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viernes, 14 de enero de 2011

Pamchito


Weil


Séneca

No hay ninguna cosa buena
que no tenga su base en la razón.
SÉNECA, Lucio Anneo

Refrán Castellano

Dos no discuten
si uno no quiere

Refrán Castellano

Paternalismo y muerte


Por: Luis Ugalde - Hay conceptos erróneos e insostenibles acerca del socialismo ­confiesa Raúl Castro­ que nos han llevado al borde del precipicio. O rectificamos o nos hundimos". Esos "conceptos erróneos e insostenibles" son los que nos quieren imponer en Venezuela. Las autoridades comunistas de Cuba necesitaron medio siglo para admitir que han llevado a la sociedad a la miseria insostenible. Si alguien opinaba que eran erradas, era un traidor, agente del imperialismo, y condenado a cárcel o al exilio. Es imposible que, impuestos durante cincuenta años como verdad oficial y única, con persecución de toda otra idea, esos conceptos erróneos no estén tan "enraizados en amplios sectores de la población" cubana, como confiesa Castro. Tremendo error antropológico que, con voluntarismo tenaz ­a veces hasta heroico­ el régimen comunista ha impuesto al pueblo cubano. Se ha empeñado en que algunas limitaciones inherentes a la condición humana son fruto del capitalismo y que con una reeducación carcelaria y erradicación de toda iniciativa privada, los comunistas producirán el paraíso terrenal ("el mar de la felicidad") y el "hombre nuevo", sin egoísmo ni mal. Este error no es cubano, sino del mismo Marx y de Lenin que creían en sus "remedios infalibles" contra toda forma de alienación humana.El callejón sin salida de la Revolución Cubana ha llevado a Raúl Castro a aceptar que la mentalidad errada es "consecuencia del excesivo enfoque paternalista, idealista e igualitarista que instituyó la revolución en aras de la justicia social". Confesión clara de una verdad evidente. Su reconocimiento al comienzo del camino revolucionario hubiera evitado muchas decenas de millones de muertos, perseguidos y fracasados en la Unión Soviética, China, Cuba. En Venezuela todavía estamos a tiempo de corregir disparates y no empeñarnos en actuar "contra natura" forzando a vivir en agua dulce a peces de agua salada.Paternalismo, idealismo, igualitarismo y muerte (abismo), nos dice el mando cubano en reconocimiento del grave error. En toda sociedad y en toda familia es necesaria una dosis pequeña de estos tres componentes. Sin ellos la sociedad se vuelve un infierno, pero el exceso y la sobredosis convierten el remedio en veneno.Si el paternalismo en Cuba fue excesivo, en la Venezuela petrolera, con el barril a casi 100 dólares, son terribles los males del paternalismo, el igualitarismo y el reparticionismo enquistados en la mayoría de la población y en los "revolucionarios". Esto lleva al estatismo demencial, a la masificación de la mendicidad oficial, a la improductividad y al desestímulo de la dignidad y de los talentos productivos ocultos de la gente, verdadera riqueza nacional, muy por encima del petróleo del subsuelo.Igualitarismo que desestimula la producción, persigue el esfuerzo y la iniciativa propia de 30 millones de venezolanos, porque se considera pecado que unos lleguen a tener más que otros. Lo importante es ­decimos nosotros­ que todos tengan oportunidades, las más iguales posibles, pero sabiendo que los logros serán diferenciados, pues diferentes son las personas y el esfuerzo cualificado de cada uno. El idealismo es natural e imprescindible; la sociedad sin utopía ni ideales de cambio se pudre. Pero es muy grave necedad seguir predicando el "paraíso" en la tierra y el hombre nuevo sin mal, que nacerá gracias a un invento económico descubierto por Marx. Castro añade que ese enfoque errado lo "instituyó la revolución en aras de la justicia social". Confesión válida. Por deseo de justicia social, los comunistas lo impusieron, lo instituyeron. El capitalismo tiene graves, gravísimas enfermedades; pero no se resuelven con el estatismo carcelario impuesto como remedio. El camino está en combinar dialécticamente el ideal de superación, la libre iniciativa, el estímulo al talento y a la creatividad propia, con la solidaridad personal que toma cuerpo en instituciones y leyes que frenan abusos y fortalecen y potencian al débil. Hay que cultivar la cultura, la espiritualidad y las instituciones para que la realización propia pase por el éxito y la realización de los demás; pues, no hay trabajo digno sin empresas exitosas, ni empresas prósperas a costa de trabajadores maltratados, ni país desarrollado con la mitad de la población en la miseria.

La usurpación comunista ¡va!


Por: Agustín Blanco Muñoz - @blancomunoz - Nuestro artículo "Viene lo peor" (Nota de Magda: ver artículo más abajo en este blog) ha producido muchas críticas. Predominan las que señalan que somos unos pesimistas-apocalípticos empeñados en atacar la salida electoral que, con toda seguridad, acabará con esta pesadilla en D/12. En la Cátedra ‘Pío Tamayo’ de la UCV hemos documentado y debatido sobre la secuencia de fraude-trampas inserta en la maquinaria del voto. No nos enfrentamos a la vía electoral sino a la burla que se hace con la misma. De modo que en este momento lo esencial es preguntar sobre las verdaderas posibilidades de salir de la pesadilla por efectos del voto en D/12. Hasta este momento esta destrucción del siglo XXI se ha mantenido sobre la base de una renta petrolera que financia el más grosero populismo y permite controlar una precaria mayoría a través del dominio que ejerce sobre el CNE. Pero ante un gasto público sin límites y un reparto externo destinado a subsidiar el presupuesto de varios países, esta renta se vuelve cada días más deficitaria. Hasta este momento, el régimen ha tomado la previsión de controlar todas las instituciones y convertir a las oposiciones en su propia columna vertebral. Sin embargo, ante la creciente crisis económica y social, el régimen ha configurado un escenario de salvación que contempla extremar las inversiones en reserva para que no haya fallas en el fraude-trampa de D/12. Una vez consumada esa nueva reelección, legitimada por las oposiciones y un candidato perdedor que dice ante el mundo (como un Rosales cualquiera) que reconoce el limpio triunfo de su adversario, el régimen procederá a tomar las medidas que le garanticen la estabilidad. Y ante la ola de descontentos, aumentará la represión-control legal. Se criminalizará más la protesta, señalando que se trata de la ‘guarimba desestabilizadora’. Para detener este creciente malestar, se impondrá, por una parte, la convocatoria a otra Asamblea Constituyente para definir este ex país como bolivariano-socialista-comunista y establecer un Jefe Único con todos los poderes para salvar la experiencia de la revolución del atentado de la contrarrevolución. Se cambiará la composición del Estado y se eliminarán las instituciones burguesas-capitalista, como una manera de corregir las debilidades en las que incurrieron las destrucciones del socialismo real. Así la Asamblea Nacional, eliminada en la práctica desde el momento en el cual el GP se da su Habilitante y asume las funciones de legislador por 18 meses, será sustituida por la Comuna Legislativa o la legislación popular. Pero esta arremetida, que supuestamente intentará detener el estallido popular, dará más espacio y profundidad a una violencia que no sabemos hasta dónde nos pueda llevar. Esto quiere decir, que el año 13, a 200 años de la Guerra a Muerte, puede tomar cuerpo una confrontación que marcará de manera indeleble la historia de esta sociedad. Difícil admitir que la violencia-destrucción pueda convertirse en el punto de partida para la recuperación de lo que volvimos un ex país. Pero mientras no se forje una nueva conciencia y condición de lo que somos y queremos como sociedad, será muy difícil que salgamos de las trampas tendidas para contribuir al mantenimiento de este proceso destructor. De no cambiar seguiremos formando parte del mismo colectivo puesto y dispuesto para servirle a las roscas que se comportan como dueños de esta historia. Y es que mientras no se avance en la conformación de una política que apunte hacia otros derroteros, le estaremos dando continuidad a la vieja y gastada forma de conducir una sociedad por los caminos de la usurpación continuada, sin ruptura. Y este es precisamente el punto en el cual puede dificultarse la acción de este proceso llamado bolivariano. Si no cuentan con los recursos necesarios para mantener el alto nivel de ‘populismo revolucionario’, una organización que ejerza una labor de preparación ideológica y política del colectivo y tenga más bien el registro de múltiples problemas internos encabezados por la implosión en el PSUV, será muy difícil que pueda mantenerse sin la aplicación de la violencia. ¿Pero hay algo que nos pueda librar de este camino e impedir, desviar o aligerar la violencia que estallaría el año 13? ¿Seguirá planteada aquí lo que podemos denominar como “historia inmóvil”, llamada a permanecer en un punto en el que predomina la muerte y la usurpación? La confusión es cada vez mayor. Y mientras el espacio de la democracia está usurpado por el régimen de destrucción del siglo XXI, se levantan unos tales “demócratas” empeñados en demostrar que hay salida electoral en esta ex república. Ya hasta tienen los nombres para unas tales primarias de las que saldrá el candidato llamado a vencer al GP en D/12. La comprensión de lo que aquí ocurre, lejos de aumentar disminuye con el correr de los días. Está claro entonces que no hay salida fácil y que la ‘usurpación comunista’ va y se afianza en este ex pais. El Universal, 14 de enero del 2011.

Viene lo peor


Por: Agustín Blanco Muñoz - @ablancomunoz - El espectáculo no se detiene. Continua porque es el arma y alma de nuestra política. La instalación de la Asamblea Nacional Plural, es otro capítulo de la misma, vacía y deprimente programación. Lo más destacado en el debate inaugural tuvo que ver con quien es mayoría: si 48 es más que 52 y 65 superior a 98, la disposición del Presidente Soto Rojas de entrarle a carajazos a los escuálidos y la acusación del oficialismo a las oposiciones de albergar, defender y promover asesinos, lo que se dijo a propósito de lanzar de candidato a la Directiva al diputado Mazuco. Todo está dispuesto para la gran distracción y confusión que permita ocultar los planes de radicalización o proletarización del llamado proceso revolucionario. Lo primero es acabar con la AN y llevarla a la condición de Asamblea Popular, misión que se le encargó a la actual directiva. Por 18 meses legislará el GP. Los 6 meses de fines del 12 no se reunirán los diputados por la campaña electoral. De este modo se plantea la lucha por el poder hegemónico que conduzca a la reelección del golpista-presidente (GP) en D/12 y la puesta en práctica de acciones que signifiquen la aceleración de la "revolución". Para ese momento, de gran precariedad económica, con unas arcas vacías por las grandes inversiones para costear el populismo-demagogia de los años 11 y 12, no será posible contener el malestar popular que se podría traducir a comienzos del año 13 en un levantamiento de consecuencias imprevisibles. Ante estas amenazas el régimen actuaría en dos direcciones. Convocaría una nueva Constituyente con el objetivo de darle sustento legal a la radicalización de una República que se denominaría socialista-comunista y que daría una nueva estructura al Estado, para dejar atrás muchas de las viejas instituciones y en el lugar dela AN, por ejemplo, imponer la Comuna Legislativa. De esa "nueva legislación" emanarían instituciones sin representación alguna, corrigiendo así errores cometidos por otras revoluciones que dejaron con vida instituciones burguesas que impidieron acentuar la radicalización. Y de estas instituciones de y para la radicalización emanarán los poderes que requiera el Jefe Único para producir las acciones represivas que acaben con las expresiones de descontento y estallido social. Sancho, aún estamos en espera de la peor violencia de esta inmensa pesadilla! El Universal, 08 de enero del 2011

Ante la encrucijada


Artículo 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.
El 18 de diciembre de 2009 marca un antes y un después en la turbia historia de este estado de excepción que vivimos desde hace 12 largos años. Desconociendo la Constitución, desconociendo la mayoría ciudadana expresada el 26 de Septiembre, y sobre todo desconociendo la grave crisis porque atraviesa su proyecto estratégico, condenado irremisiblemente a precipitarse en el vacío ante la voluntad democrática de las mayorías, el presidente de la república optó por asumir el derrotero dictatorial. Consciente de la irreparable crisis que enfrenta y de la amenaza de perder todo respaldo popular, se jugó el todo por el todo: apoderarse del poder legislativo reduciendo la recién electa asamblea nacional a mero ornamento, desprovista de todas las atribuciones que la Constitución y el derecho le confieren. Y aplastando el último reducto de autonomía relativa que detentaba el último de los Poderes. Hoy todos ellos en manos del dictador de la república. Tienen razón los presidentes de las Academias, tiene razón el colegio de abogados, tiene razón el jurista Pedro Nikken, tiene razón Antonio Pasquali al afirmar que con el conjunto de leyes y particularmente con la concesión de la Ley Habilitante, aprobadas entre gallos y media noche, se le han arrebatado a la asamblea sus atributos constitucionales y se ha traspasado el límite que separa la democracia de la dictadura. Venezuela se ha convertido por ese acto cometido en condiciones de absoluta ilegalidad, según las clásicas circunstancias del agavillamiento, la alevosía y el despoblado que suele utilizar el teniente coronel para dar sus golpes de gracia contra la institucionalidad democrática, en una dictadura. Que los actuales diputados del partido de gobierno y sus aliados del Partido Comunista se hayan hecho copartícipes de nuestro patético 18 Brumario y que algunos de ellos hayan servido de comparsa a la precipitada huida hacia el abismo protagonizada el 18D no hace más que poner de manifiesto la obscena perversión del organismo. Y la crisis terminal del régimen. Que siguiendo las órdenes del caudillo, exactamente como lo hacían hace un siglo los sigüises del dictador Cipriano Castro, le hayan entregado la presidencia del parlamento al tristemente célebre comandante Ramírez, una patética figura que se quedara empantanada en las fracasadas emboscadas guerrilleras de El Bachiller de hace cuarenta y cinco años, no hace más que agregarle al desafuero el oprobio del escarnio. La historia se repite, decía Hegel. Marx apostillaba: como farsa. Imposible reiteración más carnavalesca y pervertida de la voluntad de ese dictador y sus diputados. Que ya eran una perversión. Imposible una farsa más grotesca. En 1909, hace ciento dos años, el joven Rómulo Gallegos se refería con menosprecio, asco e indignación a la asamblea que seguía los dictados de Cipriano Castro, preludiando el obsceno comportamiento de quienes acaban de macular la tradición de ese cuerpo en sus esfuerzos por la democratización de la República. Estas eran sus palabras, aparecidas en uno de los números de su recién inaugurada revista, LA ALBORADA: “Harto es sabido que este Alto Cuerpo, en quien reside, según el espíritu de la Ley, el Supremo Poder, ha sido de muchos años a esta parte un personaje de farsa, un instrumento dócil a los desmanes del gobernante que por sí solo, convoca o nombra los que han de formarlo, como si se tratara de una oficina pública dependiente del Ejecutivo y cuyas atribuciones están de un todo subordinadas a la iniciativa particular del Presidente. Naturalmente éste escoge aquellos delegadosentre los más fervorosos de sus sectarios, seleccionando, para la menor complicación, aquellos partidarios incondicionales cuyo más alto orgullo cifran en posponer todo deber ante las más arbitrarias ocurrencias del Jefe. Estos son los hombres propios para el caso y como además, en la mayoría de las veces, adunan a esta meritoria depravación moral, una casi absoluta incapacidad mental, la iniciativa del Presidente, después de ser posible llega a convertirse en necesaria”. ¿Qué pensar de este retrato en sepia, que podría corresponder con la fidelidad de un daguerrotipo, a la asamblea que acaba de fenecer y a la parte oficialista de la actual, que corre a postrarse, ahítos sus miembros de meritoria depravación moral, ante las botas del Jefe, para terminar, poseedores de una absoluta incapacidad mental, orgullosos de su obsecuencia? Que en nuestra desgraciada Venezuela, como en las palabras de Cohelet de hace dos mil quinientos años “nada hay nuevo bajo el sol”. O, si se prefiere, del mismo sabio testamentario, “que lo que nace torcido nada endereza”. De modo que no vivimos un fenómeno nuevo, parido en los calderos del marxismo leninismo, ni estamos tampoco ante un proyecto revolucionario que debe sustentarse en una dictadura proletaria para refundar la república bajo nuevos parámetros, propios de los del bolchevismo soviético. Estamos ante la trágica reiteración de una vocación despótica, tiránica, represiva y autocrática de nuestra más profunda y arraigada tradición. Estamos ante el fondo oscuro y tenebroso del corazón de nuestras tinieblas. Estamos ante el nunca desaparecido sustrato del horror y de la barbarie. La castración incruenta de la asamblea, el sometimiento de los representantes del pueblo electos por una mayoría popular y la automutilación de los acólitos y palafreneros del teniente coronel corresponden a un impulso vital que lastra a la república e impide el definitivo nacimiento y despegue, sin temores ni sobresaltos, de la república liberal democrática. Es el trasfondo del gendarme necesario, escudado ahora, tras su absoluta futilidad, en la coartada del socialismo. Es la raíz del mal que nos agobia. Y que ahora revienta como una pústula en el rostro del siglo XXI.3Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos. Refiriéndose a los años de estudios emprendidos por el autodidacta Rómulo Betancourt desde su primer exilio, en 1928, y que culminan en esa obra cumbre de la sociología y la economía política venezolana – Venezuela, Política y Petróleo – señala con acierto el historiador Germán Carrera Damas que no tuvieron por objeto motivaciones académicas, sino la imperiosa necesidad de conocer y precisar los males estructurales que habían hundido a la república en el subdesarrollo y, con él, en las más cruentas y terribles dictaduras, para erradicarlos mediante la construcción de la Venezuela moderna. ¿Es posible que tras ese esfuerzo verdaderamente colosal de nuestros cuarenta años de democracia, de paz y prosperidad, esté Venezuela hundida, una vez más, en el abismo de una dictadura? Por cierto: una dictadura bananera, en el más clásico de los estilos. Impuesta a sangre y fuego por un caudillo militar impregnado de la cultura cuartelera – si cabe el oxímoron - carente de los más indispensables conocimientos, aptitudes y valores morales como para ejercer la presidencia de la república. El golpe de estado del 18 de diciembre de 2010, cometido bajo circunstancias alevosas, desnuda en toda su crudeza la naturaleza represiva, retrógrada, dictatorial y autocrática del actual régimen. Y pone a la orden del día la necesidad imperiosa de recurrir a nuestras más profundas reservas éticas y morales, para, en consonancia con los artículos 333 y 350 de nuestra Constitución, actuar en todos los frentes y por todos los medios a nuestro alcance para erradicarla del suelo de la patria. Debe la sociedad civil, deben los liderazgos de universidades, academias, empresarios, trabajadores, iglesias, partidos políticos, sindicatos y gremios unirse como un solo hombre y exigir, conminar e imponer la restitución del Poder que le ha sido arrebatado de manera fraudulenta e inconstitucional al Parlamento de la República. Debe reclamarse mediante la voz activa de la soberanía popular la derogación inmediata de la Ley Habilitante y del paquete de leyes violatorias de nuestro Estado de Derecho. Debemos luchar sin denuedo y con todas las fuerzas de nuestros corazones para impedir la consumación de la dictadura y reclamar el cumplimiento irrestricto, de acuerdo a la ley, del proceso electoral pautado para diciembre del 2012. Sin aquel logro, éste último no será posible. O será otra farsa más cometida sobre el oprobio del pueblo. No debemos permitir que este golpe de Estado constituya un factor de perturbación de nuestra voluntad democrática. Debemos demostrar que nada ni nadie nos apartará de la senda que nos hemos trazado: salir de este régimen dictatorial por medios pacíficos, constitucionales y electorales. Con la voluntad mayoritaria del pueblo. De lo contrario, el régimen dictatorial que se nos pretende imponer deberá asumir las consecuencias y enfrentar el cauce desbordado de una voluntad popular que no podrá ser represada ni por el engaño ni por la violencia de las armas. Venezuela vive uno de los momentos más cruciales de su historia: saldrá de esta crisis como lo ha hecho en todas las oportunidades anteriores. Mediante la unidad nacional y el concurso de todas las fuerzas vivas de la Nación. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

La Ley devuelta


Por: Luis Pedro España - lespana@ucab.edu.ve - La devolución a la Asamblea Nacional de la aprobada a traspiés y de madrugada Ley de Educación Universitaria es todo un síntoma de cómo se vienen haciendo las cosas desde el Gobierno. Comienzo por celebrar que el Ejecutivo haya tomado esa decisión. Primero porque le ahorró al país una nueva e inútil fuente de confrontación, no porque la regulación sobre la educación superior no sea importante, sino porque lo que planteaba la ley no sólo era inaplicable, sino, además, inaceptable, por ser contraria a cualquiera de los postulados básicos de la educación universitaria. Segundo, porque se reconoció explícitamente que el marco normativo aprobado no había contado con la más mínima consulta de las instituciones y sectores involucrados. Aunque, si por esto fuera, pues, deberían echarse para atrás al menos todas las leyes que se aprobaron a toda carrera en los últimos dos meses. Especular sobre las razones por las cuales ocurrió la devolución de la ley pudiera no ser una actividad ociosa. Más cuando no sólo los legisladores y los voceros del ministerio del ramo celebraban la misma como si se tratase de una verdadera joya reivindicativa, sino que muchos de los recién investidos dirigentes juveniles del Partido Socialista Unido de Venezuela festejaban el fin de la autonomía universitaria, la supresión de la libertad de cátedra y la megaconcentración de poder académico en un funcionario, como si ninguno de ellos hubiese sido universitario y formado dentro del pluralismo democrático de nuestras casas de estudio. Pero fuera de lo que significó la defensa del sinsentido por parte de los que tomaron parte y fueron responsables de semejante disparate, los prolegómenos de su aprobación y el epígrafe de su devolución dan cuenta del marcado, sobreestimado y casi único criterio que motiva al Gobierno, a saber, controlar y colonizar todos los espacios de la sociedad venezolana. La universidad venezolana, además de ser por tradición y convicción crítica y contestaria frente al poder, difícilmente podrá ser parte del corifeo adulador del discurso oficial, ni podrá abrazar con autenticidad las propuestas que tiene el Gobierno para el sector. Más allá de las autoridades, del claustro universitario o de las distintas organizaciones que pertenecen a la educación superior, los muchachos, la masa estudiantil, sencillamente, ni comulga, ni le atrae, sino que más bien rechaza los principios de control y sumisión desde los cuales se pretende hacer de las casas de estudio del país un apéndice del Gobierno o, peor aún, de lo que éste cree que es el socialismo. Una vez devuelta la ley y hecha la invitación para el debate, evidentemente y como corresponde al verdadero espíritu universitario, la propuesta de una nueva ley ­aprovechando para ello la apertura que el pueblo hizo de la Asamblea Nacional­ debe ser una oportunidad para dejar en claro el papel que tiene la universidad para contribuir al desarrollo del país y el progreso del pueblo. Aun cuando no abriguemos ninguna esperanza de que, efectivamente, esta discusión tenga por resultado un marco normativo que permita el desarrollo del conocimiento, su difusión y aplicación para el bien del país, y bajo el entendido de que incluso puede que con esta invitación sólo se pretenda mantener distraído al principal actor activo del país político, aun así, la discusión vale la pena, así como el ejercicio por construir una educación superior como se merece el país, cuando ello sea posible, y no como ahora, cuando la obediencia y el pensamiento único e incompleto se pretende como universitario.

Memoria... ¿y cuenta?


Por: Enrique Pereira - Otra perorata más, cargada de fantasías, imprecisiones, mentiras y vagas referencias al futuro. De las cuentas nada. No será diferente a lo que hace cada año, en que su memoria divaga entre la morrocoya y los cuentos de la Barinas de su infancia, al tiempo que trata de convencernos de las maldades del capitalismo y de la gran ayuda que nos prestan los cubanos. Los temas se agotaron. El país que nos vendió como blindado, es hoy el único en Latinoamérica (a excepción de Haití) reportando crecimiento negativo e inflación de más de dos dígitos. Todo un record que no mencionará en su cuenta, como tampoco hablará de la ampliada producción agrícola, el petróleo, el hierro y el aluminio. No tendrá una sola línea del discurso para referirse al aumento de la producción de viviendas, o de la capacidad de nuestra industria eléctrica. No intentará de convencernos de los avances en la salud, en el programa Barrio Adentro. Divagará acerca de los logros de la Policía Nacional Bolivariana, de los avances que ha logrado en el Metro de Caracas, de la rapidez solidaria de las respuestas del gobierno a los damnificados de las lluvias y de su actuación para salvar los dineros de los compradores de apartamentos y de los bancos fracasados de sus adeptos boliburgueses. Le dedicará un tiempo para hablar de la cantidad de computadoras portuguesas que han repartido en los colegios, pero no hará ninguna referencia a la fábrica de computadores que fundó en Paraguaná hace cuatro años, o la de celulares de la Carlota, que hace los vergatarios. No se le ocurrirá hablar de cómo su gobierno logró aumentar la producción de cemento, ni de las colas que ahora observamos a la puerta de cada institución bancaria. Nos venderá una Venezuela con futuro digno, basado en los ejes de crecimiento y en la construcción del socialismo, nos hablará –como siempre lo hace- en futuro: haremos, construiremos, dotaremos, fabricaremos, repartiremos, planificaremos, ejecutaremos, limpiaremos, importaremos, desarrollaremos, expropiaremos, convertiremos, exportaremos, produciremos, abriremos, forjaremos. Puro relincho y gases…como los caballos viejos. Seguramente nos hará una referencia a sus renovadas relaciones con Colombia, a su posición irreductible ante el imperio yanqui y a las estrechas relaciones que ahora mantiene con los chinos a quienes, en un acuerdo oscuro, parece haberle regalado nuestra soberanía. Su oficina debe haber trabajado intensamente para construir con filigrana el discursito que habla de lo que a él le parece conveniente, caminando entre las brasas calientes de un pueblo que dejo de creer en cuentos hace mucho rato. De las cuentas nada. No espere una explicación de lo que hizo con los fondos petroleros que se manejaron sin control, sin transparencia y sin más explicación. La única cuenta válida es la cuenta regresiva que lo conduce a la salida.