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viernes, 4 de marzo de 2011

Valet Parking


Magda Mascioli G. - En uno de los tantos estacionamientos ubicados en la Av. Francísco de Miranda, aplicaron el abuso del valet parking; una nueva forma de estafa al ciudadano. Amparándose en eso, los estacionamientos atropellan al usuario cobrando un mal servicio, sin mencionar lo asquerosos que están, la inseguridad reinante, la mala atención del personal (cuando atienden, porque normalmente están echados en una silla hablando pistoladas). Una mañana llegué, vi una rayas amarillas en la entrada, flecha de salida y entrada (antes no había eso) un gran letrero a la entrada explicando en detalle la organización del robo al usuario y a su lado parado, con nuevo uniforme, el chupeta de ajo que fungía como acomodador (trabajo que JAMÁS hace). Me estacioné porque no tenía opción ese día, no sin antes decirle al encargado que eso era (y sigue siendo) un soberano abuso; abuso que seguirán haciendo hasta que los ciudadanos se lo permitamos. NO regresé. Hoy en la mañana me llamó la atención la ausencia del consabido aviso. Me acerqué y le pregunté a la Sra. que atiende la taquilla en las mañanas. Nos saludamos y le pregunto: ¿Y el valet parking? ¿Qué pasó? ¿Lo quitaron? La Sra. me responde que sí, que lo quitaron desde el Martes de esta semana. Con una graaaaaan sonrisa de satisfacción le pregunto: ¿Si? ¿Y por qué sería? La respuesta fue clarita, precisa y concisa: No me lo va a creer pero lo tuvieron que quitar porque el estacionamiento se vació. Estaba solo. Ahora le pregunto a quienes tienen la amabilidad de leer esto: ¿Alguien nos convocó a una marcha para protestar por el valet parking? ¿La MUD ha dicho algo del VP? ¿Hubo alguna concentración en CC Lido, Altamira, Plaza Brión, Las Mercedes para protestar por el VP? ¿Algún politiquero mediocre de oficio pasó convocatoria a los usuarios para protestar? ¿En alguna parte los usuarios de ese estacionamiento nos hablamos, nos reunimos para ponernos de acuerdo y NO utilizar más el lugar? ¿Alguien nos vió, nos escuchó? La respuesta a todas las preguntas es ¡NO! No sucedió absolutamente nada de eso. Ni siquiera una breve conversación entre los usuarios. Ni siquiera se nos escuchó la voz. ¿Qué se escuchó? EL SILENCIO DE TODOS LOS USUARIOS. Un silencio ABSOLUTO. Un vaciado del estacionamiento. TOTAL. PLENO. ¿Resultado? ¡TUVIERON QUE ELIMINAR EL VALET PARKING!
Y vuelvo a lo que siempre digo: LA ÚNICA ALTERNATIVA ES ¡CIUDADANOS UNIDOS! No hay otra forma. LOS ÚNICOS que podemos con ésto SOMOS LOS CIUDADANOS UNIDOS. No tenemos otra alternativa. Mientras nosotros los ciudadanos no entendamos que EL PODER es nuestro y que la música la tenemos que poner nosotros, este BALLET instrumentado y concertado entre Chavez y sus homólogos de supuesta oposición, seguirá aplastándonos. Nosotros somos LOS ÚNICOS que tenemos en nuestras manos EL PODER para erradicar tanta vagabundería de ambos lados. USTED decide si se anota con sus conciudadanos o si prefiere seguir arrodillado esperando las directrices de ambos bandos igualmente desvergonzados y vagabundos. La música en Venezuela siempre, SIEMPRE, la han puesto individuos para quienes el único norte ha sido y sigue siendo su mezquindad y su interes personal, sin importarles nada más allá... ni el país, ni los ciudadanos. Por eso Hugo Chavez llegó al poder con tanta facilidad. Entonces mi estimado Venezolano... Usted decide... ¡CIUDADANOS UNIDOS! ¡ÚNICA ALTERNATIVA!

Conrad

Enfrentarse,
siempre enfrentarse,
es el modo de resolver el problema
¡enfrentarse a él!
CONRAD, Joseph

El equivocado de cielo


Rabindranath Tagore - Premio Nobel de Literatura 1913
I - Era uno de esos hombres completamente inútiles. No tenía trabajo, pero sí muchos pasatiempos. Cogía pequeños cascos de madera, que llenaba de barro, y después incrustaba piedrecitas y conchas. Desde cierta distancia, parecían cuadros con vuelos de pájaros, praderas donde pastaran las vacas, colinas con cascadas o huellas de pasos. Las humillaciones que le hacía sufrir su familia eran interminables. -¡Basta! Debo renunciar a mi locura- se juraba a veces el hombre, en su desesperación. Pero la locura no lo dejaba en paz.
II - Hay estudiantes que no trabajan en todo el año, y sin embargo aprueban sus exámenes. El suyo era un caso similar. Se había pasado toda la vida en aficiones a las que no se podía llamar trabajo. Sin embargo, a su muerte se enteró con espanto de que debía ir al cielo. Pero la mala suerte no lo abandona a uno ni siquiera cuando va al cielo. El mensajero celestial se equivocó y lo llevó al cielo de las gentes ocupadas. Es un cielo donde hay de todo, salvo ocio. Allí, los hombres dicen: -No me queda un momento ni para respirar. - Vamos a trabajar –dicen las mujeres-; no hay tiempo para charlas. -El tiempo es tan valioso –dicen todos. Pero nadie dice que sea inapreciable. -¡Ya no se puede seguir soportando esta tensión! –suspiran todos, y se sienten felices. El trabajo me está matando”: esta queja es la eterna música del cielo de los ocupados. Y ese pobre hombre no le ve escapatoria, ni encuentra lugar en ninguna parte. Cuando se pasea por el camino, con la cabeza en las nubes, los ocupados le obstruyen el paso. Cada vez que quiere extender su alfombrilla para sentarse, le dicen que está en un campo de trigo y que acaban de sembrarlo. Siempre tiene que seguir adelante, a empujones.
III - Todas las mañanas, una muchacha muy ocupada viene en busca de agua a la fuente celestial. Se precipita por el camino con la rapidez con que tañe un sitar demasiado tenso. Se ha recogido el pelo muy de prisa, pero unos cabellos rebeldes se le han escapado y atisban en el oscuro cielo de sus ojos. El ocioso inútil estaba de pie, al costado de la fuente, inmóvil como árbol. Tal como la piedad inunda el corazón de la princesa real, cuando desde el balcón de su palacio divisa a un mendigo, una emoción semejante conmovió el corazón de la muchacha al verlo. -Pobre –le dijo, compadecida-, ¿no tienes nada entre manos? -No tengo tiempo para trabajar –respondió el ocioso. Sin entender a qué se refería, preguntó la muchacha: -¿Quieres hacer algo de trabajo que tengo entre manos? -Eso es precisamente lo que he esperado todo el tiempo –replicó él-: recibir trabajo de tus manos. -¿Qué trabajo puedo darte? -¿quieres darme uno de tus cántaros en que llevas el agua? -¿Qué harás con él? ¿Recoger agua? -No, te lo decoraré con dibujos. -¡No tengo tiempo para escuchar semejantes tonterías! –respondió. Irritada, la muchacha-. Me voy. Pero, ¿cómo puede un entrometido triunfar sobre un ocioso? Todos los días se encuentran los dos en la fuente, y cada vez él le hace el mismo pedido: -Dame uno de tus cántaros para que pueda decorártelo. Finalmente, la joven tuvo que admitir su derrota y entregarle su cántaro. Y alrededor del cántaro, el ocioso comenzó su dibujo: ¡con qué juegos de colores, con qué ritmo en las líneas! Cuando la decoración estuvo terminada, la muchacha levantó el cántaro en sus manos y le dio vueltas y más vueltas observándolo-. -Esto, ¿qué significa? –preguntó, enarcando las cejas. -No significa nada. La muchacha volvió a casa con el cántaro. Oculta de todas las miradas, lo contempló de cien maneras diferentes, bajo todas las variantes de luz. A la noche se levantó de su cama, encendió la lámpara y se sentó, inmóvil, a mirar durante horas el diseño. Por primera vez en su vida, había tropezado con algo que no tenía significado alguno. Al día siguiente, cuando acudió a la fuente, parecía como si hubiera cierta leve languidez, cierta tenue vacilación en la presurosa urgencia de sus pasos. Como si los pasos, al andar, se hubieran perdido súbitamente en pensamientos… en pensamiento que no significaban nada. Ese día también se encontró con el ocioso esperando en la fuente. -¿Qué quieres? –le dijo. -Dame algún trabajo de tus manos –replicó él. -¿Qué trabajo puedo darte? -Si te apetece, tejeré una cinta de hilos de colores, para que te la anudes al pelo. -Y eso, ¿para qué sirve? -Para nada en absoluto. La cinta de mil colores, suntuosa en su diseño, quedó terminada. Desde entonces, la muchacha se pasó horas frente al espejo, arreglándose el pelo. Descuidaba su trabajo, y el tiempo iba pasando.
IV - Después, a pasos agigantados, empezaron a aparecer grandes brechas en el trabajo del cielo de los ocupados. Y las brechas se llenaban de canciones y lágrimas. Los dignatarios del cielo se inquietaron muchísimo y convocaron a una reunión. -Jamás en la historia de este lugar ha sucedido una cosa semejante –dijeron. Se presentó el Mensajero Celestial y confesó su culpa. -Me equivoqué de cielo –dijo- cuando traje aquí a este hombre. El hombre fue citado ante la asamblea. Al mirar su turbante multicolor y los artísticos pliegues flotantes de su túnica, todos se dieron cuenta inmediatamente del tremendo error que habían cometido. -Tendrás que regresar a la Tierra –le comunicó el Presidente. Mientras cogía la paleta y los colores y arreglaba su pequeño bolso de viaje, el ocioso suspiró aliviado: -¡Me voy! –dijo. Entonces se adelantó la muchacha. -Yo también me voy –dijo. El Presidente sacudió la cabeza, consternado. Por primera vez, estaba frente a algo sin poderle encontrar significado alguno.