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martes, 2 de marzo de 2010

Exprópiese, Exprópiese


Por: Ernesto García Mac Gregor - garciamacgregor@gmail.com - En un programa de Tv, donde entrevistaron a varias de las víctimas del robo practicado por el innombrable al emblemático edificio “La Francia”, de Caracas, se pudo palpar la tragedia que vive el pueblo venezolano con las arbitrariedades de un virtual dictador y de sus focas aduladoras que sólo saben responder a sus caprichos con un incondicional y servil “sí mi comandante”. Un inquilinos que regentaba desde hacía 45 años una de las 90 joyerías afectadas, recién había vendido su apartamento con la finalidad de remodelar el local y actualizar el mobiliario. Ahora con la orden de “exprópiese”, quedó sin sitio de trabajo, con la inversión perdida y viviendo alquilado en apartamento ajeno. Además de la disposición de expropiación arbitraria, algunos de los seguidores pertenecientes a la gavilla de la comuna local, amenazaron con apoderarse de todas las pertenencias porque “éstas ahora eran del pueblo”. Bajo la acusación de ser “hambreadores”, ladrones y demás improperios les conminaron a mudarse a por lo menos 20 cuadras de allí. En un acto de sarcasmo, el alcalde Jorge Rodríguez, advirtió que era altamente sospechoso la manera como los dueños desalojaran tan rápidamente esos locales. Lo más conmovedor de esta tragicomedia socialista fue como uno de los afectados confesaba no entender los motivos de la medida ya que él era miembro del Psuv. Ese es otro de los tantos ingenuos seguidores, que cegado por el caudillismo no percibe los atropellos de su amo hasta que los siente en carne propia. En un noticiero de la televisión española se proyectó para el mundo, el video aportado orgullosamente por VTV donde se mostraba la actitud fascista del expropiador. La locutora con cara de asombro y de incredulidad, al final de la noticia, sólo murmuró con la mirada ida, las palabras que tanto le impresionaron: exprópiese, exprópiese. ¡Qué vergüenza! Que oiga quien tiene oídos…

Derecho a Réplica


DERECHO A RÉPLICA DEL General. Manuel Rosendo (recibido por correo): Hola Ivan (Ballesteros). Ante todo un afectuoso saludo. En respuesta a la informacion aparecida en tu blog; quiero manifestarte que es completamente falsa, a Dios gracias me encuentro muy bien de salud. A traves de este medio quiero reafirmar que mis principios y mi honor no me permiten mantener alguna relacion con personas que han traicionado y enlutado al pueblo venezolano. Esos a los que hacen referencia, han sido denunciados por mi ante los tribunales internacionales con nombres, apellidos y hechos concretos, ratificando de esa manera las denuncias que presenté en mi comparecencia en la Asamblea Nacional del dí­a 10 de mayo de 2002. En cuanto a la interrogante que si soy otro más de ellos, te puedo decir que cada día estoy más fortalecido y orgulloso de mi lealtad a los ciudadanos venezolanos que no decaen en su lucha..."yo sigo en la mí­a". ¡Caramba, caramba! a veces no es necesario ir tan lejos para comerse un buen cachito.
Un abrazo.
General de División Manuel Antonio Rosendo.

Un empujoncito y se cae


Por: Enrique Pereira - Despierten de una vez por todas. Un país manejado por la inercia de lo que fue, no va a ningún lugar. Esta fracasada y fantoche revolución, generada por mentirosos de oficio con oscuros intereses personales, estará en desbandada en muy corto tiempo. El Banco de Venezuela, no tiene libretas para registrar los movimientos de las cuentas de ahorro, el sábado no había gasolina de noventa y un octanos en la estación de gasolina, no encontré queso tipo paisa en la panadería, así como tampoco aire acondicionado en el centro comercial. Un conocido buscaba como comprar diez sacos de cemento que está desaparecido de los negocios de materiales. A esta copia de sociedad en vías de convertirse en otra Cuba no se le puede llamar país. La única tecnología que maneja muy bien este gobierno es la de la conversión de plástico en propaganda. Son unos artistas para hacer vallas, avisos, afiches y cuanto material se les ocurre para vendernos esta revolución. Se mueven muy rápido para generar calcomanías de las que usan para cerrar negocios, condenar, reprochar y sancionar. El problema eléctrico, que generó su ineficiencia, ahora se usa como un elemento de represión contra los “grandes consumidores”. Qué gran contradicción, los grandes empleadores, ahora son grandes consumidores de energía, perseguidos por este estado represor. Estos son los mismos que entregan dinero en impuestos y contribuciones a cuanta nueva ley se les ha ocurrido y los mismos que la nación necesita para sostener la poca producción que hoy tenemos. Haga un ejercicio de imaginación y piense que sucedería en Venezuela si mañana encontraran una fuente alterna de energía, sustitutiva del petróleo –lo cual no está muy lejos- . No existe una sola fuente alterna de ingresos en este país. No desarrollamos la industria petroquímica para convertir petróleo en productos exportables. Acabamos con la industria del aluminio y el hierro, no hay energía suficiente para levantar de nuevo esas fábricas, no producimos nada exportable en el campo. No desarrollamos la industria del papel, que podía haber tenido un futuro promisor con la gran siembra de pinos al sur de Monagas. Una activa industria del plástico hoy luce atrasada por la falta de inversión de los últimos años. La construcción nueva se convertirá en un animal en extinción al ritmo de las invasiones, expropiaciones, falta de energía y criterios socialistas de aplicación de los correctivos de precios. Atacamos a los agroindustriales nacionales y ahora no queda otro remedio que importar cuánto necesitamos, al tiempo que un ministro nos señala que existen unas “bandas” de treinta personas que entran a los supermercados para acabar con el azúcar, creando un desabastecimiento ficticio. Hace tiempo que este gobierno trabaja para producir su propio final. Protestas en las cuatro esquinas del país nos demuestran solamente el grado de deterioro en que nos encontramos. Un empujoncito y esto se viene abajo.


Arnold Glasow

El amigo leal
se ríe con tus chistes,
aunque no sean tan buenos,
y se conduele de tus problemas
aunque no sean tan graves.
GLASOW, Arnold H.

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