viernes, 31 de diciembre de 2010

Andrés Eloy Blanco


Comienzo de año


Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra. - ¿Qué hay de nuevo? pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado. Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad, contesta el ángel más viejo. Y bueno, todas esas son cosas muy importantes. Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa, los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo. ¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? -Dice el más joven y entusiasta de los ángeles. ¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? -pregunta el anciano. Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta los últimos minutos del último día del año. Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía: "Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor: sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres. Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace. Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.Del libro: "Cuentos para Niños de 8 a 108 II" - Pancho Aquino.

Gracias por el regalo Rich =)


Cuento


Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegandesde la tierra.
- ¿Qué hay de nuevo? pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado.
Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad, contesta el ángel más viejo.
Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.
Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa, los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.
¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? -Dice el más joven y entusiasta de los ángeles. ¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? -pregunta el anciano.
Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta los últimos minutos del último día del año.
Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:
"Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor: sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres. Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace. Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.
Del libro: "Cuentos para Niños de 8 a 108 II" - Pancho Aquino.

La rebelión de los náufragos


Magda Mascioli G. - Y entonces cabe preguntar a Clavier lo siguiente: si eso fue así ¿Se escucharon las voces de quienes hoy escriben para defender a quien había que defender, otrora y no hoy? ¿Alguno de ustedes levantó su voz ante la ignominia que Ud. describe aquí, siendo que estaban enterados de la vileza, según se infiere de su texto? ¿O la confabulación que Ud. menciona tuvo cómplices por doquier, por acción, por omisión, por comodidad, por beneficio, por sinverguenzura? Porque de poco le sirven al país las lloraderas al día de hoy; de poco le sirven al país este tipo de "consideraciones profundas"; de nada le sirve a Pérez el que despues de haberle dado una estocada ante la que él dijo que "hubiera preferido otra muerte", ahora se presente ud. con esta misiva absolutamente intrascendente y que lo que deja es una gran interrogante, por lo menos a mí, como ciudadana de este país. Porque ante nosotros los ciudadanos, ajenos absolutamente a todo el malandraje, la sinverguenzura, la desfachatez, los chanchullos politiqueros, civiles y militares, de este nuestro pobre pais, Carlos Andrés Pérez quedó como un pillo, máxime cuando el promotor/ejecutor fue un hombre como Escobar Salom, a quien consideraba yo, por lo menos, una persona de respeto como jurista y quien ahora, ante esto, queda como el ejecutor miserable de una ignominia que en parte nos condujo a este desastre.
¿Cree usted que quienes callaron pasarán impunes Clavier? Pues NO. No pasarán impunes. Probablemente ante la ley terrenal si, no tengo dudas, habida cuenta que dicen ser contrarios pero a la postre comen del mismo lodazal y beben del mismo charco; pero ante la Providencia no pasa nadie liso. Les llegará lo que le corresponde a cada uno de ustedes, civiles y militares, activos en aquel entonces, de baja hoy.
Q
uien participa en acciones viles y lleva a un hombre a este extremo, jamás, entiéndalo bien Clavier, JAMÁS pasa liso en la vida.

Que esta imagen los persiga hasta que así sea.

Por: José A. Clavier - Cuando me encontraba en la mitad de la lectura del libro “La Rebelión de los Náufragos”, me he enterado que ha fallecido el Ex-Presidente Carlos Andrés Pérez. ¡Que ironía! Justo cuando había aprendido a admirar al gran demócrata que fue, el hombre nos deja. Es sumamente triste darse cuenta de que la idea que sobre él se había formado en nosotros a través de los años no fue la correcta. Resulta que el hombre protagonista de escándalos como el “Sierra Nevada” y la “partida secreta”, al final, no fue más que una víctima de un enjambre de odios, rencores y envidias. Enfocándonos en el libro, debo decir que es una pieza clave para cualquiera que quiera conocer una parte interesantísima de la historia contemporánea de Venezuela. Escrito de una manera muy amena, no provoca dejarlo hasta que se termina, hecho este muy raro en un libro que no es una novela, aunque tiene sus tenues destellos novelescos. El libro refleja como Carlos Andrés después de ser el líder populista de “La Gran Venezuela”, se presenta para un segundo periodo siendo otra persona. Sin que nadie lo pueda explicar, su pensamiento evolucionó y entendió que el modelo rentista del pasado estaba agotado, lo que lo llevó a querer introducir un nuevo modelo: el de la Venezuela productiva. Al paquete de medidas económicas propuesto se le conoció como “El gran viraje”. Lamentablemente, el estamento político imperante en Venezuela sencillamente no entendió ni sus nuevas ideas, ni las medidas que se pretendían tomar. Por su parte, Pérez consideraba a los partidos (incluyendo el suyo) entes arcaicos incapaces de entender el plan que se quería ejecutar. No se sentía confortable trabajando con Acción Democrática que era el partido de gobierno. Eso el partido no se lo perdonó, y a la larga, se lo cobraría con creces. En general la sociedad venezolana no estaba lista para aceptar las consecuencias del famoso paquete: los empresarios, los políticos, los medios de comunicación, los trabajadores y los militares. Todos tenían sus inconvenientes con el paquete. A todos los afectada de una manera u otra. Con su paquete Pérez tocó muchos intereses al mismo tiempo y de una manera inesperada. Los empresarios no querían competir, los políticos no querían perder el poder y sus privilegios, los militares no iban a perder sus prerrogativas amparadas en el secreto militar y los trabajadores se vieron afectados por el “shock” de un paquete Fondo Monetarista con su impacto inflacionario en las primeras de cambio. Hay muchos detalles del libro que resaltan. Por ejemplo, la conducta de los tecnócratas, su desempeño ejemplar, dedicado y transparente. No hay una sola, pero ni una sola, denuncia o juicio hacia los llamados “IESA Boys”, que en cuestión de tres años pusieron a rodar sobre muy bien delineados rieles a la economía venezolana. Aunque si hay un consenso en cuanto a su carencia del manejo de lo político, a lo que muchos atribuyen la crisis posterior. Los tecnócratas eran los expertos en la materia económica, y lo hicieron muy bien en ese campo; pero el estadista era Carlos Andrés. En el libro se sostiene que CAP sobre-estimó sus habilidades. Creyó firmemente que con su carisma y su popularidad podía hacer que la sociedad venezolana asimilara los efectos brutales del paquete de ajustes. En eso se equivocó el andino. El libro contiene reveladoras entrevistas con los protagonistas de la época como Eduardo Fernández (quien entregó su carrera política en este intento), Beatriz Rangel, Carlos Blanco, Carrera Damas y muchos otros. Debo decir que la entrevista mas simplista y decepcionante resultó ser la de Teodoro Petkoff quien cae en el lugar común de decir que a Pérez simplemente lo sacó la desbordada corrupción. Sin embargo, hay una frase elocuente de Beatriz Rangel que desafía la monserga popular de que Pérez era un corrupto: “a mí me da risa cuando dicen que sacaron a Carlos Andrés por corrupto… No, no, no a Pérez lo sacó la corrupción”. En una confabulación inesperada y pocas veces vistas en la historia, la izquierda y la derecha convergen en un fin común: salir de Pérez. Luego que todos los golpes y rebeliones habían fallado, solo restaba el golpe institucional. A Pérez se le manufactura un expediente y todas las instituciones aportan su grano de arena para lograr el fin único: El fiscal acusa, la corte aprueba el antejuicio de merito y el congreso está dispuesto a dar la estocada final para despojarlo del poder. Un expediente disparatado es ensamblado por el fiscal con la ayuda de gente de la calaña de José Vicente Rangel, quien para entonces ejercía el periodismo y quien cultivaba la denuncia como una institución. El peculado no fue posible probarlo y al final CAP es sentenciado por malversación de fondos, que en la mayoría de las legislaciones del mundo es considerada una irregularidad administrativa y no un delito. Siendo CAP un hombre exitoso a lo largo de toda su vida, en ese transcurrir dejó a mucha gente de lado que no tuvieron el mismo éxito o resultaron derrotados por El Gocho en diferentes contiendas. Todos esos náufragos, cuyas ilusiones quedaron en el camino, se confabularon para darle un golpe final a Carlos Andrés y sacarlo del poder. Todas esas ánimas resurgieron con fuerza incontenible y dieron rienda suelta a toda clase de odios, rencores, resentimientos y sobre todo facturas pendientes. Los famosos “Notables” encabezaron la lista de gente que se la cobró en un momento de vulnerabilidad extrema. El pasar de los años y la serie de acontecimientos posteriores han demostrado que todos esos espíritus pequeños que pensaron en ellos y solo en ellos, jamás colocaron al país por delante. Por colocar solo un ejemplo, tal vez el más emblemático: El doctor Caldera tenía que ser presidente de nuevo así el país se cayera o se destruyera en el intento, eso no importaba. De acuerdo al Dr. Alberto Arteaga, su abogado defensor, el expediente estuvo plagado de inconsistencias y barbaridades jurídicas amparadas de manera increíble por el más alto tribunal de la república, como aquella de acusar de peculado y malversación de fondos, cuando jurídicamente ambos delitos no pueden coexistir. A pesar de que el Gocho sabia que todo era una oscura maniobra de enemigos históricos y circunstanciales nunca se amilanó, soporto todo el proceso con estoicismo y gallardía. Al final cuando entendió que estaba perdido, entregó el poder y cumplió con todas las formalidades del caso. En una conducta ejemplar digna de un demócrata, prefirió inmolarse que prestarse a intentonas o aventuras que no faltó quien se las propusiera. Pero lo que demuestra la grandeza de espíritu y su nobleza fue el hecho de que nunca actuó en reciprocidad ante tanta injusticia, nunca se le oyó una injuria, una acusación y eso es lo que lo hace un hombre grande ante la historia. Se fue por la vía institucional a sufrir su purgatorio. Pero como él decía: “llueve y escampa”. La aparición de este gran libro, que le debemos agradecer a Mirtha Rivero, es una muestra de que está empezando a escampar. Carlos Andrés Pérez, un demócrata a carta cabal, ¡Descansa en Paz!