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lunes, 14 de febrero de 2011

Certificado entregado


El NO de la Iglesia


Por: Padre Luis Ugalde - En la historia del cristianismo hay momentos brillantes y heroicos en los que la Iglesia se planta ante el poder abusivo y dice “no podemos callar”, “tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres”. También hay silencios vergonzosos, fruto de oportunismos. La verdad los hará libres dice Jesús, pero no cómodos para las dictaduras que la acallan o asesinan, como lo hicieron con los obispos Romero, Gerardi y Angelelli en nuestra América reciente. La Conferencia Episcopal Venezolana hace pocos días pronunció una de esas palabras libres y cruciales que marcan la historia y sacuden las conciencias. Nuestra Iglesia dijo, Venezuela no puede seguir como va y el Gobierno no debe implantar una dictadura. Dio un no rotundo a las violaciones de derechos humanos y de la Constitución, que el régimen aceleró precipitadamente con las 25 leyes y medidas de diciembre, tratando de ganar la carrera al amanecer de una Asamblea Legislativa más plural. Leyes que “incorporan propuestas de la reforma de la Constitución que fueron rechazadas por el pueblo en el referéndum del 2 de diciembre de 2007”. Las así llamadas “leyes del Poder Popular” disfrazadas de comunas, confieren todo el poder al Presidente, contradicen la Constitución y “crean unas estructuras nuevas, con un contenido ideológico excluyente, centralizador y presidencialista”. Estas leyes y la otra veintena configuran “una gravísima situación política, pues con ellas se pretende imponer a los venezolanos un sistema socialista estatizante y totalitario que amplía el círculo de la pobreza y agudiza la dependencia del pueblo respecto al poder central”. Buscan concentrar el poder y hacerlo irreversible, más que resolver los problemas reales: “La situación de Venezuela es ya muy grave por el auge incesante de la inseguridad y de la violencia que impera especialmente en las grandes ciudades y en las zonas fronterizas; por la contracción económica y el progresivo endeudamiento del país; por el inmenso déficit de viviendas y los problemas de vialidad; por el encarecimiento continuo del costo de la vida que afecta especialmente a los más pobres, y los problemas de suministro de alimentos; por la inhumana situación en las cárceles y la deficiente administración de justicia, caracterizada por el retardo procesal de la mayoría de los juicios”. Realidades a la vista, difíciles de negar. Pero los obispos no se limitan a decir no y pronuncian un sí rotundo en puntos que todos los demócratas sienten como suyos: “hacemos un respetuoso pero apremiante llamado al Gobierno nacional y a los dirigentes del partido de Gobierno a que tomen conciencia de la peligrosa situación que están generando y de la gravísima responsabilidad que tienen ante Dios y ante el país”. “A los otros actores políticos los convocamos a trabajar firme y democráticamente en defensa de los derechos ciudadanos descartando cualquier tentación de fuerza. A los líderes del Gobierno y de la oposición los llamamos a la sensatez y a la reflexión, al diálogo verdadero y a promover el encuentro y la unidad entre todos los venezolanos”; y apelan también a la responsabilidad de “los otros actores sociales, empresariales, laborales, culturales y comunicadores sociales”. Sólo entre todos podemos salir de este grave laberinto y construir una “nación libre, soberana e independiente, fundamentados en el respeto de la dignidad y en la vocación a la libertad de toda persona”; único modo digno de celebrar el Bicentenario de la Independencia. Urge que el Ejecutivo tome medidas de fondo para atender la emergencia de los damnificados, pero sin usarlos como escudo para convertirse en legislador frente al Poder Legislativo electo. En 11 años se han dejado de construir más de un millón de viviendas entre remodelación de barrios y nuevas casas. Ninguno de estos puntos se resuelve con el teatro presidencial presentado en la Asamblea Nacional. Vimos en escena espectaculares volteretas y hasta un beso enamorado de Marx a la propiedad privada. La situación es muy seria y grave para reírse. Ojalá que ahora el Presidente, de verdad y no en las tablas teatrales, cambie su modo de gobernar, su modelo de país, revise leyes y decisiones anticonstitucionales y abra un camino de esperanza democrática para los venezolanos.

Neocensuras


Por: Mons. Baltazar Enrique Porras C. - Uno de los dramas que está viviendo Venezuela es el cerco al ejercicio de la libertad en su sentido más amplio. Se considera a la ciudadanía como menores de edad o adolescentes que necesitan tener sobre sí, la espada de las restricciones, penas y amenazas. Es una de las preocupaciones expresadas en el reciente documento episcopal. La esquizofrenia que invade al país oscila entre la propaganda oficial que pregona a todos los vientos que nunca ha existido en Venezuela tanta libertad de expresión como ahora. Pero esta propaganda contrasta con la confrontación y el ejercicio práctico de la acción periodística y comunicacional. Existen variadas formas de contención y confrontación que provienen del gobierno o son alentadas por él: el uso indiscriminado de las cadenas; las menciones denigrantes o intimidatorias contra personas e instituciones no afectas al gobierno. Agresiones contra reporteros y representantes de los medios. Inacción de las autoridades. Ataques directos a los medios y destrucción de instalaciones o equipos. Cercos contra medios privados. Uso de recursos administrativos con medidas de presión, especialmente de parte de Conatel. Retiro de la publicidad oficial a numerosos medios. Ataques a la reputación de periodistas. Impedimentos para cubrir actos oficiales. Sesgo informativo en medios del Estado. Las agrupaciones que se dedican a monitorear el tema de la libertad de expresión se verán ahora constreñidas por la calificación que les dé el Estado, impidiendo que reciban aportes del extranjero. Pareciera que la tesis del gobierno es que los medios deben ser sometidos al control de la razón del estado. Se ha llegado a expresar que estamos ante un régimen neopopulista y neoautoritario que emplea métodos y tácticas terriblemente represivas pero que en las formas no parecen tales. Son nuevos en su expresión y aplicación. Desde la legalidad se generan verdaderas tramas de censuras, mejor quizás, de neocensuras. Reviste variadas formas. Desde el impedimento a la información pública hasta la salida al aire de cuñas que alientan sobre el peligro de la propiedad privada, pasando por el recorte a los presupuestos para las artes, cierre de museos, desalojo de espacios culturales y retiro de subsidios. Pero la neocensura que es la más vieja de todas es la autocensura. Por miedo, conveniencia o ceguera se cierran espacios de opinión o no se le da cabida a determinadas personas o instituciones para pasar agachado. Estudiar el tema es conveniente para superar el síndrome de Simeón, el viejo profeta que esperaba que algún día llegara la salvación. Bien vale la pena leer la revista Comunicación.

Estatolatría Siglo XXI


Por: Mons. Ovidio Pérez Morales - Estatólatra es un calificativo apropiado para calificar el Socialismo del S. XXI. ¿Razón? Su estatismo feroz. Tiende a inmolar la persona y la comunidad de personas, en el altar de un Estado convertido en ídolo, como omnipotente, dirigido por un máximo líder (endiosado también), que pretende saber, decidir, poder todo. Esto sea dicho, no obstante su autoidentificación humanista y su promesa de generar un hombre nuevo. El SS XXI es un socialismo, que manipula las expresiones y formas del así llamado “poder popular”, para convertirlas en órganos ejecutores del Gobierno-Partido-Hiperlíder. Se estructura una centralización extrema. El poder no se define y ejerce, en realidad, desde y con las bases, sino en línea descendente. Desde Miraflores. El volumen y cantidad de asambleas del “pueblo” podrá ser grande, físicamente, no así el real influjo de los ciudadanos. Veamos lo que sucede en Cuba. ¿En manos de quién está la toma de las grandes decisiones? La soberanía del pueblo se diluye y mediatiza en el entramado de la nomenklatura y del liderazgo supremo. ¿Y en Venezuela? ¡La afirmación de que “el Presidente es el pueblo”, simplifica las cosas! El socialismo “S.XXI” no es cualquier socialismo (la familia es grande). Es marxista, de tipo leninista-castrista. Estatólatra. De allí la acelerada carrera de expropiaciones y monopolizaciones. No soporta la repartición o descentralización del poder. Por lógica embiste contra la propiedad privada, la libertad de expresión y de educación. ¡Qué grato le fuera poder expropiar el cerebro y el corazón de los ciudadanos para pintarlos de rojo! En Venezuela no se da, por ahora, un socialismo ya conformado. Pero está en proceso; esto explica –más allá de improvisaciones y repliegues tácticos- el sentido monopólico de las leyes y medidas, así como del comportamiento general del régimen. La Conferencia Episcopal Venezolana, considera la pretensión oficial de imponer un sistema socialista marxista, totalitario, como “moralmente inaceptable, pues ofende la dignidad de cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, desconoce la soberanía popular y vulnera gravemente el bien común, la institucionalidad democrática y los derechos de los venezolanos” (Exhortación pastoral Anhelos de unión, justicia, libertad y paz para Venezuela, 11.1.11). Estado y liderazgo convertidos en ídolos: algo moralmente inaceptable.