miércoles, 11 de mayo de 2011

El colon - Importante





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Salvador Dalí




(Figueres, Gerona, 1904 - Púbol, 1989) Pintor español. Salvador Dalí nació en una madrugada de la primavera de 1904 en el seno de una familia burguesa, hijo de un notario bienpensante y de una sensible dama aficionada a los pájaros. Más tarde escribiría: "A los tres años quería ser cocinero. A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí". Puesto que la persecución sería incesante y el objetivo no habría de alcanzarse nunca y, dado que en ningún recodo de su biografía estaba previsto que hallara el equilibrio y la paz, decidió ser excesivo en todo, intrepretar numerosos personajes y sublimar su angustia en una pluralidad de delirios humorísticos y sórdidos. Se definió a sí mismo como "perverso polimorfo, rezagado y anarquizante", "blando, débil y repulsivo", aunque para conquistar esta laboriosa imagen publicitaria antes hubo de salvar algunas pruebas iniciáticas, y si el juego favorito de su primera infancia era vestir el traje de rey, ya hacia sus diez años, cuando se pinta como El niño enfermo, explora las ventajas de aparentar una constitución frágil y nerviosa. Su precocidad es sorprendente: a los doce años descubre el estilo de los impresionistas franceses y se hace impresionista, a los catorce ya ha trabado conocimiento con el arte de Picasso y se ha hecho cubista y a los quince se ha convertido en editor de la revista Studium, donde dibuja brillantes pastiches para la sección titulada "Los grandes maestros de la Pintura". En 1919 abandona su Cataluña natal y se traslada a Madrid, ingresa en la Academia de Bellas Artes y se hace amigo del gran poeta granadino Federico García Lorca y del futuro cineasta surrealista Luis Buñuel, de quien sin embargo se distanciará irreversiblemente en 1930. En la capital adopta un extraordinario atuendo: lleva los cabellos largos, una corbata desproporcionadamente grande y una capa que arrastra hasta los pies. A veces luce una camisa azul cielo, adornada con gemelos de zafiro, se sujeta el pelo con una redecilla y lo lustra con barniz para óleo. Es difícil que su presencia pase desapercibida. En los revueltos y conflictivos meses de 1923 sufre un desafortunado contratiempo. En la Academia de Bellas Artes a la que está adscrito se producen manifestaciones en contra de un profesor, y antes de que dé comienzo el discurso oficial y se desate la violenta polémica, Salvador abandona la sala. Las autoridades creen que con este gesto ha sido él quien ha dado la señal de ataque y rebelión y deciden expulsarlo durante un año. Después, de nuevo en Figueras, los guardias vienen a detenerlo y pasa una temporada en la cárcel. A la salida de prisión recibirá dos alegrías. La primera, una prensa para grabado que su padre le regala, y la segunda, la visita de su excelente compañero de la Residencia de Estudiantes de Madrid Federico García Lorca, quien, en las calurosas noches del verano de Cadaqués, lee a toda la familia Dalí sus versos y dramas recién compuestos. Es allí, junto al Mediterráneo, donde García Lorca redacta la célebre "Oda a Salvador Dalí", publicada unos años después, en 1929, en la Revista de Occidente. Pronto será también Luis Buñuel quien llegue a Cadaqués para trabajar con su amigo Salvador en un guión cinematográfico absolutamente atípico y del que surgirá una película tan extraña como es El perro andaluz. En 1927 Dalí viaja por primera vez a París, pero es al año siguiente cuando se instala en la capital francesa y se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton. Este último terminará expulsándolo del movimiento algunos años después, en una memorable sesión de enjuiciamiento a la que Dalí compareció cubierto con una manta y con un termómetro en la boca, aparentando ficticiamente estar aquejado de fiebre y convirtiendo así el opresivo juicio en una ridícula farsa. La triple acusación a la que tuvo entonces que enfrentarse Dalí fue: coquetear con los fascismos, hacer gala de un catolicismo delirante y sentir una pasión desmedida e irrefrenable por el dinero. A esto precisamente alude el célebre apodo anagramático con que fue motejado por Breton, Avida dolars, acusación que lejos de desagradar al pintor le proporcionaba un secreto e irónico placer. De hecho, después de conocer a la que sería su musa y compañera durante toda su vida, Gala, entonces todavía esposa de otro surrealista, el poeta Paul Eluard, Dalí declaró románticamente: "Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero". Salvador se enamoró de Gala en el verano de 1929 y con ella gozó por primera vez de las mieles del erotismo. Es la época en que pinta Adecuación del deseo, Placeres iluminados y El gran masturbador, pintura esta última que fue atacada y desgarrada por el fanático grupo puritano los Camelots du Roy. Mientras tiene lugar una exposición de sus obras en la Galería Goemans de París, la joven y apasionada pareja se refugia y aísla en la Costa Azul, pasando los días y las noches encerrados en una pequeña habitación de un hotel con los postigos cerrados. Dalí, un genio excéntrico - Enterado el padre de Salvador de la vida disoluta de su hijo por un artículo de Eugenio d'Ors aparecido en La Gaceta Literaria, rompe relaciones con su vástago; pero ello no debió afectarlo demasiado, o quizás sí, puesto que es en esa época en que el artista realiza lo mejor de su obra, como el célebre cuadro Persistencia de la memoria (1931), donde blandos relojes cuelgan de la rama de un árbol, del borde de un pedestal y sobre una misteriosa forma tendida en la vasta extensión de la playa. En 1934 viaja con su ya inseparable Gala a Estados Unidos, donde desembarca y se presenta ante los periodistas con un enorme pan cocido por el cocinero del trasatlántico que les ha transportado. En sus erráticas manifestaciones no duda en asociar el mito hitleriano con el teléfono y a Lenin con el béisbol. Son todas bromas absurdas que tratan de quitar hierro a una situación política amenazante. Dos años después se desata la atroz guerra civil en España y una de las primeras muestras de la probidad de los militares insurrectos es el infame asesinato de su amigo Federico García Lorca, crimen que conmocionó a la opinión pública internacional. Dalí escribió: "Lorca tenía personalidad para dar y vender, la suficiente para ser fusilado, antes que cualquier otro, por cualquier español". En 1938 conoce por fin, gracias al escritor vienés Stefan Zweig, a Sigmund Freud, quien había sido el gran inspirador de la estética surrealista, de la que Dalí no se siente marginado pese a las bravatas de Breton, sino que por el contrario se considera el único y más genuino exponente. El padre del psiconálisis había dado pábulo a la nueva indagación del inconsciente con su libro La interpretación de los sueños (1900), pero nunca se había tomado demasiado en serio a sus jóvenes admiradores de París. No obstante, el 20 de julio de 1938, tras el encuentro, Freud anotó en su diario: "Hasta entonces me sentía tentado de considerar a los surrealistas, que aparentemente me han elegido como santo patrón, como locos integrales (digamos al 95%, como el alcohol puro). Aquel joven español, con sus espléndidos ojos de fanático e innegable dominio técnico, me movió a reconsiderar mi opinión". Por su parte, el artista realizó asombrosos y alucinantes retratos del "santo patrón" de los surrealistas. Instalado otra vez en Nueva York en 1939, Dalí acepta un encargo para decorar unos escaparates comerciales. El tema que elige es el del Día y la Noche, el primero evocado por un maniquí que se mete en una bañera peluda y la segunda, por medio de brasas y paños negros extendidos, pero la dirección modifica el decorado sin consultar al autor. Dalí, iracundo, vuelca la bañera de astracán llena de agua y la lanza contra los cristales del escaparate produciendo un gran estrépito y un notable destrozo. Pese a que la opinión pública norteamericana le aplaude el vigor con que ha sabido defender la propiedad intelectual, es juzgado por los tribunales y condenado a pagar los desperfectos. Tampoco consigue concluir su siguiente proyecto para decorar un pabellón de la Feria Internacional de Nueva York, el cual debía llevar el significativo título de Sueño de Venus. A España regresó en 1948, fijando su residencia de nuevo en Port-Lligat y hallando en el régimen del general Franco toda suerte de facilidades. El gobierno incluso declaró aquel rincón catalán que tanto fascinaba al pintor "Paraje pintoresco de interés nacional". Para muchos historiadores del arte lo mejor de su obra ya había sido realizado y, sin embargo, aún le quedaban cuarenta años de caprichosa producción y de irreductible endiosamiento y exhibicionismo, con apariciones públicas del estilo de la que protagonizó en diciembre de 1955, cuando se personó en la Universidad de la Sorbona de París para dar una conferencia en un Rolls Royce repleto de coliflores. En vida del artista incluso se fundó un Museo Dalí en Figueras; ese escenográfico, abigarrado y extraño monumento a su proverbial egolatría es uno de los museos más visitados de España. Durante los años setenta, Dalí, que había declarado que la pintura era "una fotografía hecha a mano", fue el avalador del estilo hiperrealista internacional que, saliendo de su paleta, no resultó menos inquietante que su prolija indagación anterior sobre el ilimitado y equívoco universo onírico. Pero quien más y quien menos recuerda mejor que sus cuadros su repulsivo bigote engominado, y no falta quien afirme haberlo visto en el Liceo, el lujoso teatro de la ópera de Barcelona, elegantemente ataviado con frac y luciendo en el bolsillo de la pechera, a guisa de vistoso pañuelo, una fláccida tortilla a la francesa. En su testamento, el controvertido artista legaba gran parte de su patrimonio al Estado español, provocando de ese modo, incluso después de su muerte, acaecida en 1989, tras una larga agonía, nuevas y enconadas polémicas. El novelista Italo Calvino escribió que "nada es más falsificable que el inconsciente"; acaso esta verdad paradójica y antifreudiana sea la gran lección del creador del método paranoico-crítico, de ese maestro del histrionismo y la propaganda, de ese pintor desaforado y perfeccionista, de ese eximio prestidigitador y extravagante ciudadano que fue Salvador Dalí. El chiflado prolífico del Ampurdán, la llanura catalana barrida por el vertiginoso viento del norte que recoge las suaves olas del mar Mediterráneo en una costa tortuosa y arriscada, descubrió el arte de la mixtificación y el simulacro, de la mentira, el disimulo y el disfraz antes incluso de aprender a manejar su lápiz con la exactitud disparatada y estéril de los sueños. Su longeva existencia, tercamente consagrada a torturar la materia y los lienzos con los frutos más perversos de su feraz imaginación, se mantuvo igualmente fiel a un paisaje deslumbrante de su infancia: Port-Lligat, una bahía abrazada de rocas donde el espíritu se remansa, ora para elevarse hacia los misterios más sublimes, ora para corromperse como las aguas quietas. Místico y narciso, Salvador Dalí, quizás uno de los mayores pintores del siglo XX, convirtió la irresponsabilidad provocativa no en una ética, pero sí en una estética, una lúgubre estética donde lo bello ya no se concibe sin que contenga el inquietante fulgor de lo siniestro. Dalí exhibió de forma provocativa todas las circunstancias íntimas de su vida y su pensamiento.

Tomado de: www.biografiasyvidas.com

Las mentiras hunden a Chávez




Por: Enrique Pereira @pereiralibre - Un país entero escucha, calla y reflexiona. Estadísticas que ya nadie cree, cuentas fuera de proporciones que no tienen fundamento alguno y que nos separan de la cruda realidad. Un país sin números ciertos que navega en la incontinencia verbal de un presidente que no sabe cómo ponerle rumbo a este barco. Habló hasta por los codos del desarrollo de los ejes del sur para ahora meter una nueva Caracas, dentro de la que ya existe, para hacinar más a los que ya estamos hacinados. Promotor de ineficiencia, de anarquía, de descontrol y de una suerte de planificación a dedo que no nos lleva a otro lugar que una pérdida progresiva de nuestra calidad de vida. Mentiras y más mentiras. Un día hablan de trescientos mil artefactos y al siguiente de tres millones. Operaciones de ojos que no se comprueban, planes de salud que no producen resultados, viviendas que no se terminan, fabricas que nunca arrancaron, urbanismos completos esperando hierro y cemento. Las mentiras le están haciendo mella al presidente. Alguna vez pudo argumentar que sus segundos lo engañaban. Se le acabó esa “manguangua”. Se le terminó el día qué con ese característico movimiento de cejas y labios, decidió mentir sin pudor alguno en muchas cosas en las que podemos comprobar la mentira. Cuando se nos apaga la nevera por falta de luz, dejamos de comprender al que insiste que no estamos en una crisis energética. Cuando el aceite desaparece de los estantes de los automercados, dejamos de creer a quién nos habla de una revolución agropecuaria con notables incrementos en la producción. Al carajo la independencia alimentaria. Aquí nada está bien hecho en socialismo. El único que puede exigir respeto es quien lo entrega. Tú me respetas, yo te respeto. El liderazgo de una persona termina en el momento que dice su primera mentira. Un líder es un ser genuino, autentico, digno de convertirse en un modelo. Un líder no puede mentir a los cuatro vientos sin esperar un deterioro de su liderazgo. Un líder no puede solicitar a la gente que viva en pobreza, pero comer salmón y cambiar su reloj todos los días. Un verdadero líder, capaz de hacer historia, no puede justificar que su familia tenga fincas, piscinas y lujos al tiempo que cacarea acerca de una revolución que nos hunde cada día más. A Chávez no le queda otro camino que seguir mintiendo. Eso le da un airecito temporal, pero trabaja –como los boxeadores- su línea media a corto plazo. Se caerá como un gigante de barro, pues él decidió socavar sus bases, sólo él trabajó para que así fuere. No será su rodilla lo que lo baje del poder, será su característico y maníaco modo de mentir, cargado de cinismo, el que concrete lo que los venezolanos de bien no hemos podido lograr en una docena de años.

La danza de Martha Graham



Poseedora de un estilo lleno de simbolismo, espiritualidad, psicología y fuerza expresiva, la bailarina y coreógrafa estadounidense Martha Graham, creadora de uno de los métodos más famosos de la danza contemporánea, nació el 11 de mayo de 1894 en Pittsburgh, Pensylvania. Cuentan sus biógrafos que empezó sus estudios de danza en 1916 en Denishawn, escuela y compañía fundada por Ruth Saint Denis y Ted Shawn, de quienes aprendió la utilidad de valorar las danzas no occidentales. A pesar de no contar con las aptitudes técnicas de sus compañeras, poseía una cualidad que la distinguía de las demás: su extraordinario fervor. La tenacidad y entrega emocional de Martha eran excepcionales y compensaban cualquier tipo de carencia. Ello la llevó en 1923 a convirtirse en profesora de la Eastman School of Music de Richester, y desde entonces se dedicó plenamenta a la coreografía. Será tres años después, en 1926, cuando debutó como artista independiente en Nueva York. Por esas fechas abandonó las enseñanzas clásicas y románticas y comenzó a interesarse por la danza contemporánea. "Haré este tipo de trabajo o cualquier otro que desee hasta que el público me indique que debo detenerme", fue la respuesta que dio la bailarina a las críticas recibidas de sus maestros cuando decidió abrirse camino sola. Como maestra, Martha reclamaba la más absoluta entrega, en sus clases nadie reía, charlaba ni murmuraba. No había ni "buenos días" ni "adiós", sólo se escuchaba su voz dirigiendo indicaciones. Para ella, la disciplina era la fuente del éxito: "El bailarín es realista, su arte le enseña a serlo. No importa si el pie está en puntas o no, ningún sueño lo pondrá en puntas por nosotros. Para ello se necesita disciplina, no sueños", sentenciaba. En los años 30 la danza moderna sufrió un verdadero cambio de rumbo, pues al igual que en otras corrientes artísticas, sobre todo el teatro, el agitado clima político y social de la década influyó en el movimiento de manera decisiva. Los nuevos coreógrafos mostraban un gran compromiso social y un deseo de llevar la danza a una mayor cantidad de público. A su vez, también crecía entre ellos un fuerte desprecio hacia el ballet "de establishment" y la liviandad de sus argumentos, que sólo reproducían el romanticismo del siglo XIX y estaban dirigidos a una elite. Graham no estuvo ajena a este movimiento e influida por la corriente filosófica existencialista, especialmente por su amigo Jean Paul Sartre, y el socialismo, sus trabajos "Heretic" y "Sketches for the people", eran estudios sobre la rebelión de masas. Pero si en algo su trabajo fue realmente revolucionario fue en su necesidad de expresar la realidad de su país y lograr un estilo que se diferenciara del ballet europeo. En sus obras "Frontier" y "Appalachian Spring", la coreógrafa reflejaba la vida cotidiana del pueblo estadounidense. En la década de los años 50 ya era una de las bailarinas más renombradas del mundo y la auténtica líder de la danza moderna. Su producción coreográfica era enorme y sus temáticas se habían ampliado hacia direcciones tan diversas como los rituales religiosos, la mitología griega, la condición de la mujer, las tragedias poéticas y la sátira. Además, en la mencionada época tenían un halo de sensualidad y pasión gracias al gran amor que estaba viviendo con uno de sus bailarines. El gran aporte técnico de Graham a la danza fue la creación de un nuevo método denominado por ella misma "contracción y relajación". A partir de movimientos curvos y ensimismados del torso expresaba una parte esencial e ineludible del ser humano, olvidada hasta entonces: el dolor. Si en el ballet clásico uno de los propósitos básicos era ocultar el esfuerzo, ella lo hacía visible porque "es parte de la vida". De esta forma, todo el abanico de sentimientos quedaba representado: odio, amargura o éxtasis eran transmitidos con un solo gesto. Graham se concentró en el torso como fuente de vida, como motor. "Los brazos y las piernas pueden ser usados para manipulaciones o traslados, la cabeza para decisiones y juicios. Pero todo, cada emoción, se hace visible primero en el torso. El corazón late y el pulmón se llena, allí está el aire y con él la vida", decía. Este estilo coreográfico le dio a sus obras una visión dura y angular, con reminiscencias cubistas; como en su célebre obra "Lamentation", en la que la bailarina expresaba la angustia de una mujer, envuelta en un largo tubo de tela elástica en el que sólo su cara quedaba expuesta. Estas formas eran muy poco familiares para el asiduo público de ballet, que en un prinicipio la acusó de bailar de forma "antiestética". A pesar de la fama y los honores, a la bailarina le costaba cada vez más sostener su compañía, ya que se negaba a que sus obras fueran representadas por otros grupos de danza o por alguien que no hubiera sido entrenado en su enseñanza y estilo. Por lo demás, sabía que al entregar sus coreografías a otros grupos perdería el control de las mismas y esto podría desvirtuarlas. En 1968, a los 64 años, Martha Graham dio su última función como bailarina. Desde hacía tiempo la crítica y sus propios compañeros la presionaban para que dejase el escenario. El costo de esta decisión fue muy grande: la coreógrafa cayó en un colapso físico y moral durante varios años. Sin embargo, en 1973 renació de sus cenizas: volvió a crear coreografías, a ponerse al frente de su compañía y a acompañarla en las giras hasta su muerte, ocurrida el 1 de abril de 1991. "Nunca pienso en las cosas que hice; sólo en las cosas que quiero hacer, en las que todavía no he hecho", aseguró en la última entrevista que concedió, hecha poco tiempo antes de su fallecimiento. A lo largo de su carrera, Graham creó más de 200 balletes y hoy en día su escuela, su compañía y su técnica continúan vigentes. Fuente Notimex/AYV
Tomado de: www.danzaballet.com