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viernes, 11 de marzo de 2011

Tsunami


Redacción Internacional, 11 mar (EFE).- El “tsunami”, como el desatado tras el potente terremoto registrado hoy en Japón, es una gran ola o una serie de olas producidas en una masa de agua por el empuje violento de una fuerza que la desplaza verticalmente. Este término es de origen japonés -compuesto de “tsu” que significa “puerto” y de “nami” que significa “ola”- y fue adoptado en un congreso de 1963. Las olas que forman el “tsunami” llegan a la costa separadas entre sí por unos quince o veinte minutos. Después de la primera ola, el mar desciende - La primera no suele ser la más alta, sino que es muy parecida a las normales; después se produce un impresionante descenso del nivel del mar seguido por la primera ola gigantesca, y a continuación por varias más. Antiguamente se les llamaba “marejadas”, “maremotos” u “ondas sísmicas marinas”, pero estos términos han ido quedando obsoletos, al no describir adecuadamente el fenómeno. Los dos primeros implican movimientos de marea, un fenómeno diferente provocado por la atracción gravitacional ejercida por los planetas, el Sol y la Luna. Los terremotos son la mayor causa de “tsunamis”, aunque también pueden provocarlos volcanes, meteoritos, derrumbes costeros o subterráneos e incluso explosiones de gran magnitud. Para que un terremoto origine un “tsunami” el fondo marino debe ser movido abruptamente en sentido vertical, de modo que el océano es impulsado fuera de su equilibrio normal. Cuando esa inmensa masa de agua trata de recuperar su equilibrio, se generan las olas. El tamaño del “tsunami” está determinado por la magnitud de la deformación vertical del fondo marino. Escalas y alertas - Existen escalas para describir la energía de los “tsunamis”, aunque, a diferencia de los terremotos, se basan fundamentalmente en las manifestaciones en la costa. Aunque no hay mecanismos para predecir terremotos, sí los hay para alertar del “tsunami” antes de su llegada a la costa, pues su velocidad de propagación es mucho menor que la de las ondas sísmicas. La alerta de “tsunamis” funciona eficazmente y desde hace años en Japón y en EEUU. El sistema de alarma en el Pacífico se estableció después de que en 1946 el “tsunami” que siguió a un terremoto en las islas Aleutianas causara 165 muertos en Hawai y Alaska. Aunque cualquier océano puede experimentar un “tsunami”, es más frecuente que ocurran en el Pacífico, cuyas márgenes son asiento de terremotos de magnitudes considerables (especialmente las costas de Chile, Perú y Japón). Sin embargo, también hubo olas gigantes importantes en el Atlántico e Indico, y en el mar Mediterráneo. Un gran “tsunami” acompañó los terremotos de Lisboa en 1755, del Paso de Mona de Puerto Rico en 1918 y de Grand Banks de Canadá en 1929. El seísmo de Lisboa, el 1 de noviembre 1755, tuvo su epicentro en el mar, al suroeste del Cabo San Vicente, y sus olas de doce metros arrasaron las costas de españolas Huelva y Cádiz causando unos 2.000 muertos. El “tsunami” más devastador hasta ahora ocurrió el 26 de diciembre 2004, tras un terremoto de 8,9 grados en la escala Richter con epicentro frente a la isla indonesia de Sumatra, y causó casi 230.000 muertos, la mayoría de ellos en Indonesia, aunque también afectó a Sri Lanka, India, Tailandia, Somalia y las Islas Maldivas, entre otros países.
Tomado de: http://www.noticias24.com/

Blake

Quien ha soportado
que abuses de él,
te conoce.
William Blake

¿Qué hacer con la deuda venezolana?


Por: Miguel Ángel Santos - Entiendo que mi referencia reciente al principio de "odious debt" ha causado alguna polémica, por decir lo menos, y me gustaría aclarar mi percepción y las recomendaciones de política se derivan de allí. En primer lugar, conviene recordar la definición de odious debt de Kenneth Rogoff: "Cuando los prestamistas le dan dinero a un gobierno conspicuamente cleptómano y corrupto, los gobiernos subsecuentes no tienen la obligación de honrar dichos compromisos". Resulta evidente que la ausencia de institucionalidad en Venezuela le ha permitido al Gobierno endeudarse de forma indiscriminada. Los fondos provenientes de esos compromisos en muchos casos no son utilizados en usos que favorezcan los intereses de la República y sus ciudadanos, o al menos eso cabe presumir, dado que el manejo es totalmente opaco, a espaldas de la nación. Si, quizás Pdvsa era una caja negra. Pero es que esta gente se ha llevado la caja. Esta situación es conocida para todos los que deciden apostar sus fondos al Gobierno de Venezuela. Todo parece indicar que los nuestros están dispuestos a seguir endeudándonos al infinito, más allá de las tasas de interés que los mercados decidan imponer. Para engañarnos (a nivel internacional nadie se engaña) calculan el PIB venezolano a tasas de cambio muy sobrevaluadas: Nos presentan niveles de deuda/PIB de 30%-40% que en realidad son de 60-70%. Hay deudas mucho más opacas que otras. Tómese por ejemplo el Fondo Chino. Por lo que sabemos de las cadenas presidenciales, el gobierno chino le abrió una línea de crédito al venezolano y cada vez que éste gira contra esos fondos se genera un compromiso de envío de petróleo. Este contrato no ha sido discutido, presentado, ni tan siquiera conocido de forma pública en Venezuela. No sabemos cuáles son las condiciones de descuento, la tasa de interés implícita, los plazos, o qué tanto compromete la venta futura de petróleo. Ahora que la oposición tiene una probabilidad real de llegar a ser gobierno me parece inteligente que, a través de algún canal diplomático, se le haga saber a los chinos que existe una posibilidad de que no se cumplan esos compromisos. Los chinos, que no pierden una, seguro ya lo han descontado y están ganándole al trato actual cualquier cosa que puedan perder a futuro. Pero en cualquier caso, me parece una medida necesaria y entiendo que algunos partidos políticos en Venezuela la están considerando. Luego está la deuda documentada. En este frente, tiendo a pensar que será necesario primero hacer un reordenamiento. Si en lugar de las "emisiones sorpresa" e indiscriminadas del gobierno, se hiciera un road-show y se explicara cuál es la estrategia y qué uso se le dará al dinero, dentro de un marco de sostenibilidad fiscal, la prima de riesgo de Venezuela caería unos 200-400 puntos básicos. Ahora bien, quienes le prestan hoy a Venezuela tienen que considerar que las enormes tasas de interés que están devengando compensan su temor de que Chávez no tenga disposición a pagar. Para el momento en que deje el poder, cuando quiera que eso ocurra, el problema de podría ser mucho más de capacidad de pago que de disposición. Y, ya en ese escenario, habría muy poco de que hablar.
http://www.miguelangelsantos.blogspot.com/

¡ATENCION!



http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/217619/en-video-%C2%BFque-hacer-en-caso-de-un-sismo/

Martin Luther King

Nuestra generación
no se habrá lamentado tanto
de los crimenes de los perversos,
como del estremecedor silencio
de los bondadosos.
KING, Martin Luther

Marquez... absolutamente de acuerdo con Ud.


Por: Laureano Marquez - Uno simplemente dice “yo soy progresista” y queda del carajo, revestido de smoking justiciero, como para recibir un Oscar. Casi que uno podría usar la palabra como tarjeta de presentación: “Hola, mucho gusto… Soy Sean Penn, soy progresista…”, para que el otro diga: “coño, ¿en serio?… qué arrecho”. Progresista es el que apoya lo que conduce al progreso. Hay muchas maneras de definir el progreso: Un “blackberry” es progreso, sin duda, pero un sitio de relax al que no llegue señal, es lo máximo, es una conquista; un auto lujoso es progreso, pero en la cola uno envidia al que va a pie, que avanza más; la revolución agrícola suena a progreso, pero la producción de verduras retrocede. Progreso es lo que mejora a la humanidad. Pero hay muchas formas de definir lo que mejora y empeora a la humanidad, según el lugar en el que uno se coloque: Para unos Fidel es progreso, la encarnación de la bondad, especialmente si viven lejos de Cuba; para otros, progreso es Pinochet y dicen “¡grande Pinochet!”, aun cuando lo vivieron en Chile. Hay quien cree que la independencia palestina es buena, pero la del Tibet no. Hay quienes bloquean a Cuba y consideran que los negocios con China mejoran la economía. En fin, no sigo enumerando, porque ya esto parece canción de Arjona. Lo cierto es que el progresismo da para todo. El problema del progresista es que tiene que hacerse el loco frente a innumerables cosas. Me imagino que muchos, ante las atrocidades de Gadafi, prefieren hacerse los penn-dejos, voltear hacia otro lado, porque no mirar alivia. Por eso, más que el progresismo, yo prefiero la filosofía del “yo no”. Me estoy haciendo militante del “yonoísmo”, corriente filosófica fundada por este servidor y que consiste en hacerse un listado de todas aquellas atrocidades, atropellos, injusticias, abusos, excesos, incongruencias, violaciones de derechos, irrespetos, corruptelas, vivezas y maldades, frente a las cuales, aunque otros digan sí, uno puede y debe decir: “yo no”, vengan de donde vengan. Ser yonoísta no es fácil, porque uno suele ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio. Ser yonoísta requiere de concentración, de coraje, autocrítica y ­sobre todo­ determinación. Es hacer lo correcto siempre, aun si te perjudica. Así que hagan su propia lista. Otras corrientes ideológicas las imponen… Yo no; exigen incondicionalidad, persiguen al que disiente… Yo no. Aquí, lo único que importa es que, frente a las arbitrariedades del mundo, uno siempre pueda decir: “aunque haya otros que las apoyen y defiendan… yo no”.