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domingo, 2 de mayo de 2010

La traición de Hugo


Por: Iván Enrique León Hernández - Rocío San Miguel, un abogado que dirige la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, dice que el presidente Hugo Chávez está cometiendo traición a la patria. La Sra. San Miguel dice que el Código Penal venezolano define cinco elementos que, individualmente y colectivamente sin duda, constituyen el delito de Traición a la Patria (Traición a la Patria): 1) Quien atenta contra la independencia de la República. 2) Se confabula para destruir la forma política republicana que se ha dado la Nación. 3) Solicita la intervención de país extranjero en los asuntos de la política interior de Venezuela. 4) Revela los secretos políticos o militares concernientes a la seguridad de Venezuela. 5) Entrega recursos a un país extranjero, que son empleados en perjuicio de la República Bolivariana de Venezuela, sus instituciones republicanas, sus ciudadanos y ciudadanas y sirven para desestabilizar el orden social. Quien cometa cualquiera de estos cinco elementos está cometiendo traición a la patria. En base a estos cinco elementos expresamente contenidos en el Código Penal venezolano, el presidente Chávez sin duda está cometiendo traición a la patria. Funcionarios del gobierno cubano en la actualidad ocupan puestos de responsabilidad en las fuerzas armadas, y los ministerios de defensa, el interior y la justicia. Hay ciudadanos cubanos en los servicios de inteligencia nacional venezolana, y la policía nacional de reciente creación. Los cubanos de hoy son la última palabra en todos los registros nacionales del país, en el Seniat (impuestos) y Onidex (identidad nacional, el pasaporte y el control de la migración), en Pdvsa, Cantv y Corpoelec. Por todas partes uno ve en el régimen bolivariano, que los cubanos están dirigiendo el show tras bambalinas. El Presidente Chávez desde el año 2000 ha estado dando a Cuba alrededor de $5 mil millones al año en petróleo y no petróleo incluyendo bienes como dinero en efectivo - alrededor de $50 mil millones en recursos de Venezuela que constitucional y legalmente pertenecen a la nación venezolana - significa del pueblo venezolano - que han sido regalados a los Castro por Chávez. Chávez también ha regalado cientos de millones de dólares más a Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Irán. Petrocaribe, sin duda, es también ilegal e inconstitucional, y de todos modos es dudoso que nunca Venezuela recobre se en su totalidad los miles de millones que se pagan por la raída financiera a los beneficiarios de Petrocaribe. Los $28 mil millones en deuda que el gobierno de Chávez ha contratado con el gobierno de China también, sin duda, es una deuda ilegalmente contratada. Chávez también avanza sin piedad con un proyecto inconstitucional e ilegal para borrar la nación republicana y democrática venezolana, y reemplazarla por un estado militarizado socialista con él mismo como presidente en perpetuidad como sus buenos amigos los hermanos Castro y Mugabe, entre otros. El proyecto de Chávez para borrar la nación republicana venezolana es tan extremo que contempla la supresión con los actuales límites territoriales entre los estados; imagine menos estados con nuevos nombres. Los gobiernos elegidos local (municipal) y regionalmente (estado) deberían desaparecer, sustituidos completamente por las nuevas entidades bolivarianas que serían controladas por una comisión central donde Chávez asumirá la presidencia. La Corte Suprema y el Fiscal General de la República Bolivariana no han hecho absolutamente nada para detener al presidente Chávez al cometer traición a la patria. Al contrario, la CS y el FG han apoyado y refrendado los actos de traición del presidente. La Asamblea Nacional también ha saludado todos los actos de traición del presidente. Podría decirse que la actual Asamblea Nacional, Corte Suprema y Fiscal General ayudan e instigan los actos de traición en curso del presidente, de ahí que, también, están cometiendo traición a la patria. ¿Qué hay que hacer? En este momento, nada se puede hacer. "El Estado soy yo", cuenta Chávez con frecuencia, pero no sin hacer nada. La popularidad de Chávez se puede caer, y casi tres cuartas partes de la población no confía en el presidente. Pero todavía está en el asiento del conductor y no hay nadie por ahí - en el régimen o de la oposición - con la tracción suficiente para sustituir a Chávez. Es una tentación esperar que las fuerzas armadas de Venezuela puedan estar a la altura del compromiso y cumplir con su obligación constitucional de defender la República Bolivariana de Venezuela contra los actos de traición nacional, sobre todo cuando el traidor jefe es el presidente de la república. Pero nunca las fuerzas armadas se han recuperado de los dos intentos de golpe militar fallidos de 1992 en los que Chávez fue el jugador clave. Por otra parte, después de más de 11 años con Chávez como presidente, las fuerzas armadas de Venezuela se han convertido en una institución esencialmente cuadrapléjica sin cerebro. El ejército de Bolívar, la fuerza aérea, la marina y la Guardia Nacional se han politizado, corrompido, debilitado las instituciones sobre todo al mando de generales ineptos que hace tiempo vendieron su honor y el deber de la república a cambio de sus "soles" y la riqueza personal corruptamente adquirida. El argumento de la Sra. San Miguel de que el presidente Chávez está cometiendo traición a la patria es una muy poderoso. Pero con todas las instituciones del gobierno de Venezuela en el bolsillo de Chávez, es muy poco probable que Chávez sea llevado ante la justicia. El gobierno de Chávez ha odiado y temido Sra. San Miguel durante años. Pero después de esto, lo cierto es que esta mujer ha llegado a la cima de la lista de los enemigos del presidente Chávez. Nadie debería sorprenderse si Chávez ordena su detención y encarcelamiento por acusaciones falsas facilitadas por un FG y un poder judicial corrupto.
TAL CUAL / SEGURIDAD Y FAN
Traición a la patria ROCÍO SAN MIGUEL rociosm@cantv

Ser un Ex


Por: Luis Pacheco - Hace unos pocos días recibí una nota vía Facebook de una gran amiga, periodista y alguna vez compañera de trabajo y de quien no sabía hacía ya tiempo, preguntándome si estaría interesado en hablar con una de sus colegas del diario El Mundo, en Caracas. Según entendí de la corta y afectuosa nota, la reportera en cuestión quería entrevistar a ex trabajadores de PDVSA que estuviesen trabajando todavía en el sector, pero en empresas fuera de Venezuela. Por pura coincidencia, o quizás no, el diario El Nacional publicó esta misma semana una nota muy extensa sobre un grupo de petroleros venezolanos que han encontrado alguna fortuna construyendo una compañía petrolera en Colombia. Debo confesar que la nota de mi amiga me generó sentimientos ambiguos. Por un lado alegría, como petrolero, por la oportunidad de usar el vehículo de la prensa venezolana para hacer visible frente a la opinión pública venezolana —que poco a menudo se ocupa— a los más de 20.000 trabajadores que fueron despedidos de PDVSA durante el período 2002-2003. Pero por el otro lado sentí tristeza, como individuo, porque a pesar del tiempo transcurrido y de los baches sorteados durante más de siete años, uno siga siendo calificado como un ex “algo”. Esta línea de pensamiento me llevó a rumiar que en la vida, si uno trabaja y tiene algo de suerte (mala y buena), uno evoluciona de una etapa a otra. Esto hace que la vida pueda ser vista, de una manera simplista, y en mi opinión errada, como una sucesión de ex(s). Ex alumno de tal o cual colegio o liceo, ex jugador de tal o cual deporte, ex miembro de tal o cual grupo, coral, partido político, equipo deportivo, universidad, compañía y hasta ex esposo(a). Esas son muchas de las descripciones que pueblan nuestras vidas y que sirven de muletillas convenientes para describirnos, tanto positiva como peyorativamente. Suerte de etiquetas de conveniencia y faltas de profundidad. Valga la pena anotar que, salvo en situaciones excepcionales, uno nunca se transforma en ex hijo(a) o en ex padre (madre). La connotación positiva de ser ex se deriva de si la membrecía que se reclama nos da autoridad o preeminencia ante nuestro grupo social, como si de una condecoración de batallas ganadas se tratara. Lo negativo, por otro lado, se desprende de cuando esa misma membrecía nos asocia con algo que el grupo considera como una mácula denigrante o censurable. Más aún, si a ver vamos, esto de los ex(s) pareciera implicar que es más importante juzgar a alguien por la acumulación de ex(s) de un pasado reciente o lejano, que juzgarlo por las realidades del presente. Es ese presente, y la real posibilidad de contribuir a nuestro futuro y el de nuestro entorno, lo que determina nuestro verdadero valor de cara a la sociedad, y en última instancia ante nosotros mismos. Mi colección de ex(s) describe lo que fui, y quizás hasta mis posibilidades de ser, pero no determina ni me da licencia, sobre el presente. Eso solo lo hacen mis actos de hoy en día. En el caso que nos ocupa, el gobierno que en mala hora nos tocó quiere convertirnos también, como si de etiquetas se tratara, no solo en ex PDVSA, sino también en ex venezolanos. Es así que desde hoy en adelante propongo eliminar el apelativo de ex PDVSA para denominar a aquellos que dedicaron sus vidas a construir la industria petrolera que ayudó a ensamblar la Venezuela del siglo XX. Si las cualidades humanas que los llevaron a dedicar —y en algunos casos a sacrificar— sus vidas están todavía hoy presentes en sus quehaceres, en Venezuela o fuera de ella, estén o no cerca del petróleo, no son ex(s) sino son y seguirán siendo merecedores del mejor título que se puede tener en una sociedad libre: ciudadanos. Así que apenas termine de escribir y revisar estas cortas líneas, le enviaré una nota a mi amiga diciéndole que estoy más que dispuesto a conversar con la reportera de cómo los venezolanos, petroleros o no, dentro y fuera de los confines de la patria, demostramos que sí se puede construir a pesar de las dificultades y por encima de los apelativos. El día en que Colombia, que es donde hoy nos toca en suerte estar, tenga a bien recibirnos formalmente como parte de sus hijos, añadiremos un gentilicio, pero tengan por seguro que nunca seremos ex venezolanos.
El Recadero - http://elrecadero.blogspot.com/

Diego Arria S.


Por: Diego Arria - He comprobado lo difícil y hasta lo peligroso que resulta contradecir a algunos voceros opositores que no perciben la gravedad de la coyuntura política. Que no aceptan que nuestro problema desde hace tiempo dejó de ser sólo electoral. Que vivimos bajo la bota de un régimen militarizado y dictatorial que sepultó la democracia. Por este motivo no aceptan que la mayor exigencia que enfrentamos no es de naturaleza electoral, ni se resolverá con procedimientos electorales (tarjeta única o múltiple, como sugerí en el pasado). El problema de Venezuela es de naturaleza política, y sólo podría resolverse si actuamos en un frente unido de resistencia, que vaya más allá de activarnos sólo con fines electorales. Esto, por supuesto, exige un verdadero consenso. Esos voceros opositores también actúan como si la libertad no se hubiera perdido y aseguran que en Venezuela simplemente hemos tenido mala suerte en la escogencia de nuestro gobernante. En este sentido me gustaría, por ejemplo, que le preguntaran a Oswaldo Álvarez Paz qué le parece la democracia en la que vivimos. Estas percepciones explicarían en cierta medida por qué la Mesa de la Unidad Democrática parece atrapada en sus propias reglas “formales” del proceso electoral como base de su accionar político, tanto más después de la experiencia de las legislativas de 2005. Estas reglas ya no son las mismas. Son las de un régimen declarado en revolución, es decir, por encima de detalles procedimentales. Es evidente que en esta contradicción el régimen tiene la ventaja: fija las reglas del juego, las manipula y la oposición sólo puede aceptarlas o reconocer que no hay más democracia. En resumen, la oposición sólo puede callar y refugiarse –como lo viene haciendo– en la eventualidad de unas elecciones honestas y transparentes, que no se corresponden con la realidad, aunque todas las mediciones electorales nos sean favorables. Frente a este contexto es alarmante comprobar que el pensamiento único que caracteriza a los jerarcas del régimen ha contagiado a muchos dirigentes políticos opositores, quienes pretenden desconocer las realidades que ponen en juego nuestra libertad y nuestros derechos para asegurar una unidad ficticia que favorecería el interés de todos. Sobre este particular no tengo dudas de que sin partidos políticos fuertes no habrá democracia, pero también tengo claro que sin líderes representativos y con credibilidad no tendremos ni partidos ni democracia. Tal condición no se alcanza acusando de hacerle el juego al gobierno a quienes criticamos las decisiones de los partidos políticos, incluyendo a los medios de comunicación social. Tal comportamiento es censurable e injusto con organizaciones políticas que proclaman su democracia interna como aspecto fundamental para su vigencia. No me cabe duda que hoy, gracias a los esfuerzos y dedicación de la Mesa de Unidad, tenemos una oposición mejor estructurada para unas elecciones, que ha sido poco eficiente en desnudar la verdadera naturaleza del monstruo. Tengo la impresión de que se están organizando para competir en otro país y no en Venezuela. ¿Y podemos hacer algo? Primero hay que tener claro que bajo procedimientos de normalidad democrática no podremos desmantelar una revolución comprometida con el lema “Patria socialista o muerte”, impulsada por un jefe de Estado que nos amenaza diariamente –en español y no en chino– con barrernos porque no aceptará que nos sentemos en la Asamblea Nacional para desmontarle sus leyes. Y segundo que si no se estructura ya una acción paralela a la electoral, como por ejemplo constituir un congreso de fuerzas democráticas, que actúe como un frente unido, con voceros con capacidad opositora cotidiana, con un gabinete de sombra, será más difícil generar una mayor movilización especialmente del grupo emergente más importante del país, los llamados no alineados, que no son para nada indiferentes pero que no confían en los partidos. Estamos a tiempo de hacerlo. Es hora que el régimen enfrente una verdadera oposición, no a una colección de opositores. Así seríamos indetenibles.
La revista Poder 360° publicó en su edición de mayo un artículo de Diego Arria

Frase del día

Nuestra conducta es la única prueba
de la sinceridad de nuestro corazón.

Charles Thomson Rees Wilson