1795, ese mismo año, por corto tiempo, ejerce la docencia como profesor de filosofía en el colegio seminario de San Buenaventura de Mérida. A fines de 1796, se halla en Barinas realizando otras prácticas de su profesión legal al lado de los abogados Faustino de la Plaza y Manuel Antonio Valcarce Pimentel. El 10 de julio de este año la Real Audiencia de Caracas le confiere el título de abogado, profesión que ejercerá en diversas poblaciones. El primer lugar donde se instala es Barinas, donde contrae matrimonio con Juana Briceño Méndez Mendoza. Carrera Política - A comienzos del siglo XIX, tras haber enviudado contrajo segundas nupcias con María Regina Montilla del Pumar, quien estaba emparentada con José Ignacio del Pumar, marqués de Boconó y de las Riberas del Masparro. En enero de 1807 Cristóbal Mendoza fue elegido alcalde de primer voto del Cabildo de Barinas, pero el coronel Húngaro y Dusmet se opuso al nombramiento, alegando el parentesco de Mendoza con los miembros del Cabildo, finalmente, en marzo de 1808, la Real Audiencia le dio la razón a Mendoza. Por este tiempo enviudó por segunda vez. Al estallar el movimiento del 19 de abril de 1810, fue uno de los primeros en sumarse a la causa de Caracas. El 5 de mayo de ese mismo año, se organiza una Junta de Gobierno en Barinas, de la cual Mendoza es vocal secretario. Posteriormente, para representar la provincia de Barinas en el Congreso Constituyente de 1811, son elegidos diputados, entre otros, Cristóbal y su hermano Luis Ignacio Mendoza. El 5 de marzo de 1811 el Congreso lo designa a la cabeza del Triunvirato Ejecutivo que ejercería el gobierno del país. Formaban el Triunvirato, además de Cristóbal Mendoza, Juan Escalona y Baltasar Padrón, quienes se turnaban semanalmente en el ejercicio de la presidencia. Al instalarse el Poder Ejecutivo en la tarde del 6 de marzo de 1811, le correspondió a Mendoza, como primer nombrado, ejercer la presidencia, mientras que Manuel Moreno de Mendoza, lo sustituía interinamente. Asimismo, cuando el Congreso Constituyente declaró la Independencia el 5 de julio de 1811, Mendoza ejercía también la presidencia. Le correspondió igualmente, en su calidad de presidente del Triunvirato firmar el Acta de la Independencia que una comisión del Congreso presentó al Ejecutivo Plural el día 8 de julio. El 14 de agosto de 1811 se casó por tercera vez con Gertrudis Buroz Tovar. A la caída de la Primera República, a mediados de 1812, Mendoza logra refugiarse en la Nueva Granada (Colombia). En 1813 se une al brigadier Simón Bolívar, quien se aprestaba a libertar a Venezuela, convirtiéndose en uno de sus principales colaboradores. Bolívar lo designa gobernador político de Mérida, ciudad que se incorporó en mayo de ese año a la causa republicana. Allí se encuentra Mendoza, cuando llega Simón Bolívar, que hace su entrada triunfal el 23 de mayo. Con el cargo de gobernador político de la provincia de Caracas entra junto a Bolívar a la capital, el 6 de agosto de 1813. Durante el desarrollo de la guerra a muerte, Mendoza se desempeña en diversas funciones: administración política, impuestos, víveres, pertrechos y vestuarios para el ejército, hospitales, patrullaje cívico y vigilancia de espías. En el Cabildo Abierto celebrado en Caracas el 14 de octubre de 1813, propone formalmente que se le confiera a Simón Bolívar el título de Libertador, lo cual es aprobado por los miembros del municipio, los notables y el pueblo. Carrera Posterior - Al caer la ciudad de Caracas bajo el empuje de las fuerzas de José Tomás Boves, en julio de 1814, Mendoza y su familia logran salvarse y luego de recorrer varias islas de Las Antillas, se refugian en Trinidad. En 1819 y 1820 envía al Correo del Orinoco, que se publica en Angostura, artículos firmados Un Patriota, en los cuales desarrolla temas cívicos y de política internacional, combatiendo especialmente los proyectos de fundar monarquías en América. A fines de 1821 regresa a Caracas junto a su familia, siendo nombrado presidente de la Corte Superior de Justicia del departamento de Venezuela. Durante este tiempo comparte sus obligaciones jurídicas con el estudio de la historia, redactando un proyecto para escribir la de la Independencia y acopiando documentos para ello. En 1825 renuncia a su puesto en la Corte Superior y se dedica al ejercicio de su profesión, a la vez que promueve actividades de utilidad pública tales como la construcción de una carretera entre Caracas y La Guaira, en lugar del camino de recuas que existía para entonces; empresa que no obstante no llegó a concretarse. A pesar de no lanzar su candidatura, obtuvo la mayoría de votos para presidente de la República emitidos en el departamento de Venezuela en las elecciones de 1825. En 1826, Mendoza y Yánez inician la edición de la primera obra histórica de gran envergadura para el estudio de Bolívar y su época, titulada Colección de Documentos Relativos a la Vida Pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, la cual llegó a tener 22 tomos. Últimos años. En abril de 1826, fue nombrado intendente del departamento de Venezuela por el vicepresidente Francisco de Paula Santander desde Bogotá, hecho que casi coincidió con el estallido en Valencia de La Cosiata. Apenas posesionado intentó sin éxito evitar que Caracas se uniera a la rebelión separatista iniciada en Valencia. Posteriormente en noviembre de 1826, se enfrentó a los enemigos de Bolívar y a los que proponían la disolución de la Gran Colombia. Poco después, el general José Antonio Páez le ordenó salir del país, lo cual hizo el 27 de noviembre de ese año, dirigiéndose a la isla de Saint Thomas, mientras que su familia permanecía en Caracas. Cuando el Libertador regresa a Venezuela a fines de 1826 y restablece la paz en enero de 1827, destaca públicamente la probidad de Mendoza, confía a su hijo Eugenio el mando de la primera guardia que tiene en Caracas y llama urgentemente al estadista desterrado, a quien confía de nuevo la intendencia. A comienzos de 1828, a pesar de estar enfermo, instado por Bolívar, piensa en separarse del cargo para asistir a la Convención de Ocaña, como representante de Mérida, pero Páez se opuso. De todos modos su grave enfermedad le impidió viajar. Finalmente, a mediados de 1828 renunció a su cargo de intendente retirándose a las afueras de Caracas.

Decires memorables


Por: Rubén Monasterios - La aparición del libro Evadas, recopilación de las frases memorables de Evo Morales, incorpora al mandatario boliviano al cuadro de autócratas cuyo pensamiento ha sido consignado en obras destinadas a ser el sagrado Corán de sus seguidores. Viene a lugar recordar algunos de los más notables entre ellos, comenzando por Hitler con Mi lucha; otros son Mao con su Libro Rojo, Gadafi, autor de El Libro Verde; Kim Il Sung, declarado a su muerte “Presidente Eterno” por la Asamblea Popular Norcoreana, y su hijo y heredero del poder, Kim Jong-il, quien en el Pensamiento Juche le dio forma a las ideas fundacionales de la tiranía dinástica debidas a su padre. Mi lucha (originalmente en dos tomos, 1925 y 1928) es un entretejido de referencias autobiográficas y exposición de ideas políticas del autor; desde este último punto de vista, sus contenidos más relevantes son la expresión de amor apasionado por el pueblo alemán y el señalamiento de su “misión histórica”, la vocación militarista, la tesis de un partido único, el gobierno de un líder único, la supremacía de la raza aria, el antisemitismo y el anticomunismo (lo que no le impidió aliarse a Stalin en 1939). El Libro Verde consta de tres volúmenes y fue escrito entre 1975 y 1979; en una mezcla de islamismo, socialismo y nacionalismo árabe, propone en su núcleo doctrinario la Yamahiriya, una república gobernada por un autócrata mediante comités populares. Obviamente, pone acento en el militarismo y en la idea del partido único. El Libro Rojo o Libro Tesoro Rojo, publicado por primera vez en 1964, es una selección de pensamientos del Presidente Mao, recopilados por Lin Biao. La exaltación demagógica de las masas, el indoctrinamiento del pueblo como clave del control político, la idea del partido único y, naturalmente, el socialismo, están presentes en ese ícono de la China comunista y principal instrumento de la Revolución Cultural de los años sesenta; su importancia comienza a declinar con la década de los setenta y hoy en día es un gadget que venden en los kioscos para turistas; pero en su época tuvo influencia planetaria; lo pone de manifiesto el hecho de que, después de la Biblia, es el segundo libro de mayor impresión en toda la Historia, con un estimado de unos 900 millones de ejemplares. En Venezuela jugó un papel notable en el movimiento de Renovación Universitaria de los sesenta; al respecto, sería suficiente decir -acudiendo a una experiencia personal- que en la UCV tuve un profesor de Sociología Rural que lo impuso como libro de texto. El Pensamiento Juche data de 1982; su principio pivotal es una exaltación absoluta de las masas: el pueblo es el único propietario de la revolución; a su lado, sostiene el principio de independencia en pensamiento y política de las personas, pero -al parecer sin advertir la contradicción entre estos enunciados-, asimismo expone que la más importante tarea de la revolución es moldear al pueblo ideológicamente en el marco de la doctrina comunista y movilizarlo hacia una acción constructiva; con idéntica importancia en el contexto de la doctrina, el Pensamiento Juche también exige total sumisión al líder y al partido único. Siendo Venezuela un país de frágil memoria, se hace indispensable una digresión al referirnos a la dinastía que por dos generaciones ha masacrado al pueblo norcoreano y actualmente mantiene “cordiales relaciones” con el gobierno nacional. Kim Il Sung condenó durante seis años a un campo de concentración de condiciones infrahumanas, al poeta venezolano Alí Lameda (Carora, 1923-1995). Lameda, comunista de toda la vida, había sido contratado por el gobierno de Corea del Norte como traductor al castellano de la información que le interesaba difundir. El “delito” del compatriota fue haber ironizado, con acento humorístico, respecto al culto a la personalidad del tirano, en cartas privadas destinadas a sus amigos. Camaradas cubanos residentes en Pyongyang testificaron contra él al ser finalmente acusado de agente de la CIA; el sumiso al castrismo Alejo Carpentier omitió intervenir a su favor cuando Miguel Otero Silva y otros escritores venezolanos se lo pidieron. Evadas tampoco fue escrito directamente por Evo Morales, sino por uno de sus jalabolas, el poeta Alfredo Rodríguez, quien justifica su trabajo alegando que el Presidente boliviano es un pensador diez veces reconocido como doctor honoris causa por universidades del mundo. Muestras de sus contenidos han sido difundidos por los medios de comunicación; en un rápido resumen: Morales pronostica que Castro va a vivir 80 años más; el diez veces doctor honoris causa usa el término autosuicidio en cierto comentario y atribuye a la ingesta de pollo la homosexualidad masculina; sustenta que es más importante la ecología que los derechos humanos; hace alarde de su sex appeal: las mujeres lo celebran y en los pueblos por los que pasa todas quedan embarazadas, y sus barrigas dicen “Evo cumple”. (Por poco no grita a voz en cuello: “¡Prepárate, que te voy a dar lo tuyo!”). En los libros de sus colegas autócratas de diferentes dimensiones, uno lee constantes perversas como la manipulación de las masas, el dominio del pueblo mediante el control del ejército y de los poderes, la tesis del partido único, manifestaciones de delirio y megalomanía y objetivos criminales; sin embargo, para infortunio de la humanidad, son ideas más o menos estructuradas en función de un proyecto político; pero la sarta de exabruptos y necedades en las frases memorables de Morales sólo son comparables con las de Chávez; de aquí que a la compilación de sus decires en lugar de Evadas, mejor debería llamarse Guevonadas.