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lunes, 10 de mayo de 2010

El fuete de Chávez


La Legislatura al mando de Hugo Chávez acaba de aprobar una reforma de la Ley del Tribunal Supremo de Justicia, casi a la medida del Primer Mandatario. Para sellar completamente el círculo dictatorial, a los parlamentarios sólo les faltó darle a Hugo Chávez el máximo poder para administrar la justicia.Para muchos, por ahora, esto no es necesario. Primero, porque como dice Rayma en su caricatura de este lunes en El Universal ya "el peso de la ley es proporcional a la simpatía que tenga el reo con el régimen". Segundo, porque ahora con la reforma de la Ley, la Sala Constitucional podrá revisar cualquier sentencia, incluyendo las definitivamente firmes, de cualquier Sala o Tribunal de la República. Es de dominio público la influencia que puede ejercer el mandatario en ese ente.Y, tercero, porque con ley que lo ampare, o sin ella, ya Chávez hace de la justicia venezolana lo que le viene en gana.Evidencia reciente de ese poder omnímodo del mandatario se plasmó cuando afirmó que la expropiada hacienda La Carolina, de Diego Arria, sólo sería devuelta a su propietario "si lo tumbaban" a él de la Presidencia. Ante tal declaración del Presidente ¿habrá algún juez que se atreva a aplicar la ley y restituirle la propiedad a Arria? Los jueces, casi en su totalidad, se mirarán en el espejo de María Lourdes Afiuni, la juez de la República que es hoy una rea de Chávez por dictaminar, totalmente ajustada a Derecho, una medida de libertad bajo régimen de presentación a favor de Eligio Cedeño, otro perseguido de Chávez. El poder del fuete justiciero del mandatario, también se plasmó en la condena a 7 años y 11 meses de prisión al general Raúl Isaías Baduel, por supuesta corrupción. Según se afirma, Baduel estaría purgando el haber obligado al Presidente a aceptar su derrota en el Referendo de la Reforma Constitucional de 2007. Para quienes aún puedan pensar que éstos son casos puntuales y no forman parte de una estrategia para el sometimiento de la población, se les recuerda algunos de los últimos avances dictatoriales: 1) Los "exprópiese" del dedo del mandatario en plena Plaza Bolívar caraqueña, que afectó a edificios y comercios de pequeños joyeros. 2) La expropiación del Sambil de la Candelaria y de los galpones de Empresas Polar de Barquisimeto. 3) La persecución contra los corredores de bolsa, a quienes les echa la culpa del desbarajuste del mercado permuta. 4) La detención ilegal y el maltrato que recibieron más de 40 propietarios de pequeñas carnicerías de Caracas, por supuesta especulación. 5) La solicitud presidencial de una lista de "especuladores", a su entender culpables de la ingente inflación, a quienes no se sabe qué tortura les deparará.Ésta es una lista muy corta de los miles de casos de exterminio del sector privado y de toda disidencia que se ha ejecutado durante este Gobierno.. Disponible en inglés en: www.veneconomy.com a partir de las 4:00 p.m.

Respuesta de Diego Arria S. a Chavez


Declaración del embajador Diego E. Arria en respuesta a lo ataques del Presidente Hugo Chávez a raíz de la invasión y robo por parte del estado de la finca La Carolina - En sus declaraciones del día 8 de mayo, transmitidas por Venezolana de Televisión en un acto de su partido político, el Presidente de Venezuela Teniente Coronel (r) Hugo Chávez Frías ha confirmado que la apropiación indebida de mi finca La Carolina, en el Estado Yaracuy, se debe única y exclusivamente a una decisión política suya.
El Presidente Chávez dijo textualmente "si quiere la finca tendrá que ‘tumbar a Chávez porque esto es ahora de la revolución”. Igualmente confirmó que fué por orden suya que funcionarios del Instituto Nacional de Tierras (INTI) asaltaron a mano armada mi casa y, sin ningún tipo de asidero legal, se apoderaron de la Hacienda La Carolina.
Con sus precisas declaraciones, el presidente Chávez contradice las afirmaciones de sus funcionarios acerca de las bases legales o agrarias de la decisión de apropiarse de mi propiedad, y aclar que no hay otra motivación que la retaliación política contra mi.
El Presidente de la República dejó muy claro que es cómplice en la sustracción de mi propiedad. Sus propias palabras demuestran, irrefutablemente, que en esa decisión se violó el debido proceso y no hubo respeto alguno por mis mas fundamentales derechos como ciudadano ni menos aún por el atropello de nuestros trabajadores.
El presidente Chávez será mi mas valioso testigo en los juicios que llevaré adelante para recuperar los derechos a los que tengo derecho como venezolano. Estas actuaciones no pueden quedar impunes en Venezuela, ni en los tribunales internacionales adonde voy a llevar adelante todas las gestiones para la defensa de mis derechos, y los de miles de otros venezolanos que han sido saqueados impunemente debido a decisiones arbitrariamente tomadas, apoyadas, promovidas o toleradas por el teniente coronel Hugo Chávez Frias.
El teniente coronel no tiene necesidad de retarme a que lo tumbe: le regalo la finca para que se retire allí siempre y cuando nos devuelva el país y la paz a los venezolanos. Es hora de que se vaya.
Por nuestra parte, esta semana cumpliré con el ritual de entregar - nuevamente - toda la documentación de la titularidad de La Carolina que prueba de manera absoluta nuestros legítimos derechos. Lo haré en acto público para los venezolanos y para los medios nacionales e internacionales.
Es de sobra conocido que soy un fuerte crítico del gobierno de Chávez y de la mane a como está empobreciendo y coartando las libertades y los derecho civiles de los venezolanos. Igualmente que la orden del Presidente de invadir mi finca ha sido por las repetidas y documentadas denuncias que vengo haciendo por doquier sobre su régimen .
Sobre ese particular no tengo la mas mínima duda que mas temprano que tarde Hugo Chávez será objeto de sumo interés para la justicia internacional y en particular para instancias que me son familiares por ser yo uno de sus reconocidos promotores.
Durante años me ha tocado lidiar y participar en problemas mucho mas serios y con personajes de peor tenor, pero de mayor sagacidad que el Presidente Chávez tales como los que él llama “sus hermanos”: Saddam Hussei, Muhammar Gaddafi, Robert Gabriel Mugabe. El Presidente Chávez no se puede imaginar como se veía de pequeño Slobodan Miloševic en el tribunal en La Haya cuando fui uno de los principales testigos en su juicio.

En septiembre regresaré a ese mismo tribunal como testigo en el juicio a Radovan Karadzic, otro criminal de los Balcanes que evadió la justicia por quince años. Esta historia reciente debería ser motivo reflexión para constatar el final que tuvieron aquellos que pensaban esta por encima de la ley y fuera del alcance de la justicia internacional
El presidente Chávez busca acabar con la propiedad privada porque sabe que es la base y el sustento de la libertad. La gran mayoría de los venezolanos clama por el derecho legitimo y constitucional de ser los dueños de un paias y de su destino. Es intolerable vivir en un país donde los únicos propietarios con derechos sean el Presidente, su familia, sus jerarcas y sus asociados.
Los venezolanos estamos hartos de la incompetencia del Presidente Chávez, de su irresponsabilidad, de sus vulgaridades y de sus abusos. Después de malgastar, malversar y regala 950 mil millones de dólares en 11 años, no hay café, ni carne, ni aceite, leche, ni electricidad con la cual cocinar, iluminar nuestros hogares o ver televisión. Millones de venezolanos viven racionados y atemorizados como en ciudades y pueblos en guerra. La inflación ha acabado con la calidad de vida de todos. No aguantamos la muerte violenta como modo de vida, la impunidad como política de estado, el desastre como destino seguro.
A esta tragedia que se profundiza día a día, se suman las decenas de presos políticos, el cercenamiento de la libertad de expresión el secuestro de los medios de comunicación, el criminalizar la justicia como política de estado para perseguir a la disidencia y el abuso de utilizar la Fuerza Armada para someter y pisotear los derechos ciudadanos
La realidad es que Hugo Chávez Frías ha condenado a muerte el futuro -sobretodo de los más pobres y de los más jóvenes. Impedir que ejecute esa sentencia es la máxima prioridad para poder vivir en paz, para reunificar al país reconstruirlo para beneficio de todos los venezolanos.
Al invitarme a que le tumbe para que se me haga justicia el Teniente Coronel Chávez se erige desafiante en el equivalente al Muro de Berlín. La historia es clara. El muro cayó cuando la gente se harto. El poder ciudadano es indetenible cuando se activa.

Venezuela: la salida será por el centro


Por: Fernando Mires (Chile) 1. Elecciones parlamentarias son en una democracia un procedimiento formal en donde perdiendo o ganando es posible reordenar la correlación política de fuerzas mediante sustituciones y nuevas alianzas. No ocurre lo mismo en un marco determinado por una dictadura militar. En esas circunstancias las elecciones son llevadas a cabo en un ambiente lleno de miedos, incertidumbres y dudas, y por si fuera poco, en un espacio extremadamente polarizado donde no caben alternativas intermedias.Las elecciones bajo una dictadura no cumplen, luego, la función de reordenar el juego político. Mediante elecciones, muchas veces fraudulentas, los dictadores buscan obtener una nueva carta que les permita aumentar su poder, esta vez por la vía de la legitimación pública. No son las elecciones, como en las democracias, un fin en sí. Son un simple medio de un proyecto que culminará con la toma del poder total. De ahí que para los dictadores las elecciones son sólo batallas que hay que ganar para, en un momento dado, destruir políticamente a sus enemigos. Esa es la razón por la cual los dictadores, en las raras ocasiones en que pierden elecciones, no reconocen los resultados.Mas, por otro lado, la pérdida de legitimación política – y este es el riesgo que corren los dictadores al convocar a elecciones- ha sido en muchas ocasiones el comienzo del fin de cada dictadura, a menos de que la dictadura acepte la chance de la democratizació n del poder, decidiéndose a compartir algunas partes de ese poder, con la oposición. Está quizás de más decir que en la historia no hay ni un solo ejemplo parecido. En efecto, es mucho más fácil que una democracia se convierta en una dictadura a que una dictadura se convierta en una democracia. Ese es también el dilema que probablemente enfrentará el gobierno militar de Chávez a partir del 26 de septiembre del 2010. Naturalmente no faltará quien opine que ese dilema es falso porque el gobierno de Chávez no es en sentido estricto una dictadura, o por lo menos, no es una dictadura clásica.En sentido estricto, una dictadura se caracteriza por la militarizació n de poder político y por la concentración bajo un solo mando de los tres poderes del Estado. En el caso de Venezuela basta observar la hegemonía de los cuadros militares en los aparatos de poder, o la extrema militarizació n que han alcanzado las organizaciones sociales de las cuales las llamadas “guerrillas comunicacionales” son sólo el último ejemplo. La celebración de efemérides civiles con paradas militares al estilo norcoreano es otro ejemplo. La verdad, ni siquiera las dictaduras del Cono Sur llevaron a cabo una militarizació n tan detallada de las instituciones públicas y de las organizaciones sociales como la que está teniendo lugar en la Venezuela de Chávez.En cuanto a la concentración autocrática del poder, y más allá de que la AN haya sido regalada a Chávez por una errática oposición, el hecho objetivo es que la AN es una dependencia más del ejecutivo. Del poder judicial ni el más empecinado chavista podría negar que se encuentra al servicio de las decisiones y ocurrencias del presidente. Los presos políticos son, por último, el trágico testimonio de la existencia de una dictadura pues como dijo una vez el ex Presidente de Costa Rica, Oscar Arias: “en una democracia no hay presos políticos”. De tal modo, no veo ningún impedimento ni político ni politológico para referirse al gobierno de Venezuela como a una dictadura militar, una más de las tantas que han asolado nuestro desdichado continente.Después de todo, la gran mayoría de las dictaduras han sido plebiscitarias. Se argumentará quizás que el gobierno de Chávez no es dictadura porque no es plebiscitario sino electoral. Falsa afirmación: Chávez ha convertido cada elección en un plebiscito en torno a su persona. En Venezuela se vota a favor o en contra de Chávez; así de simple.2. No obstante, todas las dictaduras alcanzan, tarde o temprano, su periodo de descenso. En ese sentido algunos comentaristas venezolanos, basados en recientes encuestas, opinan que la dictadura de Chávez ha comenzado a vivir su fase terminal. Sin embargo, basar opiniones en encuestas es en política algo arriesgado, sobre todo si estamos hablando de un líder como Chávez quien ha demostrado, y más de una vez, capacidad para revertir encuestas, aún al precio de amenazar con prisión a los contrincantes. Recursos monetarios le sobran, y los medios de propaganda y coerción que maneja, son múltiples.Hay que reconocer, no obstante, que para Septiembre del 2010 los candidatos que enviará Chávez a la palestra pública no las tendrán todas consigo. No sólo porque el país atraviesa una profunda crisis económica y energética, irrecuperable a corto plazo. No sólo porque sus candidatos ostentan un bajísimo nivel político. No sólo porque después de 11 años el mandatario no ha podido, quizás no ha querido, resolver los problemas más inmediatos de la sociedad venezolana, entre ellos el sistema hospitalario y la seguridad pública. Además, y por si fuera poco, Chávez ha unido el destino de su nación al de otra nación en bancarrota económica, política y moral: la Cuba de los Castro, hasta el punto que el siniestro hermano menor opina que Venezuela y Cuba son cada vez más “la misma cosa”.Intentar ganar elecciones ofreciendo como alternativa el modelo cubano es un desatino increíble. Pero además de eso, el más grave problema para Chávez es que no sólo necesita ganar. Para que su proyecto de totalización del poder pueda ser posible, necesita, sobre todo, ganar de un modo abrumador, o como dice en su tierno lenguaje, necesita “pulverizar a la oposición”. Y ese objetivo, por lo menos hasta el día en que se escriben estas líneas, parece inalcanzable. Veamos:De las elecciones de Septiembre del 2010 pueden surgir cuatro alternativas. La primera es que efectivamente Chávez obtenga una mayoría abrumadora. Si esto ocurre el destino de la nación tendrá sus días contados. El de la oposición, y sobre todo el de la disidencia, también. Ya hablaremos de eso.La segunda alternativa es que la oposición pierda, pero obteniendo un porcentaje respetable de votos, digamos, no menos o alrededor del 45%. Si eso ocurre, se mantendrá hasta el 2012 -cuando tengan lugar las elecciones presidenciales- el neurótico empate que caracteriza la vida política de Venezuela. En esa dirección, aún perdiendo, la oposición podría obtener algunas ganancias relativas: aumentar por ejemplo su presencia discutitiva en la AN, o abrirse a futuras deserciones que ocurrirán en el campo chavista, y no por último, como siempre sucede en elecciones parlamentarias, generar nuevos liderazgos con vistas al 2012.La tercera alternativa sería muy buena para la oposición, y es que, dado el sistema truculento que inventaron los secuaces de Chávez para hacer imposible un triunfo de la oposición (Ley Orgánica de Procesos Electorales) , podría ser posible que la oposición obtenga la mayoría nacional, pero no la mayoría parlamentaria. En esas condiciones la pérdida de legitimidad no sólo de la AN sino, además, del propio gobierno, sería enorme.La cuarta alternativa significaría para la oposición un verdadero triunfo histórico: obtener la mayoría nacional y la mayoría parlamentaria a la vez. Se trata, por cierto, de un objetivo dificilísimo, mas no absolutamente imposible. Si eso ocurriera, la dictadura, aunque no el gobierno de Chávez, habría llegado a su fin.En síntesis, de las cuatro alternativas Chávez tiene solo una positiva. La oposición en cambio cuenta con una sola alternativa muy mala, con una buena, con una ni tan buena ni tan mala y con una extraordinaria. Vale la pena jugarse.O para decirlo en pocas palabras: las probabilidades de que la dictadura de Chávez no quede bien parada después de Septiembre del 2006 y que a partir de esa fecha comience su fase de descenso, no son pocas. Lo cierto es que el resultado de las elecciones del 2010 será muy decisivo para el año 2012,Pensar en el 2012 en medio del 2010 es, por supuesto, un error político. Pero no es un error politológico, y vale la pena aclarar la diferencia. Desde el punto de vista político lo único que debe hacer la oposición es concentrar todos sus esfuerzos para obtener un triunfo electoral. No tiene por lo demás otra alternativa. Desde el punto de vista politológico, que no es el de los políticos sino el de los analistas de la política, hay que barajar todas las posibilidades, analizar todos los escenarios y extraer todas las consecuencias posibles. El analista que escribe sólo de acuerdo al escenario político inmediato es un mal analista, de la misma manera que el político que piensa en plazos demasiado largos es un mal político. La política es presente y nada más que presente.Ahora, desde el punto de vista politológico, y no desde el político, es posible suponer que a partir de las elecciones de septiembre del 2010 existirán condiciones para que comience, definitivamente, el periodo de descenso de la dictadura de Chávez.Mi otra afirmación – que es a la vez la tesis central del presente artículo- es que la redemocratizació n de la política venezolana deberá ocurrir a través del centro político y no a través del polo que representa el anti-chavismo más radical. ¿En qué baso esa afirmación? Primero, en muchas experiencias históricas. Segundo, en que en Venezuela no sólo existe una oposición políticamente constituida sino, además, una disidencia representada en estos momentos por los sectores que siguen al chavismo constitucional del gobernador del Estado Lara, Henry Falcón. Esto significa que en Venezuela se dan todas las condiciones para que –más temprano que tarde- tenga lugar una relación dialéctica entre oposición y disidencia, relación que es, a la vez, el preámbulo del descenso de toda dictadura. La tercera razón es que el ambiente internacional, sobre todo el latinoamericano, es y será cada vez más desfavorable para un proyecto radical y polarizante como el que representa Hugo Chávez. Vamos entonces por partes.3. Antes que nada hay que constatar que el tema relativo al descenso de las dictaduras no ha sido una ocupación predilecta de la teoría política. A diferencia de la abundante literatura que existe acerca del tema de la articulación y ascenso de los movimientos nacionalistas y populistas que han llevado al establecimiento de dictaduras, el del descenso y de la desarticulació n política de las dictaduras ha sido tratado con cierto descuido. Razón inexplicable pues acerca de ese tema existe un nutrido aporte historiográfico.Uno de los pocos autores que ha tratado el tema del descenso dictatorial desde una lúcida perspectiva teórica ha sido Nicos Poulantzas en su ya antiguo pero siempre actual libro “La crisis de las dictaduras: Portugal, Grecia y España”. En ese texto Poulantzas hace algunas constataciones básicas que son perfectamente traspasables a otras experiencias históricas. Una de ellas es que la condición del descenso dictatorial surge cuando en el “bloque en el poder” aparecen notorias fracciones o rupturas (disidencias) . Otra, es que esas fracciones se articulen con la oposición democrática al régimen, teniendo lugar así una alternativa “centrista”. Por último, para Poulantzas –marxista al fin- el proceso de democratizació n política es inseparable de la modernización económica que tiene lugar a nivel internacional. Todas esas condiciones se dieron efectivamente en el descenso de las dictaduras sur-europeas.Si no hubiese aparecido la disidencia interfranquista representada por el habilidoso falangista Adolfo Suárez; si no hubiese aparecido la disidencia militar al interior del ejército colonial de Oliveira Salazar; si la oficialidad joven de Grecia no hubiese desobedecido a los “coroneles”, la democratizació n de esas naciones no habría sido posible sin pasar por los traumas de cruentas guerras civiles. En todos esos casos la salida ocurrió no por los extremos sino por el centro.Del mismo modo, la segunda ola democratizadora (Hungtinton) que fue la ocurrida en la URSS y en sus satélites de Europa Central y del Este, también fue posible gracias a las disidencias que tuvieron lugar al interior de las Nomenklaturas (clases dominantes de Estado).La caída de las dictaduras comunistas comenzó a vislumbrarse desde el momento en que al interior del Partido Comunista Soviético, Gorbachov, un hombre del régimen, pasó a ser el portador de una disidencia intra-dictatorial. No fue, por lo tanto, la heroica resistencia anticomunista sino el pragmatismo gorbachiano el hecho que permitió el enlace entre la oposición interna y la disidencia externa. De igual manera, en Polonia, la alianza entre Iglesia y Solidarnosc no habría servido de nada si es que algunos miembros de la Nomenklatura, entre ellos el propio general Jaruzelski, no hubiesen tomado contacto con la masiva resistencia democrática de la nación. Pero quizás el caso más dramático ocurrió en la RDA, cuando el dirigente comunista Egon Krenz mandó abrir el nefasto muro de Berlín oponiéndose así a las decisiones genocidas de Honecker y su esposa Margot. Tanto en ese, como en otros casos (habría que agregar Hungría y Checoeslovaquia) la salida fue por el centro, o lo que es parecido: de ese enlace, muchas veces fortuito, entre la disidencia interna y la oposición externa.De la misma manera, la tercera ola democratizadora del siglo veinte, que fue la ocurrida en América Latina de los años ochenta del pasado siglo, sobre todo durante el declive de las dictaduras del Cono Sur, tuvo como portadores a estadistas representantes del centro político. El demócrata-cristiano chileno Patricio Alwyn fue incluso uno de los impulsores del golpe de Estado de Pinochet, pero a la vez tuvo que ponerse, mucho después, a la cabeza de la democratizació n del país. En Argentina, la democratizació n no podía ser llevada a cabo por los peronistas, eternos contrincantes del Ejército. Fue Raul Alfonsín, del Partido Radical, quien tuvo que asumir la salida institucional centrista de la nación. Lo mismo ocurrió en el Uruguay de José María Sanguinetti. En todos estos casos, la salida ocurrió por el centro y no desde la oposición radical.Que la salida de una dictadura ocurra por el centro y no por los extremos, es el motivo por el cual algunos dictadores, dándose cuenta del peligro que representan las posiciones centristas, han atacado con más furia a los representantes del centro político que a la propia oposición. Recordemos que en Nicaragua, Pedro Joaquín Chamorro fue enviado a asesinar por la dictadura somocista. Lo mismo ocurrió en Filipinas con el político centrista Benigno Aquino, enviado asesinar por la dictadura de Ferdinand Marcos. En El Salvador, el asesinado Monseñor Óscar Arnulfo Romero representaba las posiciones del centro democrático y no las ultra-radicales del Frente Farabundo Martí, y así sucesivamente.4. También Hugo Chávez, a quien nadie puede negar su casi innata astucia política, ha advertido el peligro que porta consigo la disidencia interna “centrista” que representa, entre otros, el gobernador Henry Falcón.La brutalidad con que Chávez ataca a su antiguo aliado ya no tiene límites. Su propósito nada oculto es sacarlo de su camino lo más pronto posible. Quizás, desde los rincones más oscuros de su inconsciente político, advierte Chávez que Falcón, atrincherado en el PPT, puede llegar a convertirse en el catalizador de una creciente disidencia interna la que si logra enlazar con la oposición externa llevará al fin de la era chavista. O quizás presiente Chávez que Falcón puede ser el tumor visible de un cáncer cuyas metastasis se ramifican al interior del organismo del régimen, tumor que hay que extirpar lo más pronto posible. En cualquier caso, con Falcón o sin Falcón, no podrá evitar Chávez que su descenso sea signado por el acuerdo que logre alcanzar la oposición externa con la disidencia interna (o inter-chavista) . La salida será, nuevamente, por el centro.Falcón y quienes les siguen puede que sepan que el momento para comenzar el juego dialéctico entre disidencia y oposición todavía no ha comenzado. Ese juego deberá darse a partir de los resultados de Septiembre del 2010. Lo que sí seguramente saben, es que la salida será por el centro. Lo que por otra parte nadie sabe, es si la disidencia cautivará el corazón de la oposición o será la oposición la que atraiga hacia sí a la disidencia. Eso dependerá de factores que en estos momentos son imposibles de pronosticar. Pero si Falcón posee al menos la mitad del instinto político de Chávez, podrá darse cuenta que lo peor que puede suceder tanto a él como al PPT, es que los candidatos de Chávez obtengan una mayoría abrumadora en las elecciones de Septiembre. Si eso ocurre, Chávez aprovechará el momento para “depurar” sus fuerzas, y enviar a PPT a la oposición a formar otro partido socialdemócrata, de los que ya abundan en Venezuela. A Falcón le imputarán cualquier delito (conspiración, corrupción, magnicidio) y el Presidente, como ya es su costumbre, dictará sentencia desde la televisión, la que ejecutarán en un santiamén sus solícitos jueces (así funciona “la democracia” en Venezuela).Pero por otra parte es imposible dejar de advertir que en la Venezuela de nuestro tiempo, la primera gran derrota electoral de Chávez, ocurrida en el referendum del 2007, estuvo precedida por dos quebraduras disidentes de alta significación. Una política y otra militar. La política fue la deserción de Podemos y de su líder Ismael García. La militar fue la del general Raúl Isaías Baduel quien todavía paga su osadía en prisión. Ahora, las elecciones parlamentarias del 2010 ya están precedidas por dos, si no deserciones, por lo menos dos disidencias de tanta o mayor magnitud que las ocurridas el año 2007: la de Henry Falcón y la del general Antonio Rivero. Si bien este último carece del carisma que poseía Baduel al interior del Ejército, las razones de su disidencia son muchísimo más graves: la entrega de la soberanía nacional a militares cubanos. De tal manera que si uno creyera en cábalas, podría pensarse que las disidencias nombradas anuncian una nueva derrota de Chávez. Pero el análisis político no tiene nada que ver con cábalas. Lo único que es posible advertir es que todo indica que la salida será, alguna vez, por el centro. Las condiciones ya están dadas.Por si fuera poco existe al interior de la oposición un fuerte potencial centrista. La hegemonía política de la oposición no está formada, en efecto, por partidos de derecha sino más bien por partidos que en cualquiera democracia normal serían calificados como partidos de centro izquierda y centro-centro. La derecha a la que se refiere Chávez con tanto ahínco, tiene una existencia política altamente precaria. Tampoco existe en Venezuela una oligarquía económica. Hay por cierto, como en todo país, personas adineradas, de las cuales muchas son chavistas, pero están lejos de constituir una oligarquía o una burguesía en el sentido social del término. En fin, en Venezuela no hay fuertes corporaciones agrarias como las del “interior” de Argentina o las asociaciones cafetaleras de Colombia, ni tampoco un empresariado pujante como en Brasil o Chile. En un Estado rentista, como es el venezolano, la única oligarquía posible es la “clase de Estado” que controla el petróleo, clase a la que los venezolanos llaman “chavo-burguesí a”. Y Hugo Chávez es el máximo oponente de esa nueva “clase en el poder” (oligarquía de Estado), de las que nos habla el mencionado texto de Poulantzas.5. Para Poulantzas, la última razón que lleva al descenso de las dictaduras reside en el contexto internacional. De acuerdo a su visión teórica marxista, el desarrollo de la economía capitalista a escala mundial había penetrado al interior de países como España, Portugal y Grecia, produciéndose así una inadecuación entre la superestructura política equivalente a estructuras agro-oligárquicas, y la modernización económica.Dejando de lado ciertas interpretaciones mecanicistas en las que incurrió Poulantzas, hay que rescatar la idea de que en el contexto europeo los gobiernos dictatoriales que regían esos países constituían una rémora difícil de soportar. Ampliando esa interpretació n hacia las revoluciones anticomunistas de 1979-1980, es posible convenir que lo que buscó Gorbachov, en una primera instancia, no fue el fin del comunismo, sino la europeización económica y tecnológica de la URSS, hecho que pasaba por la modernización de las arcaicas estructuras correspondientes al periodo de la industrializació n pesada, pero no al de la industria digital, plano en que la URSS se encontraba muy atrasada. Y nuevamente ampliando la interpretació n de Poulantzas, esta vez hacia el caso latinoamericano, podemos advertir que el descenso de las dictaduras del Cono Sur comenzó a tener lugar cuando éstas dejaron de cumplir un papel funcional en la lucha en contra de un enemigo que ya no existía más: el comunismo. En fin, en los tres casos mencionados hay una cierta relación de correspondencia entre los imperativos que demanda el contexto internacional y la existencia de estructuras políticas arcaicas.Ahora bien, si se analiza el discurso político supuestamente “antimperialista” de los Castro, Chávez, y sus aliados del ALBA, lo primero que salta a la vista es el enorme grado de regresividad histórica que comporta. En efecto, tanto los hermanos Castro como Chávez representan gobiernos de la Guerra Fría, pero sin Guerra Fría. Si ese discurso antagonista de Guerra Fría pareció funcionar durante la era de Bush, con Obama funciona de modo muy defectuoso. Debido a esa razón Chávez ha decidido trasladar sus imaginarios antagonismos ya no tanto en contra de “el imperio”, sino en contra de Colombia.En los momentos en que escribo estas líneas, Chávez se encuentra interviniendo directamente en las elecciones presidenciales del vecino país, atacando al candidato del uribismo, Juan Manuel Santos, quien habla el mismo lenguaje agresivo y militar de Chávez. Resulta así evidente que lo que más podría convenir a Chávez, a fin de impedir una salida democrática “centrista” en su país, es erigirse como el salvador de la patria amenazada por la “intervención” extranjera. En ese sentido, Santos se adapta perfectamente al rol del agresor que requiere Chávez, del mismo modo como Chávez se adapta al rol del agresor que requiere Santos. Y al llegar a este punto, permítaseme jugar con una hipótesis: ¿Contra quién va a dirigir Chávez su política agresiva si en lugar de Santos llega a la presidencia de Colombia el extraño candidato Aurelijus Rutenis Antanás Mockus quién, además, habla un lenguaje políticamente centrista, o por lo menos despolarizante, lenguaje que Chávez no entiende? Analizando el tema desde esas perspectiva, lo peor que podría ocurrir a Chávez es que las elecciones colombianas no sean ganadas por Santos. Estaríamos así frente a una muy interesante ironía histórica. Si se da tal situación, la salida por el centro quedaría mucho más abierta que antes. Pero esa es sólo una hipótesis y, en ningún caso, una tesis.
PD. Puede que deba una explicación, y es la siguiente: el centro en política no tiene nada que ver con un centro geométrico. Tampoco tiene que ver con una práctica de concesiones mutuas, ni mucho menos con una política de la ambigüedad. El centro en política es un punto de encuentro entre dos fuerzas –en este caso, la disidencia y la oposición- que descubren que para seguir existiendo deben unirse frente a un enemigo común. Luego, ese centro no está dado. Debe ser buscado.

Mockus


Por: Carlos Alberto Montaner - Antanas Mockus, exhibe un claro trastorno de personalidad: es un histrión. Antanas Mockus, el candidato puntero en las próximas elecciones colombianas, es un hombre curioso. He leído que en lituano su nombre quiere decir Antonio Moisés. Antanas Mockus tiene más gancho. (Estuve tentado a escribir que era más pegajoso, pero me contuve). Posee bien ganada fama de genio matemático y de funcionario honrado. Pasó gloriosamente por la alcaldía de Bogotá un par de veces, dejando un rastro de extravagante eficacia. El problema es que en su rompecabezas personal hay otro inquietante fragmento para alguien que se propone como presidente del país. Mockus, desde el punto de vista clínico, exhibe un claro trastorno de personalidad: es un histrión. Se retrata vestido de Superman; les enseñó el trasero a unos estudiantes que lo increpaban mientras decía un discurso en su condición de rector; no sé por qué razones (no es fácil encontrar explicaciones para un hecho así) orinó públicamente en el césped de la universidad, y se casó en una pista de circo. Debe haber otros episodios parecidos, pero estos son los que más ha visitado la prensa. ¿Es preocupante tener un presidente afectado de histrionismo? La psiquiatría norteamericana, que es la que dicta las pautas en estos asuntos, coloca el histrionismo como uno de los múltiples trastornos de la personalidad y lo trata con psicoterapia o con antidepresivos que controlan el flujo de la serotonina. El histrionismo es un pariente cómico del exhibicionismo y de la histeria colérica. También comparece en las personalidades narcisistas. Según los expertos, lo practican personas egoístas que poseen tenues pulsiones amorosas hacia el prójimo. Generalmente, son seres carentes de mecanismos de inhibición. Gentes totalmente desinhibidas que han anulado el sentido del ridículo, siempre dispuestas a llamar la atención a cualquier costo. ¿Por qué lo hacen? La hipótesis más difundida es que se trata de personas que desarrollaron egos desmedidos para compensar traumas de la infancia, pero todo eso suena a jerga freudiana. En realidad, no se sabe. Sencillamente, hay gente así. La historia contemporánea es muy rica en histriones famosos llenos de talento. Salvador Dalí es el ejemplo más conocido. Sus bigotazos, su mirada de loco, sus boutades constantes enriquecieron durante varias décadas las tertulias de todos los cafés europeos. Era un genio gracioso que se había convertido en un excéntrico profesional.Dalí comenzó su carrera de gran histrión cuando André Breton puso en circulación la estética y la ética del surrealismo. El surrealismo, entre otras cosas, era la literatura afectada por el histrionismo y por el discurso psicoanalista. Por aquellos años, Ramón Gómez de la Serna dio una conferencia sobre un elefante. Dos generaciones más tarde, Andy Warhol inauguró una variante paradójica del histrionismo: lo mezcló con una insólita dosis de timidez y le agregó un gesto de supremo aburrimiento. La variante surrealista del histrionismo se había disuelto en el arte pop. En cierto sentido, Mockus es la expresión política del surrealismo. No lo acusarán de neoliberal sino de neosurrealista. La pregunta obligada es si el histrionismo incapacita o no a quien lo practica para ejercer la presidencia. Me temo que sí. Una cosa es divertirnos y sonreír con un Oscar Wilde que da una conferencia con pantalón corto de terciopelo y un gladiolo en el ojal y otra muy distinta ver al presidente de tu país pasando revista a las tropas con esa indumentaria. Al fin y al cabo, entre los veinte ejemplos que conocemos de grandes estadistas contemporáneos, desde Churchill hasta Mandela, pasando por Rómulo Betancourt u Oscar Arias, para también hablar de los nuestros, ninguno era un histrión. Todos tenían el sentido del decoro que venía con la responsabilidad de mandar y representar a sus compatriotas. En todo caso, Mockus no sería el primer presidente histriónico en la región. A esa tribu pertenecen personas ideológicamente muy diferentes a él, pero emparentadas en la patológica pasión por ser el foco de atención: Hugo Chávez y Fidel Castro son dos buenos (o malos ejemplos). Perón es otro. Más que gobernar, los presidentes histriónicos actúan para la galería. Están siempre más pendientes de hacer un gesto que de la sustancia. Viven para epatar, para deslumbrar a la sociedad, para burlarse de los adversarios y para ser admirados. Son como las luces de bengala: un intenso chisporroteo y luego la oscuridad y el silencio. Eso no es bueno. (Firmas Press).

Frase del día

Negar un hecho
es lo más fácil del mundo.
Mucha gente lo hace,
pero el hecho
sigue siendo un hecho.

Isaac Asimov