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jueves, 30 de diciembre de 2010

Cicerón

Todas las cosas fingidas
caen como flores marchitas,
porque ninguna simulación
puede durar largo tiempo.
CICERÓN, Marco Tulio

Palabras de Diego Arria



En el velorio de Carlos Andrés Pérez - Ex Presidente de Venezuela - Miami, Florida 28 de diciembre de 2010 - Nunca sentí -como hoy- mayor responsabilidad en decir unas palabras que por más que lo intente estarán cargadas de sentimientos que me acompañan desde que en 1973 Carlos Andrés Pérez me invitó a acompañarle en la campaña que le llevo a su primera presidencia. Claro sin advertirme que eso implicaba seguirle caminando por toda Venezuela. Llegué a conocerlo muy bien - por eso no se me escapan- ni se me escaparon sus múltiples defectos - pero precisamente por haberlo conocido tan bien - menos aún se me escaparon sus excepcionales virtudes como persona y como jefe de estado - resumidas en un ilimitado amor y dedicación por Venezuela y por su gente. Esa fue la causa a la que le dedicó su vida entera y por lo cual estamos hoy aquí con el. Para los que nos animan solo los intereses del país sobre cualquier otra consideración, sus virtudes superaban por largo sus defectos como lo confirman los mensajes recibidos de jefes de estado y de personalidades del mundo entero.
Amigos todos - Agradezco profundamente a sus familiares mas cercanos y queridos la oportunidad de hablar unos minutos de Carlos Andrés Pérez. El hombre de estado, el dos veces presidente de Venezuela, pero siempre: El Gocho, el Muchacho de Rubio. CAP como lo conocimos todos. No quiero ahondar en lo que la historia comienza a develar de aspectos que se han mantenido sumergidos por largo tiempo. Ya se han producido excelentes libros... y muchísimos mas se escribirán. Por eso a CAP le gustaba decir: ”Llueve y Escampa”. Y yo agrego: Así es el caso. La pradera está seca y el sol se vislumbra. A lo largo de estos años observé que la gente no permanecía indiferente ante él. Que lo amaban o lo odiaban. Su carisma atraía estos sentimientos tan encontrados pero nadie quedaba indiferente, porque la claridad de sus posturas no dejaba margen a interpretaciones. No fue por eso accidental el slogan de su primera campaña: ”Carlos Andrés va de frente y da la cara”. CAP el hombre de estado. No había un gobernante de estado serio que no confiase en la capacidad de conciliación que le caracterizaba. Esta condición le permitió convertirse en figura central del proceso de pacificación de centro América, de Haití de la recuperación del Canal de Panamá. Como dijo el ex presidente Ricardo Lagos de Chile “convirtió a Venezuela en “el asilo contra la opresión”. CAP eligió al país y su progreso por encima de su partido. Cuando el progreso del país lo exigió y tuvo que elegir, no titubeó. El conformismo no era su credo: Venezuela nace al siglo XX, no con López ni Medina, sino con CAP, y en ese empeño supo enmendar sus propios errores y adaptarse a las exigencias de la modernidad. Supo liderar causas con razones y con hechos, tanto nacionales como internacionales; ninguna de ellas ha perdido vigencia: prioridad al desarrollo económico nacional; descentralización; reforma del estado; educación de vanguardia; globalización como reto positivo; interdependencia internacional; la democracia como ideología y praxis. No en vano supo codearse con todos los lideres de su tiempo en un plano de igualdad en las ideas y en los hechos. CAP fue un civilista y supo al momento de la prueba final de sus convicciones, al momento del golpe institucional, poner la civilidad y la institucionalidad de la democracia por encima de todo, dejándonos una lección de política que aun debemos aprender como sociedad; los que queremos y admiramos a Carlos Andrés Pérez no tenemos necesidad ni queremos idealizarlo ahora-pero leí una vez algo que me lo recuerda: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Porqué así, con decisión, actuó nuestro amigo. Un hombre muy complejo en todas sus dimensiones. Que no quería que se le llegase a recordar como contraste ante la tragedia que sufre hoy el país y que tanto le angustiaba, sino por haberse atrevido a poner en manos de sus compatriotas el petróleo, el hierro. Por haber apostado por la juventud enviando mas de cuarenta mil jóvenes a formarse en los mejores centros de educación del mundo. Sin imponerle condiciones a ninguno de ellos Carlos Andrés Pérez quería que Venezuela estuviese muy bien armada. Para su defensa interna. Externa. Y para garantizar un sitial importante en el mundo. Por eso su armamento escogido fue el de explotar el talento de los jóvenes. Nunca confundió ni intentó sustituir la historia del país con la suya. Conocía bien su rol. Nunca exageró su importancia personal. Nunca gobernó para el día siguiente. Gobernó para todos los venezolanos y lo demostró de sobra en sus actuaciones. Le horrorizaba el apartheid en Sudáfrica tanto como le horrorizó como se implantó ahora en Venezuela. CAP dejó instrucciones precisas y en forma pública de no ser enterrado en Venezuela hasta tanto no sea depuesta la tiranía que la flagela y tengamos un gobierno democrático, libertario, plural, respetuoso de los principios que el mismo labró, cultivó y cosechó. El destino de grandes hombres venezolanos parece ser el de no morir en su patria. Pero su pensamiento y sus obras no son desterrables. Si bien es cierto que CAP estaba fuera de Venezuela, el país habitaba permanentemente en sus inquietudes, sus sueños y sus aspiraciones. Igual que le acontece a cientos de miles de compatriotas obligados a estar fuera de nuestra patria. Mi amigo Moisés Naím - un Ayacucho - escribió ayer:“ “...este hombre tan defectuoso fue un venezolano excepcional y un gigante moral y políticamente superior a la gran mayoría de sus acusadores... murió viendo como en su país sus ideales eran pisoteados a diario y su legado era despreciado hasta por quienes se beneficiaron de su obra. Pero los hechos son tercos y, tarde o temprano, afloran. La historia lo reivindicará como uno de los grandes líderes continentales del siglo XX”. Pero el crimen contra los intereses nacionales se cometió y hoy lo pagamos todos. La oración fúnebre escrita por Tácito sobre el General Cnaeus Julius Agrícola tal vez la mas hermosa jamás escrita sobre un hombre político resalta como son desde siempre las similitudes en los destinos de los grandes hombres- sacrificados por sus propios conciudadanos. Decía Tácito: "Séanos dado honrarte, no tanto con pasajeras alabanzas si no con nuestra admiración, y si nuestras fuerzas lo permiten, con nuestra emulación. Que ella sea la prueba de verdadero respeto, la expresión de afecto de tus mas cercanos...".
Por eso hoy no quiero sino decirle “. Querido Carlos Andrés aquí estamos de pie sus amigos que hoy lo acompañan - y los que en nuestra tierra lo están de corazón, porque compartíamos con usted el mismo propósito – el de una Venezuela unida en paz en progreso y con oportunidades para todos. Rescatar al país será la mejor manera de honrarle y ese compromiso no descansará en paz hasta que lo logremos.