miércoles, 9 de marzo de 2011

Sociedad de cómplices (y miserables le agrego yo)


Por: Pedro Mejías - Ha pasado por mis manos el trabajo “Sangre en el Diván” de muy reciente publicación (Random House Modadori, 2010) sobre el caso judicial relacionado con el asesinato de Roxana Vargas crimen por el que se acusó, proceso y sentenció a su psiquiatra Edmundo Chirinos. El libro está especialmente centrado en la descripción del estado mental del acusado partir del expediente policial y recoge además testimonios de personas que se relacionaron con el profesional de la salud. A medida que avanza la lectura se va configurando entre líneas una pregunta que crece con cada cita del psiquiatra ¿cómo este personaje, con los claros indicios de perturbación que presenta, llegó a las posiciones que ocupó en la sociedad nacional? Aunque pudiera parecer frío un análisis efectuado a posteriori a través de las líneas de una investigación periodística encontramos que en cada uno de sus momentos en el pasado hubo una clara percepción delincuencial en la conducta del psiquiatra: “Entre sus colegas y personal técnico, la descripción se va tornando más delicada, al tiempo que más hostil. Sugieren allí investigar en archivos de los organismos policiales de hace veinte años o más, denuncias por abuso sexual el psiquiatra” (Op. Cit. Pag. 93). “Los trabajadores de El Cedral muestran culpa y vergüenza cuando se les pregunta cómo es que si sabían que Chirinos cometía esas tropelías nunca lo acusaron” (Op. Cit. Pag. 94). Este es el personaje que ocupó cátedras en hospitales y llegó a ser Rector de la Universidad Central de Venezuela. Fuera de su mitomanía está el espaldarazo y el apoyo que colegas, relacionados y la colectividad en general le tuvo que brindar para ser investido de tales posiciones. Uno se pregunta si no hay mecanismos, tanto académicos como gremiales y sociales para depurar y regular las decisiones que se van tomando, porque las décadas transcurridas en la impunidad no sólo hablan de la habilidad de Chirinos para congraciase con diversos gobiernos, elemento que comparte con muchos otros especímenes de la fauna que conforma las élites políticas y económicas de la vida nacional, sino que también dejan en entredicho la ética en el ejercicio profesional del gremio, en este caso médico, cuando sólo hasta el momento de la sentencia definitiva se considera una petición efectuada para prohibirle el ejercicio de la psiquiatría, y es solicitada por parte del Ministerio Público. Desde afuera uno pensaría que los gremios tienen tribunales disciplinarios para atender este tipo de denuncias que, a juzgar por el libro, acumulan años en contra de un profesional, en la teoría uno pensaría que los cuerpos docentes disponen de regulaciones internas para seleccionar a los profesionales más capaces y probos para que representen a la academia, idealmente uno espera que las sociedades dispongan de mecanismos para evaluar a quienes las van a representar. Lo contrario es una Cosa Nostra social en la que todos cargamos con una parte de la culpa, con ese pecado de omisión, de dejar pasar bajo la mesa el exabrupto y de ir premiando la mediocridad siendo cómplices. Visto desde esta perspectiva y llevado a la escala social, lo contrario sería terminar cohonestando las malas prácticas de un gobierno que atropella, veja y se burla de los méritos y de los valores de la sociedad para imponer los suyos. Llevado más lejos, visto así, me siento orgulloso de no ser cómplice de los desmanes que ocurren hoy en día en PDVSA. Cuando se hace una entrevista a varios especialistas para evaluar la condición psiquiátrica de Chirinos dice Rómulo Lander: “Los sociólogos que estudian el funcionamiento de la sociedad podrían responder por qué esta sociedad colocó en un pedestal a Chirinos; o los religiosos que estudian la conducta moral de esta sociedad; o los psiquiatras que reciben en sus centros a las personas más dañadas mentalmente de esa sociedad; o un psicoanalista que trata de comprender la conducta individual de un ser humano y cómo se puede entender la conducta de la sociedad. Todos podríamos tratar de explicar por qué esta sociedad colocó a Chirinos en un pedestal.” (Op. Cit. Pag. 161) En el mismo capítulo dice Miguel Angel de Lima: “¿Está la sociedad enferma?. Si. Parece que se premia la mentira, los fraudes, el engaño. La sociedad en pos del éxito. ¿Cómo hago para ser reconocido delante de mis pares? Soy capaz de todo para obtener prestigio, fama, dinero. La masa se vuelve insaciable” (Op. Cit. Pag. 166-167). “El eventual aprovechamiento económico de Chirinos sobre sus pacientes ha sido comentario frecuente entre colegas. Y más allá llego a preguntarme si Chirinos hará el TEC de verdad, o si todo es con el objetivo de tener a las pacientes sedadas” (Op. Cit. Pag. 177). Y allí coincido con esta apreciación, estamos enfermos, y no luego de doce años de régimen, este sólo ha sido un tiempo para que madure y aflore lo peor de nuestra naturaleza, pero debíamos estar ya enfermos, porque sólo una sociedad enferma vota por el actual régimen, sólo una sociedad enferma escoge un planteamiento vacío y desconocido para corregir errores, sólo una sociedad enferma deja que se decapite su generación profesional de relevo mientras se mira a otro lado con tal de acumular unos centavos. Quiera Dios que estos años nos sirvan para madurar, para sanarnos y encontrarnos. Que podamos aprender que para el funcionamiento social hay elementos que nos trascienden y que no son negociables.

Ser y Arquetipo


Por: Pedro Mejías - Transitando cierta calle de Caracas me llama José (nombre cambiado para proteger la integridad) en un principio me cuesta reconocerlo, más delgado y pequeño que como lo recuerdo, hace, no se unos veinte años que no lo veía. Me saluda y conversamos un rato, me cuenta que está esperando una ayudita gubernamental para construir su casa en el interior y que tiene a su esposa en un refugio en cierto sitio mientras él trabaja y mantiene a sus hijos en el interior. No intenta mentirme con lo que le ha debido decir hasta la saciedad a las autoridades, ergo, que las lluvias de diciembre hicieron caer un trozo de cerro sobre su casa dejándolo con su familia a la intemperie. Y creo que no lo hace porque son demasiados años conociéndole como para saber que hace al menos diez se mudó al interior y que el ya no habitaba la casa por la que reclama indemnización. Y como dicen que entre cielo y tierra no hay nada oculto ese era un hecho que se sabía desde hacía mucho tiempo. No me dice que lo echaron del refugio porque un vecino fue a contar lo anterior y los encargados lo despacharon, noticia que me comentaron sus antiguos vecinos a principio de año. Lo que si me dice es que espera una ayuda ya que según me comenta logró entrar en otro censo como damnificado en otro refugio, no me pregunta mi preferencia política pero a su manera me cuenta que no le ve la menor viabilidad al régimen, que no cree en absoluto en el discurso oficial, pero mientras él pueda aprovecharse de los programas gubernamentales para su beneficio está dispuesto no sólo a decir que si al régimen sino a votar por las propuestas gubernamentales. Sintiendo la desesperación que justifica la forma ¿qué le digo a alguien que vive en un rancho y quiere salir del barrio ganado salario mínimo? A mí no se me ocurre un mecanismo que no sea externo a ese salario para conseguir el tan anhelado techo. Lo dejo y mientras continuo mi camino voy pensando en cuantas personas como él habrá en las filas de quienes votan a favor del régimen, ¿sabrá el régimen que en realidad esa gente no lo apoya?, que sólo lo acompañan por conveniencia, que ese es un apoyo que depende de la chequera gubernamental, que todo su discurso ha sido en vano, al menos entre estas personas de escasos recursos donde cree que tiene su núcleo de apoyo. Y del otro lado, sabrán tantos venezolanos como José que el régimen no tiene el menor interés en solucionar estructuralmente sus problemas, ¿entenderán que los gobiernos sucesivos que han vivido se han alimentado de su miseria y sus necesidades, que cuando les piden quince mil bolívares fuertes para inscribirlos en una lista de posibles candidatos a adjudicación de soluciones habitacionales sólo están aumentando las arcas de una larga cadena de corrupción? Si el régimen quiere creer que tiene un apoyo en estos sectores más desfavorecidos podría estar basando sus esperanzas en un gigantesco vacío... como el que suelen ver los dictadores al encontrarse cerca de ser despojados de sus prebendas. Esa nueva clase a la que los medios de comunicación han denominado “boliburguesía” es una con la que de seguro no cuenta el régimen a la hora de defenderlo y mucho me temo que mucho de eso que considera su núcleo duro es tan deleznable como la fidelidad de José. Quizá ambos quieren creer que el otro va a cumplirles y tienen razón en ello, tienen la necesidad de ello, a uno se le va la vida y su tiempo en la historia mientras que el otro sigue alimentando su esperanza de que alguna vez podrá tener su casa, su carro, su vida. Y compelidos por esa necesidad terrible que fusiona el miedo y la necesidad, cada cual trata de manipular deliberadamente al otro en un juego macabro en el que no ven lo que pierden ni que tanto es lo que están apostando, cada cual trata de ejercer la mayor viveza posible tal que el otro crea que será satisfecho mientras se calcula la obtención de las mayores ganancias de la relación. Es esta, en pequeña escala, una muestra de lo que hacemos, y de lo que pergeñamos como país, de lo que somos y también una muestra de lo que necesitamos corregir dentro de nuestra idiosincrasia para poder alcanzar nuestro sitio en la historia, para poder llegar a realizarnos como ciudadanos con plenos derechos, donde haya deberes, pero también responsabilidades y posibilidades reales de surgir con nuestro esfuerzo. Si intento irme por el recurso fácil de explicar por la culpa de otro nuestras carencias me acuerdo de Uslar Pietri: “El pícaro va a pasar de España a América, va a venir en la conquista, va a llegar a tierra americana junto con el soldado, con el misionero, con el letrado y en la vida americana va a ir cambiando con los tiempos de aspecto, pero no de su convicciones fundamentales de vivir del engaño, de desdén por el trabajo, de aspiración a aparentar lo que es. Ya en El Buscón, Quevedo nos dice que Don Pablos se marcha a América, donde no cambió de condición. En América la herencia moral del pícaro ha venido a formar lo que nosotros hemos llamado más tarde la viveza. El vivo, ese mal de la viveza que tanto daño ha hecho a las nacionalidades hispanoamericanas, es en nosotros prueba irrefutable de la castiza herencia que nos viene del pícaro; la herencia que tiene en su tronco como gran fuente de linaje a Lázaro, a Guzmán de Alfarache, a Don Pablos, el Buscón” (El Pícaro. Arturo Uslar Pietri, Valores Humanos Vol III, Edime. Madrid 1968, pp. 168-169).

El valor de las cosas


“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien- asintió el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¿58 monedas?-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Tomado de: http://www.cuentoszen.com